Ciudad de Palma, años 80. Cada esquina del barrio chino tiene una historia que contar. Gabi, el aún adolescente protagonista, deambula por las calles de su pequeño mundo junto a sus amigos Benjamín, Arnaud, Falen, Ramos…, tratando de entenderlo y de entenderse. Así, prueba las drogas, descubre el sexo, se refugia en la literatura y el dibujo, se siente más unido a sus amigos que a su propia familia, descubre que las diferencias sociales son también fronteras, y que éstas, a veces, son infranqueables. Éste es el marco en el que se mueve Historias del barrio, una novela gráfica realizada a cuatro manos entre Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí, que ha sido merecedora del I Premio de Cómic Ciutat de Palma.
Me ha gustado la forma en que Gabi Beltrán elabora este relato autobiográfico: sin romanticismo, crudo, con una fealdad implícita en el ambiente que se hace tangible a través de la parte gráfica de la novela y que, sin embargo, de algún modo conquista al lector. La estructura del relato como varios fragmentos no relacionados también me parece un acierto. Desde el punto de vista gráfico, me los trazos y el estilo que utiliza Seguí me han parecido perfectos para la historia narrada.
Estas historias de chico diferente en un ambiente lumpen se han contado muchas veces, pero en este caso no sólo están muy bien contadas sino que la poética de las mismas te emociona con frecuencia.
Me ha gustado mucho. Me he acordado de Las leyes de la frontera, de Javier Cercas. La descripción de la vida en el barrio y la insularidad en los años 80 en Mallorca es muy realista, aunque yo no conocí esos entornos. La claustrofobia se palpa en cada página y no sé si el deseo de huir, como se indica en la contraportada.
Una historia absorbente escrita desde dentro. Dado que la acción ocurre en torno a inicios de los años 80, trae a la memoria - al menos en mi caso - el costumbrismo de esa época de la transición y el destape. Me hace pensar, cuántos barrios en la España de la época eran como el barrio Chino del protagonista, y cuántos lo siguieron y siguen siendo ahora. Y lo difícil que poder salir de ellos. A lo largo de las páginas para mí fue relativamente imaginarme los sentimientos del autor/protagonista durante esos años que unos recuerdan de forma trágica y otros menos.
This entire review has been hidden because of spoilers.
Los recuerdos de adolescencia de Gabi Beltrán están llenos de una autenticidad que, sumada al evocador dibujo de Bartolomé Seguí, consigue no solo trasladarte al barrio chino de Palma de Mallorca en los primeros ochenta, sino también hacerte vivir la dureza y el romanticismo de aquel momento.
Realidad sin anestesia. Aunque el autor me lleva diez años, si has vivido en un barrio cerca de un puerto, hay cosas que has visto o vivido sí o sí. Sinceridad brutal y descorazonadora en todas estas historias del barrio. Lo leí hace unos años y vuelto a buscarlo porque me dejó huella.
Ha sido como viajar a una Palma que no estuvo callada. Como callejear por un pasado que sigue brotando en las palabras de mis padres. Como conocer a una persona de mirada honesta y palabras precisas.