Esta colección de cuentos fue la segunda obra publicada de Skármeta (1969). Aunque fue distinguido con el Premio Casa de las Américas y su temática -particularmente los cuentos protagonizados por deportistas, bailadores de tango, estudiantes pobres becados en el exterior- y estilo rebelde, delirante y desinhibido de flujo de consciencia ("stream of consciousness") tiene un fuerte aire de familia con escritores del llamado boom latinoamericano como Julio Cortázar y, en menor grado Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Alfredo Bryce Echenique y Francisco Massiani. La similitud con Cortázar no puede considerarse casual dado la tesis de postgrado que Skármeta elaboró en Estados Unidos entre 1964 y 1966 versó sobre Julio Cortázar.
El protagonista-narrador de varios de los cuentos oscila entre la inseguridad del adolescente y la fantasía narcisista y omnipotente de machista acomplejado (El ciclista, A las arenas, Una vuelta en el aire, Final del tango, Basketball).
Esta colección me hubiera impactado más de haberla leído antes de, digamos, los mediados de los años 1980. Hoy en día, preferiría remitir al lector interesado a lo que considero son las obras mucho más contundentes y efectivas de los otros autores mencionados anteriormente: de Cortázar, la colección de relatos Bestiario (1951) -particularmente los cuentos Casa tomada, Carta a una señorita en París, Cefalea, Las puertas del cielo, o el cuento El Perseguidor de su colección Las armas secretas (1959), de Vargas Llosa, La tía Julia y el escribidor (1977) o incluso su primera colección de cuentos Los jefes (1959), de Fuentes La muerte de Artemio Cruz, de Bryce Echenique Un mundo para Julius (1970) y de Massiani Piedra de Mar o su cuento Un regalo para Julia (1991).