Virus Z, de Iván Gilabert, ha sido mi undécima lectura del #premioliterarioamazon2019, y antes de nada quiero aclarar que dejar una opinión sobre este libro para mí es muy complicado; primero, por mi escasa incursión en este género, y segundo, porque aquí no hay personajes principales a los que puedas aferrarte, ya que todos tienen su importancia con mayor o menor peso en el desarrollo de la historia. Historia que me ha gustado hasta el punto de arrepentirme por no haber leído su predecesora, aunque el autor deja claro cómo se originó y de dónde viene todo este desastre. Ciertamente se pueden leer de forma independiente, pero mi consejo si vais a leer Virus Z, que espero que sí porque es una pasada, es que comencéis por Diario del Viajero.
Aclarado esto, intentaré plasmar lo que esta ficción me ha hecho sentir, porque sentir he sentido a lo bestia, desde un temor que me ha encogido el corazón en esas escenas donde no parecía haber salida, hasta un profundo dolor por la pérdida en otras tantas. Y aun entendiendo que en este tipo de historias es imposible que solo sobrevivan los buenos, no sé si habré aprendido la lección, porque qué malito es encariñarse de alguien en según qué géneros.
Bien, como he dicho, aquí todos los personajes son importantes, tanto los que aparecen desde un principio, pasando por los que van incorporándose a lo largo de la narración, como los que aparecen en las escenas finales. Todos tienen un papel fundamental en la historia.
Yo he catalogado como protagonistas principales, aunque esto es muy subjetivo, a Molina, Santi y Pablo, ya que ellos participaron en la detención del apocalipsis en Diario del Viajero y en Virus Z vuelven a jugarse el pellejo para evitar que el mundo, tal y como lo conocemos, se vaya a la mierda.
Santi y Pablo son los únicos que conocen de primera mano las consecuencias que sufrirá la humanidad por culpa de este virus; y Molina, si no de primera mano, está involucrado hasta el cuello por su implicación en «El Mensaje». ¿Y qué es El Mensaje? Leed estos dos libros y os enteraréis, porque yo de este tema solo voy a adelantar que el deber empuja a estos tres hombres tan distintos a dejarse la piel por que la raza humana tenga una oportunidad. Es cierto que cuentan con la ayuda de personas con principios y unos altos valores morales que también se juegan la vida sin siquiera planteárselo, pero que fácil no lo tienen ni de coña.
En el extremo opuesto, Iván nos muestra cómo unos pocos, que se creen dioses, apuestan por el exterminio casi total de la humanidad para que solo unos cuantos elegidos logren sobrevivir a algo peor que la muerte. Estos son los auténticos antagonistas y no los infectados.
Supervivencia, opresión, abuso de poder.
Persecuciones, huidas, terror.
Muerte, devastación, ruinas.
Esto es lo que nos encontramos, pero por encima sobresalen…
La lucha, el coraje y el valor.
La moralidad, la unión y el compañerismo.
El amor hacia el prójimo y la esperanza.
Porque al fin y al cabo, la esperanza es lo último que se pierde.
Todo esto va variando según el capítulo, contados en tercera persona por un narrador omnisciente que hace que se entienda desde cada pensamiento de estos héroes hasta qué se siente si tienes la mala suerte de transformarte en un Zeta. Impresionante esto último, porque lo fácil es meternos en la piel de un igual y lo difícil es hacerlo en un infectado hasta el punto de llegar a comprender sus instintos y el hambre que nunca termina de saciarse cuando lo que queda de quien se era es un cascarón podrido, y esto Iván lo consigue de forma maestra.
Me ha encantado el hilo trazado en cada capítulo tanto como su manera de finalizarlos, haciendo que sea imposible abandonar la lectura. Y todos, absolutamente todos, tienen datos de importancia que se van descubriendo según se avanza. Un pasote, de verdad.
He odiado a Girotti y su círculo con toda mi alma.
He admirado la sangre fría de Jota, Eme y compañía.
Me he sentido orgullosa de Sofía, Miriam y, sobre todo, de Andrea.
He llorado por Pietro entre otros.
Y he empatizado al cien por cien con Molina, Santi, Pablo y el doctor Acosta.
No sé si habrá quedado claro cómo y cuánto me ha gustado esta lectura, pero lo ha hecho muchísimo para mi sorpresa y os la recomiendo de todas, todas.
Mi más sincera enhorabuena, Iván, no podría estar más contenta ni sentirme más satisfecha de haberme decido a adentrarme en tu mundo apocalíptico y haber tenido el honor de acompañar en su aventura a tus chicos.