La escuela alpinista Polaca goza de gran fama, y el caso de Jerzy Kukuczka demuestra que era el más grande y no el segundo.
En esta mágica y cautivadora autobiografía, basada en sus ascensiones a los ocho-miles, se pueden comprobar (y constatar) que la genialidad siempre viene de la mano de la humildad por un lado, y de cierta temeridad y obstinación por otro. El grado de Egolatría bien empleado (aunque parezca una contradicción). Redactada de modo totalmente modesto, e incluso quitando hierro al asunto del riesgo en sus expediciones, o más bien simplificándolo a nivel explicativo en ciertos casos, (por ejemplo en su ascensión al Makalu, en el cual tenía 10 metros para llegar a la cima sin ningún apoyo expedicionario a pie de la montaña) nos relata de forma amena, totalmente atrapante a la vez que anecdótica, especialmente en referencia a la escasez de recursos que tuvo en casi todas sus expediciones con éxito a los ochomiles y los problemas burocráticos, su vida y su pasión por la alta montaña; su especial cualidad inherente que lo llevó para ser el más grande, no sin pasarle factura en la mala fama que acarreó con la defunción de compañeros en cuatro excursiones consecutivas.
Entre los diferentes capítulos, uno por cada Ochomil conseguido o intentado hasta llegar a los catorce, nos encontraremos con diversas situaciones que vivió junto a sus compañeros de nacionalidad, así como otras expediciones en las que participó de tipo Internacional o mixto (como la emblemática del K2, con un lujo que ni él se lo creía. Lo normal para montañistas de Países holgados o con riqueza, como Messner, pero no para una persona proveniente de un lugar comunista y en guerra, que contaba hasta el último Zloty . Así, ya en el primero de sus ochomiles, seremos testigos de todos los problemas burocráticos y de insolvencia para lo que son todos los requisitos de pagos, permisos en Nepal y lo que rodea la ascensión a las cimas y su explotación por parte de los Gobernantes de éstos Países en miseria; sus dos trabajos pre expedición como limpiadores de chimeneas que incluso no le son suficiente. Jerzy, ya desde un buen principio tuvo muchas dificultades previas a cada expedición, durante todas ellas y posteriormente. Con esto, y de paso, hace una buena crítica, o por lo menos ilustrativa y muy aclarador, acerca de los problemas con los porteadores, sus jefes de enlace y su modo operandi de trabajo, que sacaba de quicio a más de uno, incluso llevando a la expedición polaca límite y despidiendo a la mitad de ayudantes Nativos (que siempre han sido tan bien considerados a modo global), de la burocracia a nivel práctico, que también existen las montañas, con las diferentes jerarquías de trabajo tan inútiles para llevar a cabo una expedición éxitos, poniendo en riesgo a sus miembros y en vez de apoyarlos en sus decisiones prácticas, limitándose a ir a la suya. Ya vemos que no solo en los trámites del día a día esa burocracia se torna innecesaria, retrasando nos la consecución de nuestros objetivos. Especial mención en este apartado es el capítulo 3, en el cual su oficial de enlace enchufado por directivos del Gobierno o con muchas influencias en este, deja desde el primer momento de la expedición de chantajearles y requerirles y caprichos innecesarios para la consecución de la expedición. Además, narra los problemas con su País de origen para conseguir un permiso de regreso por surgirle problemas de malversación de ‘recursos’ durante sus expediciones o pérdidas de los ajenos, alquilados en ruta, trabas en los permisos para acceder a lo más alto en el Broad peak, accidentes automovilísticos, así como la separación temporal con el que sería alma gemela en la montaña: el escalador Wojtek, con el que alcanzaría varias cimas al estilo alpino, o sea, individualmente o en pareja, sin ninguna expedición de apoyo detrás y los innumerables Aludes a los que sobrevivió. Su desenvoltura mediante todas estas dificultades era abrumadora y única, optando como por ejemplo, hacer una ascensión al Everest a la ‘Polaca’, que no es ni otra cosa que a falta de un permiso oficial para subir a la cumbre, hacer tiempo obteniendo un permiso senderismo en la ruta y subir al campo base sin ningún tipo de permiso oficial, su unión a expediciones femeninas para intentar alcanzar el K2, vender parte de sus suministros y llevar toda la carga hacia la cumbre por los escasos medios que tenían debido a numerosos incidentes, el enfrentarse a religiones y culturas distintas en el día a día, y más andando escaso de medios y sin apoyo de su país,
Sin riesgo no hay gloria, y este tipo de personas célebres, aparte de su genial deben ser muy despiertas. Y la historia así siempre lo confirma.
Como ratifico, la grandeza de Jerzy consistía en su adaptación al entorno, que aunque de aclimatación tardía, después se desenvolvía magníficamente en la alta montaña e incluso pasaba noches enteras durmiendo a más de siete mil metros antes de bajar a campos base. Su Generalidad y cualidad principal /modo vital de kukuczka era superarse ante las adversidades que le puso la vida mediante sus expediciones, muy precarias y dotadas de altas dificultades, tanto a nivel cómo organizativo y económico. No cabe duda que otro en su pellejo, y no con tan alto espíritu de conquista e ilusión por las altas cumbres, si se hubiera dado por vencido en casi todas las expediciones que llevó cabo en los 14 ochomiles. He ahí que radica la grandeza del mejor alpinista de todos los tiempos. Dudo que Messher, respaldado siempre de un impecable equipo de mantenimiento víveres y una buena dotación económica para sus expediciones, aparte de su nivel técnico, hubiera llegado tan alto si no fuera por ése conjunto. La osadía, muchas veces ralla en temeridad, pero también lleva la grandeza y tan solo ésta disposición de unos pocos, los superdotados para ello. Y "Jurek" era mejor. Subir dos ochomiles en un mismo invierno, primero dejando atrás un compañero, el único de expedición, por congelación, y en el segundo bajando la cumbre de noche. Sus nuevas vías en nueve de los catorce así como los logros inverosímiles, lo dicen todo.
Lo que más llega como lector-compañero silencioso y testigo en la sombra de expedición, es que también se trata de una narración sincera, emocionante por ello y desgarradora, acerca de las tragedias de compañeros en las expediciones que llevaron a cabo. Tanto de las ajenas como por parte de personas conocidas; las que tocan de cerca. Los duelos propios (cómo el de su amigo y compañero primario de expediciones Andrzej Czok) y personales por los que tuvo que pasar y lidiar, siguiendo adelante (Su mala reputación como alpinista arriesgado al extremo, que hacía que los demás acabaran falleciendo en las montañas junto a él y darle parte a sus familiares)
En detrimento y / o diferencial, es paradójico o premonitorio que soñará tanto con el Lhotse (su primer y último ochomil), quizá su cima más deseada para una nueva ruta. Precisamente fue lo que le hizo fallecer, aparte de las siempre precarias condiciones expedicionarias, lo que lo vanagloria a nivel global como el más grande, pero todo hay que decirlo también, el más temerario de todos los alpinistas que jamás hayan existido, así como su competición personal con Messner; que le motivaba a superarse a sí mismo e innovar en escalada, en oposición al otro, y su inacabable pasión por las montañas.:
- “Catorce veces ocho ¿de veras se había terminado algo?. El mundo vertical no termina nunca. Dura, Espera, Un día volveré”
Así pues, una excelente auto biografía (de ésas que vas a releer y conservar a buen recaudo entre tus libros favoritos) de un Alpinista único e irrepetible, capaz de tan inverosímiles proezas. Una lectura excitante, mágica, alucinante, cautivadora, envolvente y absorbente, pues desde la primera hasta la última página y te hará poner los pelos de punta en más de una ocasión, emocionarte, alterarte, entristecerte, y en suma, viajar viviendo y casi respirando el riesgo por el que pasó Kukuczka.
Imprescindible para los amantes de éste deporte como para los aficionados a leer, de primera mano, los porqué sobre grandes personajes de la historia.