Libro 28# y le doy ⭐⭐⭐ de 5
Este libro es el tercero de la saga de Ragnarok y el doceavo de la colección dedicada a los mitos nórdicos.
Lo primero que debo decir es que esta entrega me gustó bastante. Es aquí donde finalmente comienza la tan esperada venganza de la sangre de Loki, quien ha sufrido actos deplorables en manos de los demás dioses. Sus hijos, leales y decididos, lo liberan de su tortuoso castigo y se encargan de extender su rencor y odio a cada rincón de la existencia.
Con esta liberación, los Vanir y los Aesir entienden que el fin se aproxima. Al fin comprenden el temor de Odín y su desesperación por adquirir conocimiento y poder. Desde un inicio, su objetivo fue evitar la destrucción de todo lo que vio nacer, pero, como ya se anticipaba en entregas anteriores, sus decisiones no siempre fueron acertadas. Además, las Nornas ya lo habían advertido: nadie puede escapar de su destino.
Entre los protagonistas de este caos inminente se encuentra Heimdall, hijo adoptivo de Odín, frustrado por su incapacidad para proteger Asgard. Con la destrucción de Midgard cada vez más cerca, busca desesperadamente en el cuerno que le regaló su padre una forma de extender protección a quienes lo necesiten. Por su parte, Thor siente el compromiso de honrar a su padre defendiendo a la humanidad, pero pronto se da cuenta de que no puede enfrentar al mal por sí solo.
Tras una intensa disputa entre los distintos dioses, finalmente logran despejar el pánico de sus mentes y coordinar esfuerzos. Hacer caer a los hijos de Loki y enfrentar la profecía del Ragnarok no será tarea sencilla, pero están determinados a intentarlo.
Este libro destaca por ser, hasta ahora, el que más acción ofrece en la saga. La narrativa fluye de forma entretenida, atrapando al lector con el drama y las batallas que se desarrollan. Una buena opción si estás aburrido. 😉