Una madre angustiada sucumbe a una abyecta tentación durante un vuelo nocturno; una niña desvela el misterio atroz que oculta un inocente círculo de luz en el techo; una psiquiatra descubre los síntomas de una llamativa fobia, bajo la que subyace el miedo colectivo de toda una generación. El empeño de un grupo de jóvenes por escapar al tedio existencial mediante malvadas fechorías; la venganza inútil de una hija frente a su padre terrorista, el cinismo perverso de un amante ilusorio o el heroísmo estéril de una mujer frente a la brutalidad de la guerra son algunos de los temas que aparecen en los nueve cuentos que conforman «La mala entraña»: nueve aproximaciones al concepto del mal y a sus manifestaciones en las conductas humanas.
En La mala entraña Elena Alonso Frayle explora y se adentra en los recovecos oscuros de la propia existencia, allí dónde anida el odio, la perversión, emociones y pensamientos nocivos que en ocasiones se apoderan de todo sacando a relucir la peor parte de nosotros. El filo entre lo moralmente correcto y aquello que pugna con una fuerza indomable hacia el otro lado, que hace que se desaten actos impulsivos, indeseables, viscerales.
La estructura de estos relatos, el hecho de que muchos de ellos tengan un final un tanto inconcluso hace que se disfruten mucho más. El estilo de Elena es directo y cuidado, sin florituras. Su fuerza narrativa arrolla y sorprende.
Aunque todos me han gustado mucho, destacaría particularmente La buena hija. Un relato realmente crudo, pero magníficamente escrito, sobre el odio y la violencia de los atentados terroristas. La protagonista se encuentra en medio de un campo de batalla que no ha elegido. Por mucho que intente desvincularse, la realidad acaba imponiéndose siempre. Como si de una maldición se tratara.
Me he quedado con ganas de más, pienso que es uno de los mejores libros de relatos que he leído este año y por supuesto, tiene merecidísimo el Premio Setenil 2019.
Con un estilo muy personal, clásico y elegante, Elena Alonso ha tejido un maravilloso conjunto de relatos que dialogan entre sí a la perfección, complementándose, y que conforman un conjunto homogéneo en el que no hay ningún punto discordante.
Elena Alonso sabe mantener el ritmo de la narración sin que el interés decaiga en ningún momento, y es capaz de crear unos personajes muy reales y con los que es fácil sentir empatía, incluso aquellos que se muestran desesperados o crueles. Las voces de los personajes son de una verosimilitud tal que solo alguien que ha observado atentamente la naturaleza humana durante mucho tiempo es capaz de reproducir.
Es de agradecer que no lo explique todo; que deje al lector participar en los desenlaces.
Sus relatos están medidos como una sonata en la que no falta ni sobra ni un compás.
Me quito el sombrero ante esta autora, una de las grandes del relato en español.