Muy buen libro para la edad. El autor logra presentar unos cuentos de animales en su propio mundo sin humanizarlos demasiado, sino con la dosis justa para lograr la conexión. Algunos finales son ligeros y les falta contundencia, pero no importa, el estilo lo vale. Es decir, se aprecia más el viaje que el destino. Y claro, el detalle de él mismo ilustrarlos le da un toque mágico, porque plasma también lo que imagina.
Lo leí varias veces de niño, lo recuerdo como el primer libro que leí de verdad por gusto y no obligación, me identifique mucho con el y me gusta pensar que me ayudó a sobrellevar años duros de la preadolescencia.