Javier Argüello indaga en la memoria de sus padres y la suya propia para relatar la historia del sueño roto de una generación que quiso cambiar el mundo.
«Los colores se intercambiaban y seguían siendo los mismos. En el fondo no se trataba de colores ni de ideas, sino de la vieja fórmula del soy más fuerte y te aplasto que atraviesa países, fronteras, ideologías y banderas.»
Los padres de Javier Argüello se conocieron en un barco yendo a un encuentro de juventudes comunistas en Viena en 1959. Y él nació en Chile durante la Unidad Popular de Salvador Allende porque ellos habían ido a trabajar allí. Esta es la historia del sueño roto de una generación que creyó que podía cambiar el mundo y de las vidas interrumpidas de una familia que tuvo que huir de dos dictaduras para poder seguir adelante. Pero también es la historia de un siglo XX que partió al mundo por la mitad: los que querían apoyar el avance del socialismo y los que querían frenarlo. Y de una pregunta incontestada que aún sigue flotando en el aire: ¿qué fue de todos aquellos ideales de justicia y de igualdad? ¿Se desvanecieron en el aire, sin más? ¿Tiene algún sentido hoy en día seguir aspirando a que el bien común se anteponga al interés individual?
A través de la memoria de su familia y de la suya propia, Javier Argüello elabora en Ser rojo una brillante y personal crítica al maniqueísmo ideológico y una reivindicación de la humanidad y la empatía como única salvación de un mundo que se balancea peligrosamente en los riscos de la anomia moral.
Javier Argüello es escritor, Licenciado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires, con estudios de guión, teatro y teoría musical.
Dentro de sus publicaciones se encuentran "Siete cuentos imposibles", "El día que me quieras, antología de tangos" y "Los mejores poemas de amor, antología romántica de Pablo Neruda".
Premios Fuera de servicio, 1996, guión de cortometraje. Premio del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina. Financiación del proyecto. Fuera de Servicio, 1997, cortometraje 35mm (guión y dirección): Primer premio en la categoría de debutantes, Festival Internacional de San Petersburgo, Rusia; Mención de honor en el festival organizado por la New School, Nueva York, EE.UU; Premio del jurado en el Festival Internacional de Cartagena de Indias, Colombia. Volver a verla, relato. Primer premio en el concurso de relatos Paula, 2000, Santiago de Chile. Jurado presidido por el escritor Enrique Vila-Matas. Siete cuentos imposibles, Lumen 2002. Nuevo talento Fnac, verano 2002.
Javier Argüello ripercorre la storia dei suoi genitori, argentini vissuti in Cile, giovani idealisti fiduciosi che l’applicazione del comunismo avrebbe cambiato la storia, la solita storia: quella dell’egoismo individuale, della sopraffazione del forte sul debole, della dominazione dell’interesse sulla solidarietà. E fu la rivoluzione democratica di Allende a infondere loro speranza e fervore. Prima di finire, molto in fretta, come sappiamo essere finita.
Argüello ci accompagna in questo viaggio che comincia con l’incontro di quei due giovani su una nave che solca l’Atlantico, dando la parola alternativamente all’uno e all’altra, offrendo stralci di memorie narrate ogni volta in prima persona, racconti che ripercorrono trasversalmente la storia di una ferita lunga oltre cento anni: il tentativo fallito di mettere in pratica il vangelo dell’ uguaglianza.
Lo scrittore si interroga sulle ragioni di questo fallimento e soprattutto si pone la questione intima e profonda che riguarda il senso da attribuire non soltanto alle vicende storiche, le cui interpretazioni hanno riempito i manuali, ma alla vita stessa di chi ha creduto in quell’ideale e ne è uscito sconfitto.
“Cosa rimaneva adesso di tutti i sogni di libertà e uguaglianza e solidarietà e dell’uomo nuovo? Bisognava dimenticare tutto? Stava lì il fallimento? Non c’era da aspettarsi niente di meglio dall’essere umano?”
La vera domanda viene suggerita dal celebre capitolo dei Fratelli Karamazov sul “grande inquisitore”, in cui la posta in gioco è la fiducia sulla possibilità dell’essere umano di cambiare, di evolvere, di diventare migliore. Perché è qui che si gioca la partita fondamentale: solo credendo che un uomo nuovo sia possibile possiamo sperare che un mondo nuovo sia edificabile. Perché “a fallire non fu il sistema, ma le persone incaricate di portarlo avanti. E se il fallimento dipese da noi, è su di noi che dobbiamo lavorare”. “Siamo noi ad aver dato forma al mondo così come lo conosciamo, e se vogliamo modificarlo l’unica cosa che possiamo fare – la più semplice ma anche la più difficile – è modificare noi stessi.”
“È questa la grande lezione lasciataci in eredità dalla generazione dei miei genitori: finché restiamo gli stessi, non possiamo sperare che il mondo sia diverso, perché siamo noi a dare forma al mondo. Se vogliamo davvero produrre un cambiamento, per prima cosa dobbiamo iniziare da noi. E iniziare da noi significa iniziare ciascuno da sé stesso.”
La riflessione di Javier Argüello può diventare l’occasione di avviare, se non l’abbiamo già fatto, la nostra riflessione, di azzardare la nostra risposta e conoscere davvero che cosa vogliamo essere.
Força decepcionant en relació amb les expectatives que havia generat (per algún motiu havia assumit que el llibre podia assemblar-se al magnífic "El olvido que seremos"). L'assaig, que pretén descabdellar les reflexions i records familiars que porten una persona a un determinat posicionament ideològic o la militància en una opció política, s'acaba convertint en un dietari d'anècdotes - moltes vegades insubstancials - que potser si que acaben destil·lant un relat, però es fa feixuc. A això cal afegir-hi un capítol final que podria perfectament formar part d'un llibre d'autoajuda i tenim un resultat final molt més pobre del que inicialment hom podia esperar.
Un viaje sentimental a un tiempo y a una historia recientes, en un tono de recuerdos, registros y referencias familiares. Al mismo tiempo, un viaje a ese lugar único que es el de los afectos.
Cuando adscribimos a un pensamiento, de la naturaleza que sea esta, lo hacemos desde la más absoluta convicción -por parte nuestra- de que es algo que puede beneficiar a otras y otros. Eso en estricto rigor promulga el comunismo. Desde sus inicios brega por la igualdad de condiciones para todas y todos. Ese es su fin último, pero en el camino, quienes hemos creído en él, y seguimos haciéndolo, vemos que de alguna u otra forma se logra torcer el camino de alguna manera. Por ello hoy todo ese sentimiento “anti-comunista” que se agita en gran parte del mundo. Ser rojo viene a contar una historia personal, de un Argentino que desde pequeño vivió las diferencias de clases que aún existen, y que vio en las ideas de la izquierda una forma de “igualar la cancha”. Y como en ese proceso de aprendizaje termino siendo parte del proceso chileno de la Unidad Popular. ¿Quién nos cuenta esa historia? Su hijo, Javier Agüello, que por más que intenta entender y darle a una explicación a todo lo que sucede, no puede cambiar el color de su sangre: roja. Un hermoso libro de memorias sobre qué es lo que sucede cuando la política atraviesa tu vida más íntima y se transforma en parte esencial de tu identidad y de tus lazos.
La verdad es que esperaba más habiendo leído la reseña, pero creo que se queda más en un relato tipo periodístico de hechos que me tocó vivir y por tanto me resultan muy cercanos (soy chileno y casi de la misma generación). Se lee fácil y "de corrido" pero, como dije, esperaba más. A lo mejor no es justo con el autor pues lo que yo quería era justamente una explicación a la pregunta clave de ¿qué pasó? ¿por qué se fueron al krajo los ideales de un mundo mejor para todos? y claramente no se trata de eso en el libro, aunque al final un poco de eso hay y es válida su reflexión, aunque no necesariamente era consecuencia de lo descrito en las 168 páginas anteriores.
Un libro che inizia come un romanzo d’amore e diventa un horror, attraverso una narrazione degli eventi sempre più opprimente, con un crescendo drammaturgico dal sapore cinematografico.