En Jamás en la vida, Roberto Ampuero parece seguir, consciente o no, la estela de Julio Ramón Ribeyro, buscando ese realismo absurdo y espontáneo que caracterizó al autor peruano. Sin embargo, el puente entre lector y relato, que en Ribeyro es sólido y magnético, aquí se percibe frágil o inexistente.
La antología presenta cuentos de arranque ágil y preciso, con inicios que despiertan la curiosidad y generan expectativa. Algunos logran sostener esa tensión y ofrecen destellos interesantes: ficciones sutiles, situaciones imposibles o detalles finales que provocan una mueca de sorpresa. Son relatos que, aunque no profundicen, dejan un eco intrigante.
No obstante, gran parte del volumen adolece de superficialidad. Muchas historias se sienten inacabadas, sin rumbo definido, como si se hubieran escrito de forma apresurada y sin un proceso de pulido. El propio Ampuero parece reconocerlo al señalar que varios textos fueron escritos en otros contextos y agrupados por su brevedad, más para completar el libro que por su peso literario.
En este sentido, parte de la responsabilidad recae también en la editorial, que privilegia la inmediatez de publicación sobre la calidad del contenido. Aun así, la decisión final siempre es del autor. El resultado es una obra irregular: con momentos que atrapan y otros que se diluyen en lo anecdótico.
Jamás en la vida deja claro que Ampuero posee la capacidad de despertar intriga, pero también evidencia que no todos sus relatos alcanzan el mismo nivel de cuidado y profundidad. Una lectura que, aunque ofrece chispazos de buen oficio narrativo, deja al lector con la sensación de que pudo ser mucho más.