La ventaja que tiene llamarse Maria McFarland y ser extranjera, es que permite escribir un libro sobre la violencia en Colombia y, lo que es más virtuoso aún, sobre los crímenes paramilitares y de estado, dándose el lujo de nombrar con nombre propio al colombiano número 1, al padre refundador, al innombrable sempiterno presidente de la república de Colombia.
En Aquí no ha habido muertos: una historia de asesinato y negación en Colombia, María McFarland, quien trabajó en Colombia como investigadora de Human Rights Watch, da cuenta de la historia de la violencia reciente en Colombia a manos de los paramilitares y el ejercito colombiano. Ella, toma como nicho a Antioquia, puntualizando en la masacre del Aro perpetrada por las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) el 22 de octubre de 1997, con el favor de las fuerzas armadas del país y de entes del gobierno y la sociedad antioqueña (lo dejo así para no señalar con el dedo), y de ahí avanza hacia adelante por medio de las narraciones de tres voces que se levantaron para hacer frente a la situación: la del concejal y activista por los derechos humanos Jesús María Valle, quien fue asesinado por sus denuncias; la del fiscal Iván Velásquez (actualmente Comisionado Internacional contra la Impunidad en Guatemala) y la del periodista Ricardo Calderón. Este libro es un homenaje a Jesús María Valle, quien fue la persona que comenzó a investigar y revelar la conexión entre paramilitares y fuerzas del estado.
“Veinte años después sabemos que los comandantes militares de alto rango -lejos de intentar detener la incursión paramilitar- los asistieron y ayudaron a planear la masacre” …
"...También dijo que un helicóptero militar había pasado durante la masacre y les había arrojado más municiones y medicamentos. De hecho, dijo Villalba respondiendo a una pregunta, ni siquiera se había dado cuenta de que su pertenencia al grupo paramilitar fuera un crimen - dijo que como él siempre los vio trabajando con la policía y el ejército pensó que era legal..."
Aquí no ha habido muertos es producto de una profunda y exhaustiva labor de investigación de la autora, quien sustenta al final del libro las fuentes de sus afirmaciones. Maria McFarland no solo recorre la historia de Colombia desde 1997 hasta nuestros tiempos, también descubre el huevo de la serpiente, retratando y contextualizando los tiempos previos a la ascensión del paramilitarismo en Colombia por medio de un recuento concreto, rápido, ágil y lucido de los hechos históricos; haciendo de su libro una narración incluyente, permitiendo tanto a nacionales como extranjeros contextualizarse y entender el conflicto.
…”Para mediados de la década de 1980 el grupo paramilitar conocido como la Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultores del Magdalena medio o ACDEGAM también trabajaba en llave con narcotraficantes -Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mejicano”, miembro poderoso del cartel de Medellín, los respaldaba”…
En medio de la polarización del país, este es un libro que por definición no gusta ni va a gustar a muchos. Para mí, ha sido recapitular muchas de las noticias del pasado, muchas las escuché, otras no me acuerdo, de otras no me enteré, pero en todo caso eran tantas todos los días, que ya les perdía conexión, y esta lectura ha sido de gran provecho porque me permitió encajar los eslabones de esta historia que seguimos viviendo hasta hoy. Porque por más que estemos hablando de noticias de hace mas de 20 años, o que como escribí arriba, … “recapitular muchas de las noticias del pasado…”, la verdad es que no estamos hablando de un tiempo lejano porque nuestra actualidad es la vertiente de ese pasado, la misma historia que no termina. Y es así como, durante la lectura y una vez finalizada, no puedo dejar de sentir más angustia, porque pese a las investigaciones a parapolíticos, pese a las denuncias, pese a los muertos, a los acuerdos de paz que se hayan firmado con uno y otro actor, seguimos en la misma corrupción, continúan las masacres, el desplazamiento forzado, la muerte de líderes sociales e indígenas va en aumento. ¡Que tristeza y que miedo!
Termino el libro y me veo obligada a sentirme o no esperanzada. Es difícil. Aún cuando la autora remata el libro en nuestros tiempos con una especie de ending con el proceso de paz (sin hacerle publicidad), los paras hablando, las investigaciones y que todo el libro fue el testimonio de los valientes que buscaron verdad y justicia a su manera y desde su lugar, es difícil sentir esperanza cuando hay noticias de corrupción descarada todos los días, o cuando no hay reivindicación de los derechos de muchas comunidades, cuando asesinan lideres sociales e indígenas, cuando con la bandera del desarrollo se arrasa con los recursos y la plata se la roban no solo los políticos sino también las empresas y las multinacionales, o cuando a las minorías las quieren minimizar mostrando censos poblaciones donde son menos, o cuando posesionan a un negacionista del conflicto como director del Centro de Memoria Histórica. Sé que lo políticamente correcto es que escriba que el libro es desgarrador y esperanzador, pero no puedo. Sin embargo, pensar que este tipo de documentos están siendo leídos, que como sociedad civil nos estamos pronunciando en las calles, es creer que nos interesa construir historia, eso me da ilusión.
Este libro debe ser leído porque es un buen documento de historia contemporánea de Colombia, finamente y ágilmente contextualizada para nacionales y extranjeros. Porque tiene datos inéditos o destapa sucesos que han estado ocultos. Porque nos descubre la parte de la historia que les tocó vivir a muchos compatriotas. Porque la historia y la realidad de Colombia supera la imaginación de cualquiera, y Colombia es un lugar donde la realidad compite con la ficción.