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¿Por qué se acumula la pelusa en el ombligo? ¿Es cierto que el estrés produce canas?
Prepárate porque aquí encontrarás desde el motivo por el cual los mosquitos pican más a unos que a otros, hasta por qué ocurre el hipo y la disputa de si los perros son mejores que los gatos o viceversa. Sí, la ciencia también tiene la respuesta para ello.
En El libro de las investigaciones medianamente serias, Alejandra Ortiz Medrano: bióloga, colocutora de Mándarax –su exitoso podcast–, amante de los dinosaurios y de Adventure Time y divulgadora por excelencia, nos lleva en un viaje fascinante a través de 50 preguntas curiosas (y científicas) que tal vez te hayas hecho… o tal vez no.
¿Aún te preguntas para qué leer este libro? Las respuestas son muchas y aquí te damos unas cuantas: llenarte de conocimientos útiles para las sobremesas domingueras, evitar bañarte diario (¡Uju!, o ¡iiuuu!, dependiendo de tus estándares de limpieza) y, ahí va la buena, tronarte los dedos a gusto y sin miedo de que resulte en una artritis tremenda.
¡Advertencia! Los datos aquí presentados se basan en información completamente seria (bueno, casi) y en fuentes 100% respetables (eso sí va en serio).
224 pages, Paperback
First published January 1, 2019
¿POR QUÉ OCURRE EL HIPO?
LA PRIMERA EXPLICACIÓN En la primera, la de las tuercas y los tornillos fisiológicos, el hipo es una confusión mental. Se trata de rápidas e incómodas contracciones involuntarias del diafragma que ocurren cuando el nervio vago, un nervio que conecta al cerebro con muchos órganos, se confunde en su conexión con el estómago. La confusión, que puede derivar de un exceso, ya sea de alcohol, de comida, de emociones, de chicle y de un largo etcétera, provoca que los músculos del abdomen se contraigan, ocasionando la inhalación de súbitas ráfagas de aire. De modo que la laringe (el conducto por el cual el aire pasa hacia los pulmones) se cierra y produce el sonido de «hip», así como el molesto movimiento del pecho. Algunos remedios caseros funcionan gracias a que ofrecen una salida o distracción de la confusión. Una cucharada de azúcar es demasiada información para el nervio vago, que ante la repentina entrada de tal cantidad de glucosa se enfoca en ella y deja de prestar atención al diafragma, calmando el hipo. Algo similar ocurre con los sustos y con aguantar la respiración, situaciones que el cuerpo lee como peligrosas; por lo tanto, se encamina a hacer algo al respecto. Como obviamente el hipo no es interpretado de alto riesgo, pasa a segundo plano.
LA SEGUNDA EXPLICACIÓN En la segunda explicación, la que realmente responde al por qué, el hipo es un recordatorio evolutivo de que hace millones de años tuvimos un ancestro anfibio. Muchos anfibios, como las ranas, pasan las primeras etapas de su vida siendo acuáticos y respiran dentro del agua a través de agallas. Cuando se vuelven adultos respiran del aire a través de pulmones, lo cual les permite vivir terrestremente. Como para todo ser vivo, el paso de la juventud a la adultez es muy complicado para los anfibios: en cierto punto tienen tanto agallas como pulmones, y esto les embrolla por momentos la respiración, ya que el oxígeno puede entrar por dos lugares que no son compatibles con los dos medios en los que viven; es decir, que al estar dentro del agua y tener pulmones, podrían ahogarse si dejaran que el agua entrara a ellos al respirar. La solución: cuando respiran dentro del agua, la laringe se cierra para que esta no pase a los pulmones, entonces el diafragma tiene un pequeño espasmo que empuja hacia fuera el líquido a través de las agallas y así poder respirar. Este movimiento es tremendamente similar al que actualmente le pasa a cualquier persona con hipo. No es de sorprender, dado que tenemos los mismos elementos corporales que los renacuajos adolescentes: pulmones, laringe, diafragma y el circuito cerebral que controla la ventilación de agallas, a pesar de que estas ya no las tengamos. En nuestro cuerpo cargamos con muchas cosas que hoy día no tienen ninguna función, pero que se han quedado ahí, pues la evolución no se deshace de características por el hecho de que no sean usadas. De esta forma, el cuerpo de cualquier especie puede verse como un museo evolutivo, lleno de reliquias o rastros que informan del pasado.
¿POR QUÉ LA LLUVIA HUELE TAN BIEN? Hubo una vez un par de investigadores que, por alguna razón desconocida, supusieron que la sangre de los dioses griegos olía rico. Al menos en el LIMS eso suponemos que supusieron, pues esos mismos investigadores iniciaron con la averiguación del olor de la lluvia, al que nombraron petricor, al unir las raíces griegas petra (piedra) e ichor (el fluido que sirve de sangre a los dioses, obviamente, mitológicos).
UNA NOTA DE LA AUTORA Hace varios años, festejando mi cumpleaños junto con varios amigos y algunas cervezas, entre risas y un poco de quejas respecto a nuestras labores en la investigación científica, nos dimos cuenta de que, a pesar de las congojas que vivíamos como estudiantes de posgrados en ciencias, los placeres eran mayores. Sobre todo porque disfrutábamos mucho de enterarnos de diversas explicaciones a fenómenos que tal vez ni siquiera sabíamos que existían, de las preguntas que muchas veces sonaban absurdas pero que iniciaban investigaciones maravillosas, de la creatividad que tienen los científicos para indagar sobre el mundo y, claro, de sentirnos parte de esa comunidad científica. Tantas risas y diversión no podían caber en un mundo que, en general, se percibe como superserio; de ahí salió la frase «investigaciones medianamente serias», que llegó para quedarse. Después descubrí que a mí personalmente me gusta más leer y escribir sobre ciencia que, tal cual, hacer ciencia (en el sentido de hacer investigaciones en laboratorios dentro de contextos académicos). Pensarme fuera de ese mundo académico me costó un poco de trabajo, hasta que entendí que al hacer divulgación de la ciencia no solo la pasaba mucho mejor, sino que seguía siendo investigadora (medianamente seria). Ahora me gusta pensar que cualquier persona puede hacer este tipo de investigaciones medianamente serias al aproximarse con curiosidad y una mirada científica a la vida, y dejando siempre que las risas emerjan en ese camino. Para mí este libro es una expresión del gozo, la admiración y la diversión que siento al comprender y explicar el mundo desde la ciencia. Haberlo escrito es un gran regalo que me fue otorgado, pues la voz que encuentro en el LIMS me hace sentir más yo (lo cual deseo todas y cada una de las personas de este mundo sientan en algún momento). Espero que este libro haya fluido en ti, lector, así como fluyó a través de mí, y que haya despertado más deseos de saber, de investigar y de nombrarte orgullosamente un investigador medianamente serio. Alejandra Ortiz Medrano