Una Familia hace un viaje de mudanza a un pueblo de trabajadores a las afueras de la ciudad. Un niño, el hijo, comprende con asombro que el mundo que conoce, se acaba en ese mismo sitio donde surgirá uno nuevo. El punto límite para esta transición entre lo conocido y lo ignorado, o lo real y lo imaginado, tendrá una forma concreta; una neblina densa, permanente y gris que indica la aparición de Siberia.
Juan Nicolás Donoso crea, con esta hermosa novela un lugar que da presencia a los recuerdos y los miedos, Lo dota de u paisaje de imágenes fijas, por donde transitan seres silenciosos y laboriosos. Construye un hogar en medio del frío y la neblina; y la vida cambia su lógica, Lo más cercano y conocido, lo familiar, lo amado se hace extraño. Una geografía imaginada, en la que lo terrible no puede reconocerse por estar indiferenciado de lo bello y extraordinario.
"En Siberia casi nunca había atardecer; la oscuridad lo envolvía todo con una rapidez agresiva. Era un fenómeno que examiné muchas veces desde el ventanal de la sala. A las cinco de la tarde las farolas exteriores se encendían, al tiempo los muros de la casa, los cerros a lo lejos y hasta la niebla adquirían una azul grisáceo. Segundos más tarde, lo único que se veía era el reflejo del propio rostro en la ventana superpuesto a una oscuridad sin dimensiones, a los círculos de pasto que la luz de las farolas lograba iluminar y a las nubes de insectos revoloteando en torno a las capuchas del alumbrado".
"En Siberia las cosas habitaban en silencio. Todo se petrificaba bajo la luz amplia e intensa y la falta de horizonte expandía la temporalidad de los días. A veces venteaba, pero los árboles a penas se mecían. De lejos, eran como personas condenadas a morar al interior de una fotografía".
"Mami, Encarnación: hoy aprendí que los ojos nunca están cerrados, así apretemos los párpados con fuerza, nos vemos la carne por dentro".
"En Siberia el silencio no era siempre igual. De día se podían percibir los ruidos industriales a lo lejos. Al atardecer los sonidos tenues de los pájaros y de animales que nunca llegué a ver se trenzaban con el ronroneo constante de las máquinas".
"...durante las noches en Siberia no había afuera. Como siempre, lo único que veía era el reflejo de un rostro enrarecido por la agresividad con que la oscuridad del exterior afilaba sus facciones".
"El silencio que se extendía entre las cosas hizo que me sintiera vigilado por los árboles y las rocas".
Una historia de la llegada a un nuevo mundo y de cómo se buscan nuevos referentes para reconstruir su pequeño mundo. Me gustó el tono de la escritura y su ritmo en general. Sin embargo, el final pareciera que se quedó sin palabras y energía y me parecen muy planos con respecto a todo el resto del libro. Gratamente sorprendido por este regalo recomendado por libreros de Wilborada.
Un mundo lleno de matices se magnifica en la mirada de un niño que llega a una nueva casa. La tribulación, el miedo, la ansiedad y la ira de los adultos se difuminan entre juegos de niños, inocencia, bruma y frailejones.
El descubrimiento de los límites propios y los del mundo se narra de forma muy bella en este libro.
Una familia se muda a las afueras de la ciudad. El niño, el narrador, describe el extraño lugar al que se han trasladado, los cambios en la rutina, cómo discurre el tiempo y los seres que lo habitan. Es una hermosa novela corta.
"Este libro se terminó de imprimir el 14 de noviembre de 2019, un año en el que aún no se estiman los daños causados por haber extraído y fundido piedra caliza del corazón de un páramo durante setenta años"