Sed de champán irrumpió en 1999 con una contundencia y una energía inusitadas en el panorama de la narrativa en castellano, tan adicta a lo light y a la supuesta modernez. Desde entonces, la opera prima de Montero Glez, que hoy El Aleph Editores tiene la suerte de recuperar, se ha ido reeditando y agotando sucesivamente hasta convertirse en un libro de culto. Su protagonista, el Charolito, es un hijo de la otra orilla que se mueve con destreza tanto por los barrios marginales como por los barrios bien de Madrid, dando origen a un absorbente thriller, rico en matices de un ritmo narrativo trepidante. Sed de champán es una tragedia con tintes de novela negra, una historia bronca que describe Madrid al límite del siglo XX.
«Un navajazo literario que cuando menos te lo esperas te rebana el cuello» (Óscar López, Qué Leer).
«Sed de champán es un artefacto urdido según las leyes de la mejor narrativa» (Paco Marín, Ajoblanco).
«Se encuentra en la tradición de Valle-Inclán y Cela. Montero Glez renueva esa tradición castiza con brío notable y una voz personal y ése es su gran mérito» (Ángel Vivas, Revista de Libros).
«Un cruce estrafalario de Lorca y Tarantino» (Carles Barba, La Vanguardia).«Un escritor dotado como pocos para bucear en ciertos estratos marginales de la sociedad» (Ricardo Senabre, El Cultural).
«Un narrador fuera de lo común» (Santos Sanz Villanueva, Revista de Libros).
Roberto Montero González, más conocido como Montero Glez, es un escritor español. En su obra se enlaza con la tradición del esperpento de Valle Inclán y el realismo sucio de Charles Bukowski.
No sé si es que me creé demasiadas expectativas pero es una novela aburrida como pocas, no hay historia y a falta de ella llena las páginas de metáforas absurdas que solo utilizaría un principiante que no sabe escribir pero quiere impresionarnos. Sí has leído en tu vida más de 10 libros de una mínima calidad esto te va a parecer tan infumable que ni para calzar el frigorífico te valdrá. Además muchas de esas metáforas de garrafón que te clava tienen un tufo taurino que por mucho que quieras entrar en un Madrid canalla y nocturno te acaban empujando al Madrid de señoro que huele a sudor, tabaco y vino.
La escritura es impecable, sin embargo la historia no da mucho de sí, a pesar de que algún que otro flashback y sobre todo una especie de cajas chinas hacia la mitad ayudan a estirar el relato, con un resultado desigual. 3.5/5 porque aunque el fondo flojea, la forma lo lleva en volandas.
A modo de curiosidad, hay un par de menciones breves al episodio histórico alrededor del cual gira la posterior Pólvora negra.
Montero ha diluido impecablemente varios géneros creando un carácter propio. Los ingredientes del combinado son variados pero con graduación afín: el más evidente, ya mencionado al principio, son los rasgos de la literatura actual urbana (delincuencia, problemas de la juventud y barrios marginales con una estética próxima a la contracultura); luego es patente que bebe de las fuentes de la novela negra; también tiene algo de “regusto” del denominado realismo sucio, pero en ningún momento se puede considerar una narración perteneciente de este tipo; y todo ello aderezado con unas gotas de humor, un humor irónico, corrosivo y cachondo que tiene mucho de gamberro.
Todas estas propiedades singulares resultarían aguadas si no se perfilase también con un estilo exclusivo que le confiera sabor a la narración. El autor madrileño consigue una redacción con misiones y funciones polivalentes. Primero está escrito con varias voces: inicialmente en 3ª persona, pero no omnisciente, para intercalar, en la 2ª parte del libro, con pasajes en 1ª persona por boca de una figura secundaría; y diseminados por todo el texto hay fragmentos de dialogo interior que corresponden a los pensamientos del protagonista. Otro apunte reseñable son los tiempos de narración, empleando 3 fases “independientes” y complementarias a la vez. La trama principal se desarrolla en el presente que en determinados momentos cambia al pasado para aportar luz y explicación a los hechos actuales, a modo de piezas de puzle que van encajando en el presente; sin embargo, esta subtrama tiene tal fuerza que, a veces, llega a eclipsar la historia inicial. Al mismo tiempo se encuentra una tercera vía narrativa contada por Charolito, nuestro héroe, que a modo de pequeña ficción, un cuento, recrea una fantasía representada por su alter ego. Historias que se interrelacionan como un vaivén en una aparente libertad anárquica, siendo un delicioso “orden caótico”. Reconociendo que esta estructura literaria es realmente lo más meritorio y atrayente, igualmente contiene, en mi opinión, su talón de Aquiles. No todas las intrigas están delineadas con el mismo interés o énfasis, ocasionalmente hay tramos monótonos y, además, las transiciones entre ellas no están bien delimitadas donde un lector distraído, sobre todo al principio, puede llevar a la confusión.
“Sed de champán” ha saciado y refrescado, momentáneamente, mi anhelo de una literatura contemporánea española que es original y de calidad. Siendo su opera prima, da pábulo y esperanzas para encontrar caldos de mejores cosechas en sus posteriores obras.
"El Charolito solo se fiaba de su polla. Era lo único en el mundo que jamás le daría por el culo".
Con esta elocuente frase inicial, el autor nos presenta, junto a su demoledora declaración de intenciones, una obra entretenida, dinámica y bastante fácil de leer, teniendo en cuenta que está escrita en caló.
Me ha parecido soberbia la primera parte, considero que tuvo que ser un soplo de aire fresco en el panorama literario nacional la publicación de un libro de estas características y me he quedado con ganas de leer o saber más sobre este autor.
El Charolito es un individuo peculiar: mitad gitano, mitad payo, tiene claro que todo lo que le rodea es suyo y que la gloria está detrás de cada esquina, de ahí que se pase sus días delinquiendo y acostándose con todas las mujeres que quiere (decimos que quiere, porque el autor pone de manifiesto que ninguna osa a rechazarle). Y así pasa la vida de flor en flor robando un coche aquí, haciendo el amor allá hasta que se topa con Dolores Laredo y con el argentino Flaco Pimienta, otro personaje peligroso donde los haya. Es en ese instante cuando se junta el hambre con las ganas de comer y explota todo. Mención especial para Tío Paciencias y la Carmelilla, sobre todo a ésta última, que animará la acción.
Relato maravilloso ubicado en los estratos más bajos del Madrid de finales de los noventa donde el autor da una clase magistral de cómo describir esos ambientes sórdidos y marginales, donde la droga y la delincuencia consumen el tiempo de sus gentes. El único pero es que a veces me costaba seguir la conversación por la cantidad de la palabras caló que se metían y porque la novela es como la vida: un tiovivo que va de adelante para atrás y viceversa, pero en líneas generales me ha encantado.
Se trata de un libro magnificamente escrito, aunque a veces se adorne demasiado el lenguaje y se abuse de la metafora. Da la sensación de que la historia se queda un poco corta o que es algo simple, pero una serie de tramas paralelas la hacen más interesante, aunque sigue dejando un poco frio. Recomiendo esta novela a los amantes de género negro sin duda.
El tema de la relación con una niña de 13 años me parece tratado con un morbo y una frivolidad tremendas, con un exceso de páginas para contar como se abusa de una menor. Me ha decepcionado mucho.
me gusto el uso del lenguaje como argot, tenia que ir buscando en un diccionario cada dos por tres, al final lo deje cuando no terminaba de repetirse en un inconcluso final.
Releída, diez años después, esta «Sed de champán» de @MonteroGlez; obra maestra de la narrativa española contemporánea, y una de las mejores novelas sobre Madrid de todos los tiempos.
Con la historia de quien pudo ser su compadre, el Pedro Navaja, y con esta explícita declaración de intenciones, el autor se lanza a relatarnos las peripecias del Charolito, un guapo, un ladrón, un golfo pinturero del Madrid de finales de los noventa, durante una tórrida noche en la que se jugará su destino, y de paso nos relatará las cuitas que le arrastraron a tan duro trance.
Con una narración muy bukowskiana, transgresora, cruda potente, cargada de bohemia el maestro Montero Glez evoca de la mejor manera ese realismo sucio logra una novela muy entretenida, adictiva y atrapante. Si mi opinión personal sobre este libro es importante, no me podido despegar de esta lectura, lo he disfrutado tanto hasta el punto de sentirme parte de la historia y apenas me ha durado un día. En cuanto a la estructura, la narración nos relata lo que ocurre durante una noche, pero con continuos flashbacks en los que se presentan historias y personajes, que permiten entender qué fuerzas se congregan esa dramática noche. Diseño de portada tengo que decirlo, fascinante, este libro lo compras si o si por su edición de portada, te atrapa a primera vista. Le pongo las 5 estrellas a un clásico que ha vuelto a la vida con esta fantástica reedición.