Esta novela con niña es una novela con guerra. La guerra vista a través de los ojos de una niña que, poco a poco, deja de serlo. La protagonista descubre el mundo, la vida, el cuerpo, y con ellos el dolor, la traición la ausencia, la muerte. Cuando La Laguna sufre las primeras embestidas de la Guerra Civil, su padre es encarcelado por ser afín a la República. Su desaparición desmantela a la familia, se quiebra la infancia, y esta novela con niña y guerra se transforma en una lírica y terrible novela de aprendizaje.
Una de las primeras novelas escritas en español sobre la Guerra Civil; la autora canario-cubana, la publicó en La Habana en 1954, a partir de sus recuerdos de cómo vivió el alzamiento en Tenerife.
Una visión de la guerra -en Canarias apenas hubo lucha, sí muchísima represión- con los ojos de una niña de 6 años que ve que la guerra "empieza en la puerta de casa de abuelo", cuando los alzados se presentan a registrar la casa y en busca del padre de la pequeña Nivaria.
Escrita con un lenguaje poético y sutil, nos lleva a esa infancia de una niña feliz, con una familia de clase media, a la que el alzamiento le quita a su padre (primero encarcelado en la ominosa cárcel de Faife, después represaliado y exiliado de las islas) y -a cambio- le trae hambre, pobreza, miedo, desconfianza, y un barranco al que la gente se acerca por si ve a sus familiares, de quienes se dice que fueron fusilados por la noche y arrojados allí.
Escrito desde la perspectiva de la Nivaria niña, nos transmite su ingenuidad, su desconocimiento del mundo, sus pequeños descubrimientos, sus asombros, su pena y su rabia y, sobre todo, su profundo amor a su padre.
"Grupos de hombres raspan las ventanas con sus fusiles, pues quieren obligarnos a poner una bandera que representa la patria y que se mojará destiñéndose con las lluvias".
"Y yo, gato, oye, tengo tanto pan duro en las tripas que si me abrieras, si entraras, te parecería andar sobre un tejado".
"Los niños y los gatos ignoran la maquinaria de una cerradura, de un uniforme, de una guerra, de todo lo que es malo como una cerradura, como un uniforme".
Cuando Nivaria Tejera tenía menos de 10 años, estalló la Guerra Civil española (1936-1939) y las Islas Canarias no fueron territorio exento. En este contexto, su padre es llevado como prisionero. La novela «El barranco» se inspira en esta historia. Narrada en primera persona desde la perspectiva de una niña, la primera parte del libro acompaña el inicio del conflicto en la ciudad de La Laguna, Isla Tenerife, y el impacto que tiene en la familia la detención de su padre, periodista republicano. La vida no vuelve a ser la misma nunca más. Si bien la guerra es el trasfondo central, el relato no se enfoca en lo político, sino en cómo un conflicto armado de semejante magnitud atraviesa la vida, el cuerpo y el alma de una niña. El vínculo hermoso con su padre, lleno de ternura y admiración, es abruptamente arrebatado. Así comienza la búsqueda incansable de ese padre ideal, en los rincones, las palabras, en la memoria que con el tiempo desdibuja rostros, pero nunca sentimientos. Ella irá aprendiendo sobre la guerra y sus términos, como movimiento, pelotón y barranco —el vacío donde tiran los cuerpos de hijos, hermanos, padres, maridos. «El barranco» es una historia súper hermosa y bien escrita, con reflexiones y diálogos internos de una niña todavía inocente que conmueven el alma. Una historia de cómo la guerra solo deja dolor, sufrimiento y vacío.
Nivaria es la mujer que cambió mi rumbo e interés académico con este libro en tercero de carrera. Le daría todas las estrellas del cielo para que la acompañen allá donde esté.