Bella y cadenciosamente escrito, este perfil repasa los hitos clave de la vida de María Luisa Bombal, tejiendo una crítica literaria no solo de ella, sino de la constelación de influencias que la rodeaba: Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Victoria Ocampo, Gabriela Mistral. Está muy bien documentada la investigación, se nota que Diego Zúñiga sabe muchísimo de literatura, que ha leído un montón. Me encantó ese rescate que postula a la Bombal como la verdadera propulsora del realismo mágico latinoamericano, tesis sostenida por el mismísimo García Márquez. Negra quedé con la anécdota del disparo propio y al amante evasivo, o sea, de la misma escuela maldita y pasional de Violeta Parra, Alejandra Pizarnik y Sylvia Plath. Quiero recordar esa forma nebulosa en la que está estructurada la crónica, no es lineal, va y viene, igual que las olas del mar y las tramas de la Bombal y la mismísima niebla. También quiero recordar que aunque fue una cuiquísima aristócrata, murió en la pobreza. ¿Qué queda para una? Recibió miles de dólares por sus manuscritos, se casó con un marqués, fue hija de una señora pituca y aún así murió viviendo al tres y al cuatro. En eso se parece todavía más a la Violeta. Aunque en lo que no se parece nada es en lo fascista, en lo pinochetista, en lo cómplice de las dictaduras. En eso se parecía más a Borges. Leer la vida y muerte de mis próceres literarios siempre me entrega luces para saber cómo sortear este camino que también he decidido transitar. De la Bombal, quiero guardar: que el alcohol no es buena compañía y que de las letras no debo esperar vivir. Divertido saber que esta mujer, alguna vez, también caminó por Gran Avenida, pero sobre todo por Viña del Mar, que es donde me leí de un tirón este libro una tarde de november rain. Gracias al amigo Cristóbal Galleguillos que me obsequió este libro.