Sin saberlo, Miranda es la heredera de este asombroso naranjo que habita desde hace varias generaciones en la isla. Sus jugosos frutos y la bonanza que le han otorgado al lugar desatará la codicia de varios de los habitantes llevándolos, en ocasiones, al borde de los más grandes disparates.
Mónica Rodríguez nació en Oviedo en 1969. Licenciada en ciencias físicas, llegó a Madrid en el año 1993 a hacer un máster de Energía Nuclear y desde 1994 hasta el año 2009 estuvo trabajando en el Centro de Investigaciones Ciemat. En octubre de 2009 abandonó su carrera para dedicarse por entero a la literatura infantil y juvenil. Hasta el momento cuenta con numerosos libros publicados y ha recibido varios galardones, entre ellos, el primer premio de Novela Juvenil del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón (Madrid), en 2007, por Los caminos de Piedelagua, obra por la que también recibió el Premio de la Crítica de Asturias en Literatura Infantil y Juvenil (2007); Premio de Literatura Infantil Ciudad de Málaga, por su obra La bicicleta de Selva (2010) o el Premio Ala Delta 2011 por Diente de león. También en 2011 ganó el premio Villa de Ibi por La última función.
Esta fue una lectura que me trajo calma. Y no necesariamente porque la historia es alegre, sino porque la forma en que está narrada me hizo sentir muy tranquila; sensación que fue reforzada con la belleza de sus ilustraciones.
Se trata de una forma breve de realismo mágico, a lo Gabriel García Marquez e Isabel Allende, en la que se cuenta la historia de toda una familia y su mítica conexión con el naranjo de la isla donde habitan.
Más allá de los personajes, me gustó el libro por la manera en que la naturaleza es descrita y funge como si fuera un personaje más. Fue una historia que me tocó desde lo personal y que llegó también a niveles que abordan otras reflexiones como la apropiación del ser humano sobre el medio ambiente.
Me sigue gustando muchísimo la prosa de Mónica Rodríguez, en estas páginas puede sentirse la sombra fresca del enorme naranjo, el olor dulzón de la fruta y la tragedia que enlaza a la familia de Miranda con tan asombroso árbol. Una historia que, la autora afirma, tiene dejos de realismo mágico, y sí, hay magia y fantasía mezclada muy bien con la posibilidad de lo real. Si les gustan las historias familiares con un toque mágico de tragedia, estoy segura de que puede gustarles mucho.
Hola, lectores, ya es fin de semana, estamos a mediados de agosto y a cinco meses de finalizar el año. Que fascinante es cuando pasa el tiempo muy rápido y más cuando lees historias que te atrapan completamente.
En esta ocasión les traigo la reseña de un libro particularmente adorable y que me ha encantado como no tienen idea. Estoy hablando de La isla del naranjo asombroso de Mónica Rodríguez e ilustrado por Mariana Alcántara.
Para iniciar la reseña de manera sutil, diré que la historia si bien es completamente original, el libro me ha recordado mucho a Cien años de soledad de Gabriel García Marquez. El parecido, personalmente, creo está presente por la narrativa y lo mágico que resulta el mundo creado por la autora.
A pesar de lo mencionado previamente, quiero dejar claro que la historia se sostiene por sí misma en todo momento.
Como la sinopsis menciona, esta es la historia familiar de Miranda, quien habita en una isla a la cual sus familiares llegaron muchos años atrás. Los sucesos se originan cuando el primero de sus antepasados siembra una semilla en la isla, dando vida a un naranjo, el primero que los habitantes de la isla han visto en sus vidas.
Con el paso de las generaciones el naranjo se vuelve no solo un fruto delicioso, sino que adquiere un gran valor mercantil. La familia vende la fruta al gobierno, al ejército, a la población en general. Sus semillas son moneda de cambio e inclusive, las jóvenes se casan con las flores del naranjo.
Sin embargo, como en muchas historias, un evento desencadena acontecimientos inesperados. En este caso, el hurto de una naranja, una semilla de oro y la llegada de un misterioso habitante a la isla.
Algo que me ha encantado de la novela, fue lo bien descritos que eran los personajes. Por más alejados de la realidad que eran, mantienen una esencia y misticismo en su forma de ser y actuar que por momentos me apasionaba y por otros me desesperaba. Estas peculiaridades me mantuvieron pegado a las páginas.
Realmente mi calificación sería algo como un 3.7. La prosa de la autora es bonita y las ilustraciones que acompañan el libro son maravillosas.
Y aunque la maldición del naranjo y el árbol genealógico que se entreteje a su alrededor es interesante, a veces parece que la historia da vueltas sobre sí misma o que no termina de llegar a buen puerto. Por momentos la historia se pierde en los detalles y en otros hasta te preguntas cual es el objetivo del cuento.
Las descripciones son bonitas y llegas a oler y saborear las naranjas mágicas que allí residen o hasta quizás sentir el mar pegando contra la piel salada. Sin embargo, al estar dentro de la categoría de literatura para jóvenes lectores, me parece que puede llegar a ser algo enredado y poco interesante para este público.
Justo como dice la autora al final de libro, habité esta isla por un par de días pero con la certeza de volver a ella de nuevo más adelante.
Me gustó mucho el viaje que pude hacer gracias a las referencias a distintas historias, principalmente a las de Gabo y más puntual, a la historia de los Buendía.
Leyendo el libro uno no puede evitar pensar en su propia historia y en cómo llegó a donde está.
También es muy bonito que a pesar del tono final la historia deja una sensación de tranquilidad y de ganas de comerse una dulce y jugosa naranja.
Qué increíble todo lo que hace Mónica Rodríguez en este libro. Desde el inicio, nos deja entremeternos en la historia familiar y también del naranjo. Aquí hay drama, herencias, relaciones familiares, amores, sabores, olores, sueños e, incluso, toques de locura que nos llevan hacia el mar y hacia ciertas obsesiones.
Me encantan los toques de realismo mágico que están presentes, y también me gusta el mensaje que percibí sobre cuidar y respetar la naturaleza y el mundo, o si no, existirán otras maneras en las que ella logrará hacer justicia para defender su terreno, su propia vida.
Es un libro muy lindo, la historia y la forma de narrarla me recordó a las de Gabriel García Márquez lo cual fue muy especial porque sus historias siempre tienen profundidad y sentimiento. La trama generacion fue interesante, todos los personajes y como se iba entrelasando la historia con la isla fue muy buen enfoque, me hizo disfrutarlo.
La ilustración también fue increíble y se unía demasiado bien con la narración, le dió más sentimiento a la historia.
Al leer este hermoso libro sentí mucha ilusión por esta historia fantástica y hermosa, un cuento en dónde todos los personajes parecen posibles, incluso equilibrados y sobretodo humanos. La escritora hace un trabajo excepcional en la manera de presentarnos este mundo; a título personal puedo escribir que me transporté a la Isla y la viví intensamente durante mi lectura.
Historia fantastica y extremadamente rara. Sin duda despertó muchos sentimientos en mi interior y me mantuvo pegado al libro hasta el final. Sin embargo, como muchos de esos sentimientos sin duda eran negativos, no lo recomiendo.
La forma en que se describen más cosas te cautiva desde el inicio, y te hacen desear estar en ese lugar y disfrutar del rico aroma del azahar y de una naranja jugosa.