Un recorrido por los grandes momentos de la historia de la imaginación, por las épocas en que ha sido más fértil y creativa.
La imaginación ha sido objeto de reflexión por parte de los pensadores de todos los tiempos y culturas, enfrentada o emparejada con lo material. La revolución científica intentó destruirla y reducir el mundo a lo tangible, pero, como el autor defiende, sin ella es imposible concebir aquel. Sin imaginación la historia ni siquiera existiría. En cuanto al futuro, el destino del mundo dependerá de cómo seamos capaces de imaginarlo.
Juan Arnau es astrofísico y doctor en filosofía sánscrita. Investigador del CSIC y de las universidades de Michigan, Benarés y Barcelona, actualmente es profesor de la Universidad Europea de Valencia. Ha traducido Fundamentos de la vía media y Abandono de la discusión de Nagarjuna (Siruela), y publicado los ensayos La palabra frente al vacío, Arte de probar y Cosmologías de India (FCE), Antropología del budismo (Kairós), Rendir el sentido, Elogio del asombro, Vasubandhu y la novela El cristal Spinoza (Pre-Textos), así como una nueva versión de la Leyenda de Buda (Alianza) entre otros.
“La tesis de este libro es que la materia prima del mundo no son los átomos o las partículas sino la imaginación, que es la que mantiene el lazo entre el significado y la materia. ”
Imaginar de por si se encuentra en el ADN histórico de los pobladores que le han dado forma a este mundo. El imaginar no tiene preferencia edaria, puede imaginar el niño volando una nave espacial, entablar conversación con seres que no logramos ver, pero que solo en su mundo esta encerrada una realidad, que solo él validad. Puede imaginar el más entrado en edad recurriendo a su pasado y tratando de resolver a través de la imaginación soluciones y respuestas más certera de una acción. En la imaginación surgen múltiples interrogantes, como esta, si nos conduce a conocimiento, el razonamiento en los episodios imaginativos, y mucho más aun, habrá en el camino alguna teoría que unifique la imaginación a la pretensión, al compromiso con la ficción, a la epistemología modal y a la creatividad. Pero vamos a dejar por un momento este tema y sigamos hablando del libro en cuestión.
Lo que procura el autor con este texto es dar por sentado a través de los múltiples hechos históricos, que la imaginación es un Naucrates ductor, es decir, un pez piloto, siempre pegada al ser, independientemente de los estratagemas de la revolución científica de destruirla y llevarla al plano de lo intangible. El texto es todo un paseo histórico sobre la reflexión de la imaginación por parte de los pensadores. ‟Basta con echar un vistazo a las líneas esenciales del discurso filosófico, de Platón en adelante, y apreciar su falta de confianza en los sentidos para entender los motivos últimos de ese rechazo: en su calidad de ficción, de reproducción de imágenes falsas, de proyección de sombras sobre el fondo de una caverna que sólo enmascara y oculta el mundo real, la imaginación nos engaña de modo constante, nos vende apariencias en lugar de lo que deberían ser cuerpos de auténtico valor y, sobre todo, nos extravía con tóxicos reinos de fantasía incapaces de penetrar la esencia profunda de las cosas”
En lo personal puedo decir, que el libro es un texto excelente al cual se puede recurrir en cualquier momento para tomar un resumen histórico desde el antiguo egipto hasta hoy en día sobre la historia del quehacer del saber, donde la religion, la filosofia, la ciencia y demás te harán recordar lo ya leido en otro texto. Ahora, si bien habla de historia de la imaginacion, pensé encontrar un ensayo que describa la intencion de la imaginacion en el saber de la antigüedad hasta hoy día. En momento se hizo algunos planteamientos, lo demás fue historia que bien puede encontrar en otro texto que no tenga como título la imaginacion.
Es un texto claro, abigarrado y en ocasiones bello. Como viaje a toda velocidad por una línea concreta de pensamiento que transcurre de Egipto a la actualidad es fascinante. Pero la lectora suspicaz echará en falta las referencias que justifiquen los datos —por otra parte abundantes— y, en especial, las interpretaciones. Las propuestas filosóficas del autor están poco explicadas. La lectura es muy agradable y la selección de hechos y puntos de vista que aporta está medida, bien hecha y bien hilada.
El libro muestra sus intenciones explícitamente en el epílogo, especialmente en la p. 320. Pretende una reivindicación de cierta concepción del cosmos, configurado por varios planos —de más material a más simbólico o divino— en la cual la imaginación —el mundo imaginal— juega un papel fundamental. Esta idea se ha mostrado en múltiples formas a lo largo de la historia del pensamiento de Europa, India y el norte de África. En ella la imaginación es base fundamental del pensamiento e incluso de la estructura del mundo, al servir de punto de contacto entro los significados y la materia; esa es la «tesis de este libro» (p. 20). El imaginario moderno cientificista y de la lógica simbólica choca, según el autor, con estos planteamientos, y, al «encerrar la imaginación en celdas» está teniendo consecuencias funestas para la humanidad (p. 282).
Listo a continuación varias ideas sueltas que me han llamado la atención: El paralelismo entre Odiseo y Siddhartha me ha parecido revelador (p. 115-7). Aristóteles, a la inversa que Schopenhauer, plantea la imaginación como fundamento del deseo. Para él es una tercera vía de conocimiento, al margen de la sensibilidad y el entendimiento. Coincide con los budistas en no asignar la imaginación a lo irreal (los budistas van más allá y la consideran lo más real del mundo) (p. 144). Aristóteles plantea dos elementos: el entendimiento y el alma. Los indios tres, que se pueden interpretar como alma, inteligencia (que es material) y conciencia (que es inmaterial). Aristóteles estaría colapsando dos cosas distintas (inteligencia y conciencia) en una sola, según ellos (p. 177). Para los gnósticos, las esferas de los planetas son una serie de «vestidos psíquicos» del alma, que en el mundo sublunar está completamente impregnada y configurada por ellos, mientras que, para llegar al mundo divino, ha de desprenderse de ellos (p. 158-9). Es llamativo el cambio de mentalidad que suponen los gnósticos a pesar de mantener un esquema cósmico muy similar a los platónicos; la armonía celeste del cosmos pasa a ser cadena de la que librarse (p. 151). Con Valentino aparece una idea todavía más originial: la ignorancia ya no es la falta de participación en lo divino, sino que es la causa original de la génesis del mundo material al desequilibrar la esfera divina. Alcanzar la iluminación pasa a ser una empresa de más envergadura que lograr conocimiento verdadero o salvar el alma: es la única vía para salvar al cosmos entero (p. 160). La unidad del entendimiento, doctrina ya barajada en Asia central, se introduce en Europa a través de los grandes filósofos de Al-Ándalus (p. 178). Abentofail propone ideas que anteceden al Robinson Crusoe (p. 174) y Ibn Arabí la Divina Comedia de Dante (p. 191-2). Es típico de los cabalistas, como Moisés de León, «jugar al despiste trufando el texto de citas falsas, referencias ambiguas y libros imaginarios», iniciando una técnica de la que luego harán estilo el círculo de Lovecraft y Borges (p. 200-1). El mago renacentista, encarnado mejor en Giordano Bruno, pretende controlar la realidad y la voluntad mediante la imaginación, usando para ello el impulso emocional de palabras e imágenes (p. 243). Es exactamente la idea que magos actuales como Allan Moore siguen repitiendo y llevando a cabo. Conocer el alma humana significa conocer el lenguaje imaginal; existe una gramática astral o celeste de la imaginación (p. 244). Las prácticas que proponen recuerdan a las técnicas de yoga y meditación, pero su objetivo no es desmontar el yo sino expandirlo mediante la captación de vínculos (p. 250). Es similar en este sentido al científico moderno, ya que mientras el místico pretende renunciar a las demandas del ego, el científico-técnico pretende sublimarlas usando las fuerzas de la naturaleza para sus propios fines (p. 311). Los hindúes tienen el concepto de «prakrti», que se asemeja mucho al «ánima» jungiana (p. 296). Un bonito resumen de la evolución de los mitos en las p. 261-2.
"Aunque su título alude a una emocionante y curiosa “historia de la imaginación”, quien espere encontrar en la presente obra un libro fácil y que aluda a una narración más o menos secuenciada de cómo la humanidad ha ejercido el bello y necesario arte de imaginar —a través del arte y la cultura—, quizá se lleve una sorpresa difícil de digerir. No por su mala calidad; todo lo contrario: Juan Arnau demuestra una más que solvente y bien fundamentada erudición, y su estilo narrativo no es pesado.
Esa “historia de la imaginación” a la que alude es, verdaderamente, tal cosa; pero la aborda a través de la mitología, filosofía y ciencias oscuras —léase la cábala— que el ser humano ha conreado para intentar entender este mundo, la existencia del mismo y nuestro lugar en él. Todo, eso sí, destacando las similitudes entre las diferentes cosmogonías; como cuando refiriéndose a la muerte del erudito que inspiró el Zohar, y su visión de “última hora” de los Siete Palacios, afirma : > Recomendable."
La tesis de este libro es que la materia prima del mundo no son los átomos o las partículas sino la imaginación, que es la que mantiene el lazo entre el significado y la materia. La imaginación es el punto de encuentro de la materia ascendente y el espíritu descendente, del significado puro y la forma tangible. Esa tensión es la que materializa nuestra energía psíquica y configura el mundo en que vivimos.