El arte, el policial y la cultura popular son las vertientes principales que confluyen en esta obra del guayaquileño Marcelo Báez Meza. Las tres partes de la novela hacen mención a la elaboración de los grabados de Rembrandt, remarcando que el crimen y el arte comparten la condición de artificio; y que la lectura también es un proceso (re)creativo, aunque su forma sea la de una pesquisa detectivesca.
Poeta, narrador, periodista, crítico de cine y editor. Sobre el trabajo poético de Báez, el escritor Fernando Balseca, expone: "Desde la perspectiva de Puerto sin rostros la escritura es varias cosas a la vez: es un problema, y para plantear ello muestra una poesía que enseña sus mecanismos estéticos cuando se le da al lector la posibilidad de entender los modos de hacer poesía."
Con respecto a la obra narrativa, el crítico Raúl Vallejo, apunta que Movimiento para bosquejar un rostro es "una prueba indudable de un talento narrativo que luego desarrollaría a cabalidad en Tan lejos, tan cerca (...), un alucinante texto acerca de la soledad y alienación contemporáneas."
Novela corta que se lee de un tirón. No tiene grandes pretensiones literarias, pero la narración es lo suficientemente fluida como para no resultar tediosa al lector.
La historia sigue a Johann Sebastian Chambers, un art cop guayaquileño tras la pista de un asesino en serie que robó una placa para hacer grabados de Rembrandt durante una exposición en el Palacio de Cristal.
Título y argumento copiado de El buen ladrón (The good thief, 2002), de Neil Jordan. El plagio, la apropiación y los amarres de concursos. Tres características del "arte" de este señor.