Segunda novela que leo de Ruta Sepetys. "Voy a traicionarte" me gustó mucho. Esta lo ha hecho incluso más.
Dice la sinopsis:
Madrid, 1957. Bajo la dictadura fascista del general Francisco Franco, España esconde un oscuro secreto. Mientras tanto, turistas y hombres de negocios extranjeros inundan España bajo la apariencia de sol y vino. Entre ellos se encuentra Daniel Matheson, de dieciocho años de edad, hijo de un magnate petrolero de Texas, que llega a Madrid con sus padres con la esperanza de conectarse con el país donde nació su madre a través de la lente de su cámara. La fotografía, y el destino, le presentan a Ana, cuyos obstáculos entrelazados de la familia revelan la persistencia de la Guerra Civil Española, así como las definiciones escalofriantes de la fortuna y el miedo. Las fotografías de Daniel lo dejan con preguntas incómodas en medio de sombras de peligro. Está respaldado en un rincón de decisiones para proteger a los que ama. Las vidas y los corazones chocan.
¿Qué me ha gustado?
El título, tan representativo de lo que ella nos retrata. El silencio de la España de la dictadura, el silencio en el que vivían los españoles de esa época.
El desarrollo de la trama. En su nota final, Ruta Sepetys nos dice que durante el proceso de creación de esta novela se preguntó qué derecho tenía a escribir una historia que no era la suya. Puede que la historia no fuera la suya, pero he reconocido la de mi país en ella. Le ha puesto corazón. Ha conseguido que me llegue y me emocione. Le agradezco a la autora el rigor, pero sobre todo, le agradezco el cariño y el respeto con que ha escrito este libro.
Se divide en dos partes de ritmo fluido escritas en tercera persona. La primera ambientada en el Madrid de 1957. Daniel Matheson, de dieciocho años y sus padres se alojan en el emblemático hotel Castellana Hilton. Un oasis americano de lujo y color en medio del Madrid gris y empobrecido de la época. La alegría, el bienestar y la libertad de los huéspedes contrasta con la miseria, las privaciones y el silencio del miedo de los empleados españoles. En este contexto, Daniel, que aspira a emular a Robert Capa, conoce a Ana, una camarera de su edad, que el hotel ha destinado al servicio de su familia. Daniel quiere fotografiar el otro Madrid, el que está más allá de lo que les muestran las guías turísticas. Será Ana quién se lo muestre y una historia de amor nacerá entre ambos.
La segunda parte transcurre dieciocho años después en 1975. Franco acaba de morir. España se prepara para entrar en un proceso de transición a la democracia. Y aquí me paro, porque al desenlace de esta historia hay que llegar sin saber nada más.
Entre capítulo y capítulo, la autora nos transcribe textos sacados de entrevistas y testimonios de políticos, diplomáticos y periodistas que visitaron o vivieron durante ese tiempo en España. Me ha gustado mucho esta inclusión. Muy ilustrativos de cómo se veían las cosas desde el exterior.
La ambientación del Madrid de la época. Los lugares, las gentes y la atmósfera de miedo que se vivía. El Madrid de los contrastes. La puerta del Sol, los jardines del Museo Sorolla, la descripción de la confitería "La Violeta", por fuera y por dentro (me visualicé comprando allí), contrapuestos a la antigua Inclusa de la calle O'Donnell, el matadero de Legazpi y la miseria del barrio de chabolas de Vallecas.
La documentación rigurosa y exhaustiva. Ocho años, le llevó a Ruta Sepetys este proceso.
Los personajes. No sabría con cuál quedarme. Daniel, es el chico texano que no ha conocido otra cosa que libertad y bienestar. Es sencillo y amable. Quiere ser fotoperiodista y busca ese conjunto de fotografías con las que ganar un concurso. En esa búsqueda de la foto se va a topar con una realidad muy diferente de la que vive en el Hilton, una realidad que sus compatriotas habían decidido no ver y en la que él sí se involucra.
Ana, es la otra cara de la moneda. Hija de intelectuales represaliados, la guerra la dejó sin padres y sin futuro. Se debate entre el miedo y la rabia, entre el silencio que la ahoga y sus ganas vivir. Aspira a poder cumplir sus sueños, a ser dueña de su propio destino, en una España, que la condenaba doblemente por su condición de mujer y de hija de republicanos.
Entre los secundarios, Julia y Rafa, los hermanos de Ana, marcados como ella por el bando en que militaron sus padres. El Fuga, amigo de penurias de Rafa, que trabaja en el cementerio y aspirante a torero. Puri, la prima de Ana, que ejerce voluntariado social en la Inclusa y la hermana Hortensia, que se encarga de dar en adopción a los niños abandonados y a los que llegaban por vías menos ortodoxas. La trama de los niños robados, que se prolongó durante décadas tiene también su reflejo en esta novela.
Mención aparte merecen Lorenza, camarera del hotel, envidiosa y cotilla, Carlitos, el botones o Miguel Mendoza, de la tienda que revela los carretes de Daniel. Sin olvidarnos de los padres de Daniel, de Shep van Dorn diplomático americano, de Nick, su hijo, de Ben, corresponsal en Madrid del New York Herald Tribune, de Paco Lobo o Max Factor, entre otros.
El final, bonito y ajustado. Coherente y creíble.
En conclusión. Una novela preciosa, bien ambientada y con buenos personajes, que refleja de maravilla la realidad de la España de 1957, esa que no querían ver los americanos de la época. Muy recomendable.