Tres estrellas que bien pudieron ser dos; eso estuvo sujeto a mi sentido de gratitud, supongo. En Luna roja, Miranda Gray intenta explicar la relación entre el ciclo menstrual y las fases de la luna; algo que no es nuevo para mí ni para los grupos originarios, es un conocimiento ancestral. El libro arranca con un mosaico de mitos en forma de historia de formación que resulta bastante infantil e innecesario (por no decir que me resulta antipático). Luego, ella explica cada una de las fases lunares y cómo estas se relacionan con el ciclo menstrual, las que a su vez rotula con un arquetipo: virgen, madre, hechicera y bruja. No sé si todo empieza cojeando para mí cuando no me siento reflejada en las actitudes que tienen las mujeres, y los hombres, con la menstruación que ella presenta en el libro. Yo crecí y vivo en un medio machista: mi familia a su modo, y aunque no es la que más, es machista, estudié una carrera y pertenezco a un gremio machistas, el país en el que vivo es machista, el estado colombiano es machista, el dogma religioso que heredé es machista, pero no por ello rechazo mi periodo, ni me siento en desgracia y nunca ha sido un tabú en el medio en el que me desarrollo; incluso a veces me siento como un personaje, el de “la mujer que habla de su periodo”.
Leí el libro porque quería encontrar una explicación profunda y detallada de la relación de la luna con el ciclo menstrual y poco de eso encontré. Me parece que el libro se alimenta de reiteraciones y de mucho relleno (aquí diríamos carreta, mucha carreta) eso sin decir que los arquetipos son unos intervalos (sí, intervalos más que personajes) tratados de forma arbitraria y superficial. Y es que el libro es superficial a tal punto, que hay un apartado en que ella sugiere no rechazar el dolor y por ende no ingerir analgésicos, una indicación que desconoce la diversidad de experiencias que viven, vivimos muchas mujeres. Es que las mujeres no tomamos analgésicos por flojas, hay dolores tremendamente fuertes, que me parecen tan validos como los dolores que tenemos muchas mujeres con patologías (dolores provocados por patologías, no por rechazar el periodo o por ponerse un tampón) sin ir muy lejos, hace poco casi termino en urgencias porque el dolor fue tan intenso que no lo pude controlar con una sobredosis de analgésicos y relajantes musculares y, además, me impedía respirar bien; quiero aclarar que tengo 40 años y desde la primera menstruación tengo dolores fuertísimos, y tomar pastillas no me hace menos consciente de mi periodo ni menos berraca. Es cierto que Miranda Grey no puede contemplar todas las situaciones femeninas, pero con solo hacer mención de estos casos hubiera sido amable e incluyente.
En definitiva, no me encontré con el contenido de este libro y me parece que no se pierden de mayor cosa si no lo leen, aún cuando esté escribiendo estas líneas en el mismo momento que lo haría Miranda Gray.
Y pues la gratitud de las tres estrellas, se traduce en dos cosas:
1.Me inspiró a prestarle atención a mi periodo y a las fases de la luna. He empezado a hacerle seguimiento gracias al ejercicio del diario, y he logrado identificar un par de cosas en mí.
2. Me ha ayudado a permitirme estar inactiva en esos dos o tres días en los que el periodo me mantiene en cama. Ya lo entiendo y lo acepto, porque generalmente a una se le exige ser productiva siempre; no hay incapacidades ni excusas para no producir durante el sangrado, no importa tu estado, hay que trabajar y continuar y, creo que eso hace que me mantenga exigiéndome todo el tiempo y el reposo en esos días era algo que me producía conflicto. Bueno, mientras pueda trataré de vivenciar mi periodo como el cuerpo me lo pida, así el estado o las leyes no le permitan esa licencia a las mujeres, con que nosotras lo aceptemos y nos la demos cada vez que podamos, será un buen comienzo.