«Las alumnas especulaban. Un hombre había penetrado en sus dominios, en su colegio de paredes de piedra, de entramados de flores en los jardines. ¿Acaso se aventuraban a decirlo? ¿Era tal vez un maestro? ¿Se atrevería Miss Bell a dejar que un hombre enseñara a las muchachas?»
Animal de nieve es la segunda novela de la fotógrafa Dara Scully, cuyo arte ha conseguido enredar a sus miles de seguidores en un mundo de cuerpos mágicos, escenas hipnóticas y animales heridos. Precisamente todas esas cosas son las que componen el universo de este libro, con una historia unas veces deliciosa y otras claustrofóbica sobre un internado para niñas regentado por una misteriosa directora.
De entre todas las alumnas, Angélica se sabe diferente al resto. Tal vez sea su ímpetu, o su curiosidad, tal vez sean sus nervios, o sus ansias de belleza, pero ella reconoce que ese colegio es demasiado sombrío. Que necesita salir de allí y ser libre. Será tras la llegada al colegio de Frédéric, el nuevo profesor de música, cuando todos esos sentimientos terminen por estallar en su corazón. Él es un hombre que ha visto más allá de los muros del internado y que, pese a todo, se enfrenta a los mismos fantasmas que las chicas.
Animal de nieve es una novela lírica, sobrecogedora, que sigue la estela de la literatura de Fleur Jaeggy, Herta Müller o Marguerite Duras, y cuyas protagonistas recuerdan también a las nínfulas del arte de Virginia Mori o Sally Man.
Imagina un paisaje nevado. Un internado para chicas entre montañas, a las afueras de un pequeño pueblo. No hay nada alrededor excepto, a lo lejos, un lago helado. Frío y nieve. Es una atmósfera tan envolvente que se te mete dentro, puedes sentirla, casi diría que es un personaje más.
La trama parece sencilla, te arrulla como un cuento, pero poco a poco se adentra en el mundo interior de los protagonistas y vamos conociendo lo que se escondía bajo la superficie, historias pasadas que regresan a la memoria, heridas que aún no han cicatrizado y pesan, deseos ocultos, cuchillas que cortan la piel y el ánimo. Con un lenguaje poético y evocador y un ritmo pausado los personajes van sacando a la luz sus sombras, aunque no del todo. Quizá esa era la intención de la autora pero yo sentí que quedaba todo demasiado ambiguo para mi gusto, me habría encantado adentrarme más en la mente de cada uno de ellos. Y tal vez ni siquiera eso me habría importado mucho si no hubiera sido por la estructura de la narración, demasiadas frases cortas que llegaron a cansarme un poco. Aún así lo recomiendo por esa fuerza visual y ambiental que tiene y por las sensaciones que transmite. Creo que es el punto fuerte de la novela y que está muy conseguido, sin duda seguiré de cerca a la autora, que además también es fotógrafa, y recomienda unas lecturas muy interesantes en @daraleelibros.
La escritura consiste en la adición de frases cortas como si la autora tuviera la intención de hacer un opus tesellatum de copos de nieve. Los personajes se expresan de forma lacónica y pensé si los entrecomillados no serían a veces aleatorios, sobre todo cuando se deben a la señora Bell, tan semejantes son las palabras citadas a las teselas que forman el mosaico casi monocromático de la novela (si no es totalmente monocromático, es porque las chicas impregnan físicamente el interior del colegio frente al frío de la montaña y lo impregnan como cuerpos que sueñan. Por cierto ¿No recuerda esa localización a los antiguos sanatorios de montaña para tuberculosos?). Otras veces los personajes se expresan como si su modelo fuera el aforismo, es el caso sobre todo de Frédéric y la alumna Angélica, o como si las palabras tuviesen un efecto de magia. Ahora creo que quizá sea ese ideal de lenguaje, somero, sutil y efectista que manejan esos personajes el que determina la brevedad de las frases de la voz narrativa siempre concisa. También tal concisión me ha recordado al proceso más prosaico de recorte en un software de edición de imágenes.
El internacionalismo onomástico refuerza la impresión de un ambiente separado de la geografía y la historia a la vez que sugiere significados: Frédéric (obviamente remite a Chopin antes que se nos insinúe en el texto), Bell (Campana, remite al encierro pero también al sonido que marca los tiempos), Stone (Piedra, como el Pedro de la Iglesia, pero de su propia vida, convencional pero vida al fin y al cabo), Carter (apenas aparece nombrada, me pregunto si remite a la autora inglesa), quizá Angélica y Sabine deben sus nombres a personajes de otras obras. No lo sé. Me pregunto si Stone y Carter tenían previsto en principio un mayor peso en la historia al ser las únicas nombradas del grupo de maestras y si entonces cada una encarnaría un papel en una triada de personajes junto con la señora Bell. Hay algunas palabras dedicadas a las criadas que hacen la vida confortable a la señora Bell y qué menos a estas alturas.
Ayer Alianza editorial posteó en facebook una cita de Thomas Bernhard: "El mundo es un escenario en el que se ensaya continuamente". El tema de este libro es el riesgo de que el mundo no pase de ahí, de que sea espacio de continuo ensayo sin llegar a estreno. Tal es el mundo de Frédéric y esa parece la campana en la que por un momento de frenesí se ha encerrado la señora Bell el resto de su vida. Pero ella se libera al trabajar de forma discreta -igual que el agua actúa en el subsuelo del entorno- para salvar a Frédéric y a Sabine de sus correspondientes desmesuras melancólicas.
Si lo piensas el libro no está mal pero hay quien le gusta el dulce, a otros el salado, el picante o el umami. Por mi parte no termino de asimilar los dramas íntimos de estos personajes y esa sucesión de frases cortas, una tras otra me ha parecido una pauta forzada y rígida, una literatura para esquimales del espíritu (yo solo lo veo todo blanco).
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Me ha hablado de infancia, de las niñas y su crueldad, como caricias sangrantes... Frías, como animales de nieve. Tenía muchas ganas de leer a Dara. Sigo su obra fotográfica desde hace años y la novela me ha parecido tan hermosa como sus fotografías. Son ciertamente parecidas, incluso; si me encontrara un fragmento del libro sin autoría podría adivinar que es obra suya. Qué formas tan propias. Las metáforas visuales que crea me han parecido de lo más bonito... Te envuelven. He sentido todo el frío de la niñez.
Los bosques que rodean el internado femenino que dirige Miss Bell en Animal de Nieve me han atrapado con sus sombras y sus luces.
La forma en la que Dara Scully describe el internado y los parajes que lo rodean, a través de los paseos de Miss Bell y el profesor, consigue envolverte en una atmosfera que, como el lugar, a veces resulta asfixiante pero otras, tremendamente esperanzador.
En el internado las niñas crecen aisladas, sometidas a la disciplina de la "lisiada" Miss Bell y de unas profesoras que probablemente no vayan a conocer otra vida que esa. También de un nuevo profesor que se rápidamente se convierte en objeto de misterio. "Querían saberlo todo y por eso lo inventaban.". Sin embargo, es Angelica, la joven protagonista, la única con la determinación o las vivencias necesarias para ganarse su respeto.
Angelica representa esa rebeldía tan propia de los 15 años, ese yo puedo con todo que nos define a esas edad. Y en su actitud choca con la directora que a pesar de lo que la joven piensa no quiere cortar sus alas sino enseñarle a cuidarlas. Porque Miss Bell es una mujer que educa a las niñas para que siendo mujeres puedan ser independientes, aunque sepa que pocas lo serán. Y a raíz de esto destaco otro punto que me ha gustado de esta novela: su atemporalidad. No se define un tiempo concreto, aunque puede adivinarse.
Cómo he disfrutado leyendo Animal de nieve.... Me ha trasladado irremediablemente a mis días de campamento de verano. A esas habitaciones llenas de chicas, a esas profesoras que luchaban con nosotras, a esos profesores misteriosos que nos encandilaban y a esas Angélicas que siempre estaban ahí para desafiar a la autoridad.
Es un libro que sitúa la trama en un lugar y un tiempo fuera del mundo. Un internado de señoritas, en una época indeterminada, pero con tintes victorianos o de principios de siglo XX. Y que encierra a los personajes dentro de una bola de nieve en la que todo parece quieto hasta que se agita. En un internado de señoritas la agitación viene dada por una rivalidad adolescente y un nuevo profesor romántico y torturado. Es un libro de silencios en el que un pequeño susurro puede romper la capa de hielo del lago, uno de los personajes de la historia. Es un personaje en tanto que parece un espejo de los estados de ánimo de los protagonistas. Es un libro de fantasmas interiores. Todo pasa a la velocidad de la caída de la nieve, pero al final la capa es gruesa y persistente.
La narración está construida con frases cortas quizás para demostrar lo seco , lo encajonado que es el ambiente del internado. Los personajes están muy definidos y van mostrando sus capas a medida que pasa la historia. Sin desvelar finales, hay una gran evolución en ellos, lo que siempre es muy recomendable en una novela. Sin desvelar finales, hay un personaje que se reivindica y te da alegría que así sea. Puede ser que, en un principio la rebeldía sea lo más atrayente pero, finalmente, es la persistencia y la capacidad de superación lo que sale reforzado al llegar la primavera después de un duro invierno.
Miss Bell, la directora, Fréderic, el maestro, y Angélica, la adolescente, forman un primer triángulo; pero hay otro personaje humano que conforma otro triángulo, un iceberg bajo el agua fría que saldrá a superficie. Alrededor de ellos, las otras profesoras, las demás alumnas, las sirvientas del internado, el pueblo, los padres, .... Los personajes necesitan salir de un invierno emocional y sus relaciones en ese internado durante estos meses de aislamiento les ayudan a evolucionar y despertar.
Es una novela que se lee con gusto, que es fácil de abordar. Y que te deja una buena sensación. En un directo Dara Scully ha dicho que se ha quedado con ganas de continuar la vida de Miss Bell. Esperaremos a ver si la saca del internado y cómo evoluciona.
Dara Scully es fotógrafa y escritora, y lo visual y lo literario van de la mano tanto en sus fotos como en sus textos.
Te ambienta perfectamente.Puedes oler la madera vieja,escuchar las pisadas en la nieve y sentir la brisa del lago. El mundo infantil es retratado con su belleza pura y su oscuridad. Está bien logrado el cómo y el porqué los tres personajes principales se impactan y se transforman entre sí.
Te deja en un estado casi onírico. Donde la belleza, la melancolía y el deseo se expresan con gestos más que con diálogos.
Atmósfera propia, delicado, relato impecable y una narración cargada de metáforas y adjetivada que la hace bella y cargada de sentimiento. Me ha gustado mucho.
Es un libro poético, muy visual, que te adentra en su atmósfera muy fácilmente. Los elementos de la naturaleza se convierten en casi personajes y las descripciones me trasportaban. Me ha resultado una lectura muy agradable y según iba leyendo quería saber más y más de la historia. Recomendable!
Dara Scully escribe y fotografía desde un mismo punto, desde un mismo universo que nos envuelve, emociona y deleita. Desde Caballo de Troya llega su segunda novela, Animal de nieve. Una novela de recovecos casi crepusculares, donde la atmósfera impregna a los personajes, a la narración y a la naturaleza que habita en ella.
Animal de nieve es una novela en la que los personajes actúan como quien quiere hacer de sí mismo un punto de partida. Cada acto desemboca en otro, cada personaje, ya sea Miss Bell, Angélica o Fréderic, nos sitúa ante un lugar en el que nos detenemos y nos planteamos por qué se hace o se piensa de una manera determinada. El lago, que actúa como otro personaje más, nos descubre esa otra parte de la vida. Un pasado que llevamos a rastras, que no nos deja seguir, que nos paraliza como el helor propio de las nieves. Animal de nieve tiene mucho de eso, de nieve, de paisaje paralizado. ¿No es acaso eso un internado de señoritas? En un internado de señoritas el mundo se paraliza, pues aquí todo nos es remitido a una época pasada, a un punto del mapa donde las cosas que suceden sólo suceden dentro de los personajes, de su vida, de lo que la autora nos ha intentado mostrar.
Para leer a Dara Scully basta con dejarse llevar por la narrativa y la atmósfera que, aunque pueda parecer cerrada, la naturaleza misma nos indica que hay una vía sobre la que mirar fuera. Los personajes son ese punto de unión entre ambas cosas. Sólo es través de ellos como sucede todo. El libro es una pequeña herida, que se intenta suturar a través de la belleza, de lo que creemos poder palpar y que en el fondo no es más que un instinto de supervivencia. Un agarrarse a la música, a las artes mismas, a ese cisne que habita en el lago, a la naturaleza que va transformándose alrededor. Animal de nieve nos remite a esa narrativa que Henry James supo acercarnos y que Dara Scully hace igual de bien. Con esta novela nos detenemos profundamente en su psicología y en un mundo donde las cosas tienden a aparecerse casi ocultándose. Hay mucho de lo que no se dice aquí. Mucho de lo que ocultamos y pretendemos que así sea. Es, de hecho, necesario que sea así, pues solo de esta manera es como sus personajes nos indican cómo son y qué pretenden.
En estos tiempos donde lo actual está de moda, creo que son necesarias novelas así, en las que detenerse como se detiene la historia; como nos detenemos al mirar al pasado o como nos detenemos al mirar en ese lago. Y es que en el lago está todo, más allá de los bosques y de las paredes del internado, en el lago va a parar todo aquello que no nombramos, que vimos y no supimos ver y también lo que deseamos ver. Leo a Dara Scully y veo aquello que nos detiene, de frente, sin nada más. ¿No es estupendo detenerse? Ya lo dijo Goethe: «¡Detente, momento! Eres tan bello.»
A parte de fotográficamente, en la escritura Dara Scully tiene esa particular forma de ambientar el entorno y hacer sentir tocar, oler, mirar la belleza, lo triste, la naturaleza, el tiempo... Llevo días tratando de aterrizar los sentimientos que la lectura de Animal de nieve me ha provocado. Más allá de el crecimiento y madurez evidente en su escritura, y los maravillosos recorridos visuales por este rincón apartado en el que se concentran seres -casi de porcelana- curiosos, llenos de rutinas y aprendizajes privilegiados, quiero centrarme en todas aquellas preguntas que constantemente sus personajes se hacen. Muchas de ellas sin respuestas, pero necesarias. Para mi, aparte de los retratos escritos del ambiente que nos fue regalando poco a poco, fue la curiosidad en las historias de sus personajes lo que atrapo mi atención. Por ello el final me dejo un tanto tibia, esperaba un cierre menos circular, menos apegado al deber ser y sobre todo, con un elemento sorpresivo o mucho más expresivo que coronara todos esas preguntas a las que en un inicio nos acercó tanto.
No sabría como definir este libro, ni como juzgarlo, ni como valorarlo.
Para mí, personalmente, es demasiado pretencioso. Me gusta la ambientación y el lenguaje poético ante todo, pero es demasiado. Demasiado ambiguo, demasiado bohemio, demasiado “independiente”.
Si no conoces la obra de Dara como fotógrafa creo que el libro cojearía mucho, al menos a mí me hubiera pasado.
También, aunque siento que estoy siendo muy crítica, todo lo referido al físico me resulta... no sé como expresarlo, pero me parece algo superficial y doloroso. Yo soy una persona fuera del canon y ver ese ideal de belleza infantil, frágil, delgado, pálido... no sé, me rechina en algo.
Siento que estoy siendo muy pesimista con este libro, porque me ha gustado, pero me ha gustado al imaginarlo físicamente, al seguirlo digamos en forma de película, más por la estética que por la historia.
La novela narra la estadía de un profesor de música en una escuela donde solo estudian y enseñan mujeres. El motivo que lo llevó hasta allí es la nostalgia de su hermana muerta, quien hace años estudió allí, y de quien todavía hablan entre murmullos algunas chicas. Me gustó mucho el estilo de la autora. El talento queda en evidencia porque su escritura te transporta a los pasillos y alrededores del internado, con el lago congelado donde bailan las niñas y las alturas que atraen a algunas de ellas. Fue una lectura interesante sobre la reconciliación y aceptación del pasado, con personajes bien construidos.
Animal de nieve, escrito por Dara Scully y publicado por Caballo de Troya, me ha transportado en estos calurosos días de verano a una sombría mansión victoriana en medio de un frondoso bosque; ha sido un placer acompañar a Miss Bell en sus fatigosos paseos por este paraje y ser testigo de cómo sus muchachas dejaban la niñez atrás para empezar a volar solas.
El internado para señoritas que dirige Miss Bell se encuentra anclado en el pasado: fuera de sus terrenos, el mundo podría estar perfectamente en el siglo XXI, pero dentro, los días transcurren a su propio ritmo, sin móviles ni ordenadores.
Y hay algo hermoso en esa forma de vida apacible y protegida, dedicada al estudio y al crecimiento personal, pero al mismo tiempo, su aislamiento lo puede llegar a convertir, en ocasiones, en un lugar asfixiante, asolado por los secretos y las rivalidades poco disimuladas. En este sentido, Animal de nieve recuerda a las fotografías de la autora: hermosas e inquietantes al mismo tiempo.
También hay algo bello en ese momento en el que se encuentra la joven protagonista: Angélica ya no es una niña, pero tampoco puede considerarse aún una adulta. Es lo que, en literatura, se conoce como una nínfula y todo en ella transmite deseo, pero no necesariamente sexual —no estamos aquí ante una Lolita vista desde una perspectiva masculina—, es más bien su carácter extrovertido y curioso, así como ese ímpetu y seguridad que da la juventud, lo que hace creer que la muchacha puede conseguir todo lo que se proponga. Tal vez, el tiempo se encargué, con su carácter despiadado, de romper las alas de Angélica, pero hasta que eso ocurra, se encuentra en ese momento en el que todo es posible y eso es tremendamente atrayente.
Conocía a la Dara fotógrafa (cuya obra sigo y admiro desde hace muchos años) y tenía muchísimas ganas de conocer también a la Dara escritora. Había leído de ella pequeños textos que hace acompañar de sus fotografías en redes sociales, y prometían mucho. Ahora, por fin, he conocido plenamente su faceta escritora y he de decir que me ha encantado su exquisita sensibilidad.
De esta novela en particular destacaría su atmósfera: el paisaje recóndito, cercado de montañas, asilado por sus ciclos naturales, por la nieve que asedia a sus habitantes y los recluye en su soledad. El único núcleo de socialización al margen del colegio es un pueblo pequeño en el que residen gentes humildes, nada estimulantes para las hijas de buenas familias que asisten al internado femenino en el que transcurre la historia. Y cómo olvidarnos de ese lago que domina los pensamientos y las vidas de los moradores del internado, que se convierte en metáfora de sus vidas y también en escenario de su desarrollo.
El argumento es sencillo: nos relata un curso académico en un internado femenino en el que la llegada de un profesor varón marca la diferencia con respecto a otros años. Esta introducción de un elemento masculino en un universo enteramente femenino da pie a una perturbación en el orden natural de la vida en el colegio, que afectará de manera decisiva a la directora, a una alumna y al propio maestro.
Pese a la sencillez, que no simpleza, del argumento, el interés de la historia no decae en ningún momento: una quiere seguir leyendo ya no por la intriga que plantea el devenir de los acontecimientos, sino por el inmenso placer de viajar, de habitar por unas horas un internado de piedra cuyas ventanas se abren a un paisaje salvaje con entidad propia, por residir en un edificio habitado por criaturas silvestres que fantasean con devorarse entre ellas para aplacar un hambre insaciable, un hambre de vida, de amor, de mundo.
No puedo describir la gran belleza y el lirismo de la prosa de Dara. Su estilo se compone de frases cortas, certeras, tajantes, que a veces incluso resultan cortantes.
Me ha gustado mucho el retrato que ha hecho de la infancia, la rivalidad que describe entre las alumnas, la violencia contenida en torno a la que orbitan.
En definitiva me ha gustado mucho y estoy deseando leer más a Dara.
Muy visual, misteriosa y una bocanada de aire fresco. Así es como definiría este libro. La autora es también fotógrafa lo cual influye en la composición de la obra, en las descripciones, en el ambiente mismo que se respira. Personajes complejos, algunos oscuros, con multitud de secretos, que por mucho que rasques sobre su pátina no logras llegar al fondo, si que te queda un poso de lo que puede ser, de lo que pudo ser, más bien. Sin lugar a duda me quedaría con Miss Bell, con ese torrente oculto bajo su fría imagen, que la hace ser tan perseverante en lo que se propone, hacer que unas flores tiernas no se tuerzan y se valgan por si mismas, y por sus diferentes dones. La danza cobra un significado especial gracias a Angélica, con su sabiduría preadolescente bañada en ironía e indiferencia al resto del mundo, y su marcada obsesión por el maestro. Chopin la acompaña a ella, y a las demás bailarinas en su evoluciones sobre el frío hielo. Frío hielo que se resquebraja en primavera, enseñándonos las verdaderas motivaciones de cada uno. Frédéric, el maestro pétreo, el cual va sucumbiendo al calor de la insistencia adolescente. Con sus ágiles dedos compone las sinfonías que marcará el paso del invierno a la primavera, el despertar de las niñas a la adolescencia. Sabine, el misterio, el personaje que teniendo un peso importante en la obra nos obnubila sin emitir ni un solo sonido, solo le basta su arte en el baile y su mirada para transmitir todo el dolor de un corazón roto, que resurge de la oscuridad por la danza, por la competitividad, por el perfeccionismo y el afán de superación. Una obra muy sensorial gracias a la pluma de la autora, me ha parecido llegar a respirar el aire helado, la nieve, el lago y sus árboles, la madera del internado. Cerraba los ojos y paseaba por sus pasillos, sus secretos parecían susurrados en mis oídos. Le he puesto cara a Miss Bell, a Frédéric y a las niñas. Una obra que me ha marcado.
Prosa poética en estado puro. Un texto que destaca por el poder visual de cada frase y por su potente imaginería. La autora, fotógrafa y artista, nos traslada a un inverno frío y solitario en un internado para niñas y sabe hilar frase a frase, palabra por palabra una historia insólita, misteriosa y a veces lenta pero increíblemente hermosa. Explora temas como la resignación, la soledad y el despertar interno que te puede provocar una persona. Me ha gustado la historia tal y como es, simple y compleja a la vez; pero sobretodo he disfrutado la impecable pluma de la autora. La facilidad para construir escenarios y describir las escenas con un lenguaje evocador y tanta precisión y belleza que puedas sentirlas. La visión artística de la autora se deja ver en cada paisaje, en cada descripción e incluso en los breves diálogos. Para el lector que disfrute la literatura con un estilo cuidado, las artes visuales y la estética, ésta es sin duda una obra muy recomendable.
Siempre me ha seducido la forma de escribir de Dara, la forma que tiene de describir y de construir las historias. Sin embargo los personajes de este libro no me han gustado nada, creo que el problema es mío pues no me gustan los personajes cuyas características se basan en alguna disciplina artística, en su obsesión por ellas, en su refugio en ellas. Si me ha gustado como se relacionaban entre ellos y sus trasfondos más allá del baile y la música. Mucho más intrigante ese internado y esas muchachas. Imagino que a la autora si le gustan esos tipos de personajes pero hubiese disfrutado igual sin tanta alusión al virtuosismo artístico.
La premisa inicial me atraía, un internado para niñas, casi aislado, una directora que impone una férrea disciplina, un paisaje de frío y nieve, dramas íntimos.... Invitaba a una lectura pausada, de esas que me gustan. Empecé y no me enganchó, así que lo dejé. Pero como soy insistente y había oído hablar muy bien de él volví a intentarlo. Me ha gustado la maravillosa ambientación, el lenguaje muy cuidado, descriptivo y poético y la lectura pausada. Me ha gustado la historia y el personaje de Miss Bell. Pero me ha faltado algo, no sé muy bien que ha sido,quiza las frases breves que me cortaban la lectura o que me hubiera gustado que hubiera profundizado un poco mas en los personajes.
3,2 Plantea una atmósfera enigmática y sorprendente, pero el argumento es bastante plano. Aún así, se disfruta durante todo el proceso. Los personajes tienen un aura compleja, pero al ser un libro tan corto, cuesta un poco empatizar con ellos. Aunque la directora es uno de los mejores.
Un poético viaje por los senderos de un colegio de montaña, cubierto por las estaciones. Cuenta su historia a través de las alumnas, profesores y directora. Sus vivencias e interrogantes. Un viaje que atraviesa miedos y deseos.
Animal de nieve es una novela que parece salirse de la línea editorial que he encontrado en la colección rosa de Caballo de troya. Esta novela no remite a la autoficción y ni siquiera se sitúa en nuestros días. Aunque eso no era lo que yo me esperaba, me gustó encontrar la construcción de un mundo completo, un ejercicio de creación e imaginación que no por eso deja de lado la exploración de sentimientos complejos que nos interpelan y que son vigentes incluso hoy.
Dara Scully que ya ha publicado otra novela antes y que es conocida también por sus fotografías nos presenta un escenario donde los personajes están envueltos por la música, el baile, y además conviven con una naturaleza misteriosa que cambia con el transcurso del año. La autora se ocupa de pensar las relaciones entre mujeres, los afectos, los cambios que vamos viviendo con los años y la propia relación con el pasado.
Animal de nieve es una historia preciosa sobre los sentimientos que vivimos mientras crecemos, mientras envejecemos y en nuestros encuentros con los otros. Explora también la relación con nuestro propio pasado y cómo eso afecta nuestras relaciones con los demás. ❄️ 🩰
Desde hace mucho tiempo, admiro a Dara por lo bella y única que es su fotografía. Dara tiene una mente maravillosa y además siempre contesta a los mensajes, aunque no te conozca de nada. Después de leer Animal de Nieve, ahora sé que además de una fotógrafa talentosa y una chica muy maja, es una escritora excelente con un talento sobrenatural para hilar palabras y construir metáforas. Hacía tiempo que no leía una prosa tan poética y tan llena de belleza. Esta es una novela que alberga una ternura infinita, donde lo tierno se cuela a través del frío.
La ambientación muy buena, descripciones maravillosas y un lenguaje conciso pero efectivo. Una bonita prosa poética que cargaba de belleza cada página. Parecía que estaba viéndolo todo a través de fotografías. Sin embargo, la historia en sí la he visto muy simple y repetitiva. A ratos me aburrió, y eso si tenemos en cuenta que es un libro cortito. Es verdad que opino que puede ser mi culpa, quizá porque tenia que leer entre líneas o interpretar mejor las cosas, no lo sé, pero el argumento ha fallado bastante.
Dara nos fascina con una absorbente ambientación lírica, con unos personajes empañados de tristeza, otros de rabia, y la búsqueda del camino hacia (el interior de) uno mismo.
No estoy acostumbrado a una historia dónde la propia trama, que además de críptica, queda en un segundo plano como mero trámite o excusa para ensalzar la descriptiva, sin duda el punto fuerte de la autora.
Yo huyo de aquí con rabia y tristeza. Un libro de sensaciones.
Es uno de esos libros que cuando acaba no sabes bien que pensar. Te teletransporta a ese universo del invierno y la nieve, estas totalmente dentro de la historia. Me gusto la trama y me parece intersante, asi como las distintas personalidades y vivencias de las protagonistas. Original
🍂 Animal de nieve" es un libro repleto de misterio. La autora nos traslada a un internado femenino en un lugar y en un tiempo desconocidos donde el frío se apodera del paisaje y de las vidas que moran en él. Porque en "Animal de nieve" el paisaje es un personaje clave que se convierte en el testigo de rivalidades, fantasma interiores, despertares y confidencias.
En "Animal de nieve" su autora explora los rincones más oscuros del ser humano haciendo uso de un lenguaje evocador, estético y muy cuidado y de un ritmo pausado donde los silencios son tan importantes como las palabras.