Felipe Martínez Marzoa defiende una tesis fuerte y a la vez señala una dificultad. La tesis es que el decir griego, un decir relevante en tanto que tal, es aquél capaz de hacer comparecer cada cosa en su irreductibilidad. La dificultad surge porque si ninguna obra griega hasta el final de la época clásica es texto, en el sentido que actualmente posee este término, todas han llegado a nostros como textos.
Es reconocido como uno de los filósofos más influyentes de la actualidad en lengua castellana. Sus numerosas publicaciones y su labor docente en la Universitat de Barcelona (hasta su reciente jubilación) han significado una alternativa intelectual potente al discurso historiográfico clásico. Armado con una precisión hermenéutica perfeccionadísima, ha analizado el pensamiento griego para contraponerlo a la Modernidad. Sus estudios sobre Platón, Kant y Leibniz han dado al lector herramientas nuevas para acercarse a ellos. Desde la lingüística hasta la historia, desde el tiempo de Heidegger hasta la crítica del juicio kantiana, Martínez Marzoa ha trazado una obra filosófica imprescindible para quien quiera enfrentarse a la labor de comprender.
A la edad de 29 años, publica los dos volúmenes de la primera edición de su Historia de la filosofía, tras haber realizado estudios de filosofía, matemáticas y griego. Desde entonces, su obra, no exenta de polémica intelectual, permanece fiel al propósito hermenéutico de la historia de la filosofía.
Su obra se inicia con escritos propedéuticos de filosofía y estudios sobre Marx. Paulatinamente se orienta hacia la problemática de la fenomenología lingüística y de la hermenéutica de los textos griegos, así como hacia el estudio de la filosofía alemana en el periodo que abarca de Leibniz a Nietzsche. Durante la década 2000, tras unos años de labor fijada en la hermenéutica de textos griegos de Homero, Aristóteles, Aristófanes, Platón y Esquilo entre otros, centra su investigación y sus obras en la interpretación de Hume y de Hobbes.
Algunas de sus tesis principales versan sobre la irreductibilidad del ser en Grecia, la importancia del cristianismo como mediador entre Grecia y la modernidad, la física matemática y la calculabilidad del ente moderno, y la distancia hermenéutica de la Historia de la Filosofía desde Nietzsche hasta nuestros días.