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240 pages, Paperback
First published November 1, 2014
LA POESÍA
En ocasiones, raramente, solía encenderse el salón al atardecer, y el sonido del piano llenaba la casa, acogiéndome cuando yo llegaba al pie de la escalera de mármol hueca y resonante, mientras el resplandor vago de la luz que se deslizaba allá arriba en la galería, me aparecía como un cuerpo impalpable, cálido y dorado, cuya alma fuese la música.
¿Era la música? ¿Era lo inusitado? Ambas sensaciones, la de la música y la de lo inusitado, se unían dejando en mí una huella que el tiempo no ha podido borrar. Entreví entonces la existencia de una realidad diferente de la percibida a diario, y ya oscuramente sentía cómo no bastaba a esa otra realidad el ser diferente, sino que algo alado y divino debía acompañarla y aureolarla, tal el nimbo trémulo que rodea un punto luminosos.
Así, en el sueño inconsciente del alma infantil, apareció ya el poder mágico que consuela de la vida, y desde entonces así lo veo flotar ante mis ojos: tal aquel resplandor vago que yo veía dibujarse en la oscuridad, sacudiendo con su ala palpitante las notas cristalinas y puras de la melodía.
ALBORADA EN EL GOLFO
Al amanecer, a solas la playa y aun dormida, ya estás en el agua. El aire rubicundo y el mar blanquecino, ambos tempranamente tibios, casi no refrescan, aunque entonen, tu cuerpo mal descansado y ardoroso. Bienestar animal que regocija el alma.
Por la playa, a lo lejos, sólo aparece el sombrajo de la cantina, bajo el cual resguardar del sol mesas y bancos. Detrás, grupos de palmeras, no tanto decoración como testimonio de latitud. Tierra caliente.
La mañana crece, y nadie todavía. El mundo es esto: sol, arena, agua. Soledad y tiempo lo habitan, y nada mas. ¿Tú?
Tú eres su pensamiento circunstancial, hijo de esa soledad bien hallada y ese tiempo demorado. Pausa.
Vivir siempre así. Que nada, ni el alba, ni la playa, ni la soledad fuesen tránsito para otra hora, otro sitio, otro ser.
¿La muerte? No. La vida todavía, con un más acá y un más allá, pero sin remordimientos ni afanes.
Y entre antes y luego, como entre sus dos valvas la perla, este momento irisado y perfecto. Ahora.