Javier Krahe, como él mismo solía decir, añadió una varilla nueva al abanico del género canción en nuestro país. Con ella, el aire circula con una fuerza literaria insólita y descubre rincones inexplorados. Conocido sobre todo por sus letras cáusticas sobre el amor, la política y la religión, admirador de Brassens y de Leonard Cohen, colega de Chicho Sánchez Ferlosio y mentor de Joaquín Sabina y Albert Pla, tuvo una vida inquieta (a su manera) y curiosa. Tanto como sus canciones, que hunden sus raíces en los años de estudiante en El Pilar y llegan hasta las fecundas temporadas en Zahara de los Atunes, pasando por el dulce autoexilio canadiense en el franquismo tardío, los primeros años de la democracia y los posteriores encontronazos con el poder. Canciones como «La hoguera», «Marieta», «Un burdo rumor», «Cuervo ingenuo», «En la costa suiza» o «No todo va a ser follar» son bandera de la contracultura más duradera.
Federico de Haro ha reconstruido la vida y la carrera de Javier Krahe a partir de los dos ingredientes imprescindibles en toda gran biografía: pasión y fuentes. La familia y los amigos del cantautor han abierto las puertas de sus casas para contarle todo lo que no se sabe sobre Krahe. El relato, completado con un examen cercano de su personal manera de componer las canciones e introducirlas en directo y con un apéndice con sus primeras letras (inéditas hasta hoy) da como resultado un retrato íntimo y original del hombre que siempre anduvo a la contra.
Una biografía absolutamente a la altura del biografiado (¿existe ese término?). Krahe ha sido una de las mejores cosas que le ha pasado a este país y a su historia. Es una suerte poder recuperar su memoria de esta forma tan amena. Lo he devorado en cuestión de horas. He reído y no negaré que con las últimas líneas se me ha escapado una lagrimita.
Siempre estaremos en deuda con Krahe, que como cuenta Sabina, «se creía el más guapo y más listo... y lo era», pero esta maravilla de libro que se ha marcado Federico de Haro es una buena forma de empezar a (intentar) saldarla.
Arropado por los testimonios de quienes estuvieron cerca del Krahe (Sabina, Annick, Violante, Marco, Alberto Pérez, Wyoming, López de Guereña y muchísimos más), el grueso volumen, donde De Haro, como el tío Marcial, puso con ilusión todo lo que guardaba en el cacumen, es un repaso maravilloso a la vida, obra y milagros (o casi) de aquel vago burlón de la sardónica figura que apenas trabajó en su vida (pues para él ser artista no era trabajar) para el que la música era cosa de toser y cantar.
Si al cariño incuestionable que destilan las casi 300 páginas le sumamos las distintas fotografías y las letras inéditas, nos queda una joyita ineludible para todos los que como yo y tantos otros, nos criamos escuchando «La mandrágora» antes de lanzarnos de cabeza al krahismo en solitario. Para los que no, que no teman: aún están a tiempo.
Sorprendete primer libro de Federico. Me ha gustado muchísimo. La edición de Reservoir Books y los capítulos cortos y entretenidos hacen que sea una gozada leerlo.
Los seguidores de Krahe no se sentirán defraudados con esta biografía. No diría que es una obra de arte literaria, pero es ordenada, aseada y entretenida. Se mezclan muchas anécdotas nuevas y otras que ya conocíamos. El acompañamiento fotográfico, nada parco, solo es interesante en las fotos de infancia y juventud. Al autor, tal vez, le sobra un punto de admiración por Krahe. ¡Pero quién puede recriminarle eso a nadie! Ojalá pronto cambien el nombre del Colegio Público de Zahara de "Miguel de Cervantes" a "Javier Krahe".