Hugo de San Víctor, monje sajón del siglo XII, sentenció: "El hombre que siente que su patria es dulce, todavía es un tierno principiante; el que piensa que toda tierra es como la suya, ya es fuerte; pero perfecto es quien siente que todo el mundo es una tierra extraña". Esta cita no desmerece a Los Perplejos ni la obra a ella. Cynthia Rimsky construye en su libro un admirable periplo que sigue dos caminos: el del filosofo medieval Maimónides al partir de su Córdoba natal, y el de la narradora tras sus huellas desde el presente, perdida entre el asombro, la vacilación y la sorpresa. Con maestría, Rimsky nos permite leer la incomodidad de una tierra, la carga un poco áspera de la memoria. Los perplejos llama a la fascinación de un mundo suspendido sobre las dudas.
Cynhia Rimsky nació en Santiago de Chile, en 1962. Ha publicado Poste restante, La novela de otro, Los Perplejos, Ramal, Fui, El futuro es un lugar extraño, En obra, La revolución a dedo. Escribe crónicas y columnas para diversas revistas y da clases en la UNA. Vive en Argentina desde 2012.
"¿Y si no existe un sentido anterior al mundo, como afirma el filósofo? ¿Y si la vida fluye como las aguas del río?"
Estuve varios meses para poder leer este libro, y después me terminé las últimas 150 páginas en dos o tres días, y ahora que lo cerré ya me encuentro extrañándolo. Es 12 de enero pero desde ya digo que va a ser uno de los mejores libros que leí en el año. Tiene un inicio lento, igual que la primera mitad, pero hay un momento en el que la (mi) cabeza por fin se libera de ese peso inicial, y desde ahí la lectura fluye. Y es una lectura espectacular. Vi en otro comentario que el tiempo requerido para leer este libro es parte del juego, y creo que es cierto. Son años de viajes, no puede pretenderse recorrerlos a las apuradas. No sé qué leí excepto un recorrido de “los cuartos donde se miran a los ojos el ser y la perplejidad”, y también un viaje desde la sed de conocimiento a la iluminación y después hacia algo más. No lo puedo resumir, no lo puedo poner en otras palabras. Al principio pensé que iba a ser un libro pesado, lo cual no puedo negar que es, pero a la vez es un lugar hermoso para visitar y revisitar. Terminé sintiendo mucho cariño por los personajes, por los lugares, por las calles sin salida y las historias sin salida y las promesas sin cumplir. Con la pluma de Rimsky hay que hacer un compromiso: dejar que ella nos cuente y creerle todo. Sin reparos, sin volver a leer, sin dudar de ningún punto y de ninguna coma. No tiene por qué ser todo lineal, ni limpio, ni formal, ni nada. Esto es un viaje. Un libro hermoso.
A mi entender se trata de una novela que requiere de una lectura atenta y tranquila, incluso pareciera que el libro mismo juega con la idea de un cierto tempo. Siempre tenía ganas de seguir un poco más, aunque sin la certeza de encontrar algo que se pretenda revelador, sino más bien la seguidilla de breves resoluciones truncas por las casualidades, o causalidades que tejían las vidas de estos narradores. Me da la impresión de que faltan muchas cosas por decir y que las iré descubriendo a lo largo de los días, cuando se me quite la sensación de orfandad que algunas veces nos ataca cuando terminamos un libro.