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368 pages, Paperback
First published January 1, 1960
"No escribo para aquellos que jamás se han preguntado en qué punto comienza la vida real”Empecé esta singladura allá por marzo vaticinando lo extraordinaria que la lectura de todo El cuarteto de Alejandría sería para mí. No me equivoqué. Todo lo que ha rodeado la lectura de esta obra permanecerá en mi recuerdo como un acontecimiento muy especial.
“Lo curioso es que aquellas pocas palabras y su risa sofocada e irónica hayan podido hacer lo que nadie pudo hacer por mí. De pronto, sentí que todo cambiaba, se aligeraba, se ponía en movimiento. Me sentía débil, casi enferma. Estaba perpleja. Más tarde, poco a poco, se fue abriendo un claro. Era una sensación como la de escapar a una mano paralizada.”Como no podía ser de otra forma, Clea es una despedida. Aunque aporta alguna que otra novedad, se encarga de cerrar los temas pendientes, si bien nos deja con algunas preguntas que cada uno responderá a su manera. No es la mejor de las cuatro novelas, aunque hayamos vuelto a disfrutar del lirismo de la voz de Darley a la que habíamos echado de menos en el capítulo anterior y nos haya puesto con el corazón en un puño en varias ocasiones. Con ella termina todo este inventario de amores y amantes que ha sido el cuarteto, casi todos trágicos, alguno imposible o inalcanzable o incomprensible o solo soñado o prohibido, el que solo emerge bajo ciertos condicionantes y hasta el cómico tiene aquí su lugar.
“¡Una palabra única, «amor», define tantas especies distintas de un mismo animal!”Un animal este que nos perturba, capaz de transformarnos y transformar engañosamente en lo que creemos necesitar al objeto de nuestro amor (“¡Estaba allí para siempre, y no había existido jamás!” ), que nos miente al hacernos creer copartícipes de una unidad ("Por más cerca que deseamos estar de la criatura amada, así, tan separados permanecemos siempre."), que no admite la honestidad, que nos confirma en nuestra soledad, “un absoluto que lo toma o lo pierde todo” , que todo lo trastoca (”Una ciudad se convierte en un mundo cuando se ama a uno de sus habitantes” ), una enfermedad, una locura, una obsesión. Todo es más placentero en su ausencia.
“Así dejamos correr el tiempo, y así hubiéramos podido quedar, como figuras estáticas de un cuadro olvidado, saboreando sin prisa la dicha concedida a los seres destinados a gozarse mutuamente sin reservas ni autodesprecio, sin los premeditados ropajes del egoísmo, las limitaciones inventadas del amor humano.”Y solo un poco menos terrible que el amor, la picadura del arte, la aspiración de ser escritor, …
“El arte, como un hábil masajista en un campo de juegos, está siempre alerto para ayudar a sanar heridas y golpes; y como los del masajista, sus oficios alivian las tensiones musculares de la psique. Por eso busca siempre las zonas de dolor, oprime con los dedos los ligamentos musculares, los tendones acalambrados, los pecados, las perversiones, todo lo desagradable y molesto que nos repugna admitir. Una ternura áspera que afloja las tensiones, relaja la psique.”… pero también la gran esperanza de la humanidad, capaz incluso de poner los cimientos a una nueva sociedad.
“El animal humano será sacado de la jaula, y se limpiará su sucia paja cultural y sus restos coprolíticos de creencias. Y el espíritu humano, radiante de luz y de alegría, hollará suavemente el pasto verde como un danzarín; surgirá para cohabitar con las formas de tiempo y procrear hijos al mundo de lo elemental, ondinas y salamandras sílfides y silvestres, Gnomos y Vulcanos, ángeles y elfos. Sí, para que la sensualidad física llegue hasta las matemáticas y la teología; para alimentar, no para obstruir las intuiciones.”Pero sobre todo, un gran anhelo individual que puede dar sentido a lo que, de todas formas, nunca lo tendrá.
"Aguardo, serena y dichosa, convertida en auténtica criatura humana, en una artista por fin. Clea."
“Sí, un día me encontré escribiendo con dedos temblorosos las cuatro palabras (¡cuatro letras!, ¡cuatro rostros!) con las que todo artista desde que el mundo es mundo ha ofrecido su escueto mensaje a sus congéneres. Las palabras que presagian simplemente la vieja historia de un artista maduro. Escribí: «Érase que se era. . . » Y sentí que el Universo entero me daba un abrazo.”
"Mas podemos deixar de amar secretamente os lugares onde mais sofremos?"
"I always believed that a love of human beings would flower more strongly out of a common misfortune. It isn't true... To be here, just the two of us, sitting by candle-light is almost a miracle in such a world. You can't blame me for trying to hoard and protect it against the intrusive world outside, can you?"And Darley thinks to himself, "...from the depths of my own inner selfishness I was glad of these external pressures, for they circumscribed our world perfectly, penned us up more closely together, isolated us!"
“This celebrated tetralogy from the 1950s was defined by its author as ‘an investigation of modern love,’ but has often been regarded as and evocation of a city of Greco-Arab, multi-ethnic Alexandria of its title.”
“For it is true that the city of Alexandria does color the entire work.”
The imperatives from which there is no escape are: Laugh till it hurts, and hurt till you laugh!And the intriguing notion:
—Pursewarden, p.138
I mean, wasn't the idea of the individual soul grafted on to us by the Greeks in the wild hope that, by its sheer beauty, it would "take"—as we say of vaccination?But then also this bit of weirdness:
—Pursewarden, p.148
For culture means sex, the root-knowledge, and where the faculty is derailed or crippled, its derivatives like religion come up dwarfed or contorted—instead of the emblematic mystic rose you get Judaic cauliflowers like Mormons or Vegetarians, instead of artists you get cry-babies, instead of philosophy semantics.
—Pursewarden, p.141
And realizing this I was suddenly afflicted by a great melancholy and despair at recognising the completely limited nature of my own powers, hedged about as they were by the limitations of an intelligence too powerful for itself, and lacking in sheer word-magic, in propulsion, in passion, to achieve this other world of artistic fulfilment.
—Darley, p.177
"{...}women instinctively like a man with plenty of female in him; there, they suspect, is the only sort of lover who can sufficiently identify himself with them to... deliver them of being just women, catalysts, strops, oil-stones."
—Clea, p.108.
It had come so softly towards us over the waters, this war; gradually, as clouds which quietly fill in a horizon from end to end. But as yet it had not broken. Only the rumour of it gripped the heart with conflicting hopes and fears. At first it had seemed to portend the end of the so-called civilised world, but this hope soon proved vain. No, it was to be as always simply the end of kindness and safety and moderate ways; the end of the artist's hopes, of nonchalance, of joy. Apart from this everything else about the human condition would be confirmed and emphasised; perhaps even a certain truthfulness had already begun to emerge from behind appearances, for death heightens every tension and permits us fewer of the half-truths by which we normally live.
—p.21
"This world represents the promise of a unique happiness which we are not well-enough equipped to grasp."
—Balthazar, p.23