Stephen Edwin King was born the second son of Donald and Nellie Ruth Pillsbury King. After his father left them when Stephen was two, he and his older brother, David, were raised by his mother. Parts of his childhood were spent in Fort Wayne, Indiana, where his father's family was at the time, and in Stratford, Connecticut. When Stephen was eleven, his mother brought her children back to Durham, Maine, for good. Her parents, Guy and Nellie Pillsbury, had become incapacitated with old age, and Ruth King was persuaded by her sisters to take over the physical care of them. Other family members provided a small house in Durham and financial support. After Stephen's grandparents passed away, Mrs. King found work in the kitchens of Pineland, a nearby residential facility for the mentally challenged.
Stephen attended the grammar school in Durham and Lisbon Falls High School, graduating in 1966. From his sophomore year at the University of Maine at Orono, he wrote a weekly column for the school newspaper, THE MAINE CAMPUS. He was also active in student politics, serving as a member of the Student Senate. He came to support the anti-war movement on the Orono campus, arriving at his stance from a conservative view that the war in Vietnam was unconstitutional. He graduated in 1970, with a B.A. in English and qualified to teach on the high school level. A draft board examination immediately post-graduation found him 4-F on grounds of high blood pressure, limited vision, flat feet, and punctured eardrums.
He met Tabitha Spruce in the stacks of the Fogler Library at the University, where they both worked as students; they married in January of 1971. As Stephen was unable to find placement as a teacher immediately, the Kings lived on his earnings as a laborer at an industrial laundry, and her student loan and savings, with an occasional boost from a short story sale to men's magazines.
Stephen made his first professional short story sale ("The Glass Floor") to Startling Mystery Stories in 1967. Throughout the early years of his marriage, he continued to sell stories to men's magazines. Many were gathered into the Night Shift collection or appeared in other anthologies.
In the fall of 1971, Stephen began teaching English at Hampden Academy, the public high school in Hampden, Maine. Writing in the evenings and on the weekends, he continued to produce short stories and to work on novels.
Concuerdo con la mayoría de las reseñas. Dolió :( Creo que es lo maravilloso de King, no sabes si vas a sentir tristeza, miedo, asco, siempre te sorprende.
fuaa me re gusto stephen me está seduciendo con sus obras qudksj voy por "un trato de despedida " le daría más estrellas pero esperaba más sangre idk why
De adolescente leí algo de Stephen King (apenas lo recuerdo y haciendo búsquedas rápidas en internet no localizo esos dos libros) y recuerdo que me pareció bien, sin más. Ágil, bien narrado y con ideas fresquitas. Me gustó especialmente algo que hacía en un relato (¿o novela?), en el que el protagonista no se sabía el nombre de nadie y el narrador (primera persona o tercera persona equisciente) primero los describía (una mujer de rizos alzó la voz) y la siguiente vez ya le había puesto mote (—Jamás —contestó Rizos).
En fin, que tenía la idea de que era un escritor de best-sellers en el peor sentido de la palabra, lectura rápida (como en «comida rápida») que está rica, te llena, pero a la larga no te aporta todos los nutrientes que tu mente necesita. Incluso —confieso— que en un blog que tenía de adolescente y de joven me definía según qué cosas me gustaban, cuáles no y cuáles me daban igual (¿Se puede ser más joven?). Era una manera de presentarme (por si alguien llegaba algún día al blog y se interesaba por mí, juas) y «Stephen King» estaba en la lista de «Me da igual».
Hace unos años me obsesioné con «Carrie», porque mi madre me decía de pequeño que esa era la película que más miedo le había dado. Se gestó entonces un terror reverencial que me apartó de ella y que, con los años, se fue convirtiendo en respeto (había que estar «preparado» para verla, no se podía llegar a ella de cualquier manera) que, al final, también me apartaba de ella. Cuando por fin rompí esa barrera, me encantó y quise verlo y saberlo todo de ella. Me vi las otras adaptaciones y me leí el libro. Entonces me di cuenta de que Stephen King no era un cascarón vacío.
Me arrepiento muchísimo de haber pensado así. Últimamente además, he oído a dos de mis escritoras favoritas (quizás mis dos escritoras favoritas), María Fernanda Ampuero y Mariana Enríquez hablar maravillas de King y creo que tengo una deuda pendiente con él y conmigo mismo.
Este tío es una bestia parda. Se nota que no solo tiene talento sino que entrena horas y horas para pulir cada detalle. Lo suyo no es humano.
Este cuento es redondo, es una lección de escritura y leyéndolo he llorado como una magdalena. No es de terror, aunque se pasa cierta angustia. No es muy largo y se encuentra fácil en internet. Dale hoy a tu mente los nutrientes que necesita.
Este audiolibro está gratis en Spotify y quedé porque nunca lo había encontrado.
Yo no sé cómo hacer reseñas de los libros de King, me parece que su pluma me engancha muchísimo y me envuelve en todo lo que construye. Escucharlo fue una experiencia espectacular. Definitivamente, esta historia sorprende mucho para aquellos que no conozcan otro lado que no sea el de terror en los libros de Stephen King. ¿Quieres sustos? Vete para otro lado, aquí solo hay una cosa: llanto. Que magistral, la verdad.
Un cuento breve, íntimo y devastador que se aleja del terror convencional para explorar el peso de la culpa y la fragilidad de los vínculos. El último peldaño de la escalera conmueve por su sencillez narrativa y su profundidad emocional, con un final que golpea en silencio. King demuestra aquí su capacidad para tocar fibras humanas sin recurrir a lo sobrenatural. Una historia que se queda resonando mucho después de haberla leído.
Estaba esperando el momento de terror, de miedo infundado en cosas sobrenaturales sin embargo esto fue todo lo contrario, tristeza, dolor y reflexión fue lo que adquirí.