La admiración que el autor siente por sus dos hermanos mayores le lleva a investigar en sus vidas, desde la infancia hasta la madurez, y descubrir qué sucedió entonces y qué relación tienen los hechos de antaño con el presente, y cómo explican la propia historia familiar. Miguel y Eduardo, que así se llaman, sintieron la vocación y se marcharon de casa para entrar en dos órdenes religiosas diferentes. Si en el caso de Miguel fue una vocación real, en Eduardo las razones de su marcha son de otra índole. Gonzalo Celorio cuenta en Los apóstatas las vidas de estos dos hombres, con sus luces y sus sombras, primero desde su visión de niño ―el pequeño de una familia de doce hermanos― y después, ya como adulto, buscando respuestas a las cuestiones que le han asaltado a lo largo de toda su vida.
Cursó la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, la maestría y el doctorado en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, de donde es profesor desde 1974. Entre sus obras destacan Amor propio, 1991; Y retiemble en sus centros la tierra, 1999; Ensayo de contraconquista, 2001, Tres lindas cubanas, 2006, y Cánones subversivos. Ensayos de literatura hispanoamericana, 2009. Fue director general del Fondo de Cultura Económica de 2000 a 2002; de 1998 al 2000, director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, y coordinador de Difusión Cultural de la misma institución de 1989 a 1998.
Ha sido galardonado con diversos premios, entre los que se encuentran: Orden por la Cultura Nacional 1996, otorgada por el Ministerio de Cultura de Cuba; el Prix des Deux Océans 1998, y el Universidad Nacional en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura 2008, y el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Es miembro 2 de la Academia Cubana de la Lengua.
Todo me fascina. Primero que nada, la gratísima sorpresa de descubrir a un autor que escribe increíblemente bien, pareciera que no le cuesta trabajo contar su vida, la de sus hermanos, las de su familia. Pero si le cuesta, emocionalmente, hacerlo, lo dice él mismo. Segundo, la historia. La familia. No puedo dejar de pensar el desperdicio que hubiera sido si entre esos doce hermanos ninguno fuera escritor, y dejara huella de sus andanzas. Pero claro, ninguna vida es desperdiciada, y seguramente hay millones que valen la pena contarse, pero cuando existe la valentía y la destreza para hacerlo, como en este caso, se agradece tanto! Tercero, me encanta (y por eso lo compré), el título. Me llamaba la atención saber sobre la gente que públicamente se aleja de su religión. Y encontré suficientes razones para ello. Doloroso.
Y me impresiona su memoria, su tenacidad, su honradez y su humildad.
Ya después me entero que no solamente es un premiado escritor, sino una figura importante en la cultura del país.
Lo seguiré leyendo. Lo buscaré para felicitarlo. Lo amo.
Un profundo relato familiar sobre dos de los hermanos del autor. En el mismo relato, el autor nos va contando qué tanto descubrió y que tan fuerte ha sido escribir sobre sus hermanos. Un relato lleno de historia familiar, de cariño, de historias de vida y de amor.
Los apóstatas es un libro cuasibiográfico sobre dos hermanos del autor, usando recuerdos de su infancia, así como entrevistas (escritas u orales) con los propios hermanos y sus respectivas parejas y otros conocidos.
Gonzalo Celorio narra de forma entretenida los diferentes eventos a lo largo de la vida de sus hermanos, partiendo de una educación religiosa que se diluye poco a poco. Creo que en ocasiones enaltece demasiado las virtudes de sus hermanos (y de otros miembros de su familia), lo cual es esperado por el conflicto de interés y el inevitable sesgo familiar, aunque en ocasiones intenta compensarlo con los comentarios de otras personas que lo conocieron.
Si bien es un libro entretenido, tras leer otras reseñas me parece que el libro está sobrevalorado; definitivamente no es una novela (pese a que G. Celorio lo califica como tal en reiteradas ocasiones de forma innecesaria) pero también carece de muchos elementos para ser considerado una biografía en forma, dando como resultado una mezcla incompleta de ambas. Sí, la narración es interesante, pero francamente se podría lograr lo mismo con la historia de muchas otras personas.
¿Cómo trabajar la autobiografía sin mostrarse aburrido?
Hay gente que dice que detrás de cada persona hay una historia, pero esas historias no son siempre interesantes, cabe decir. También sucede que quien lo relata no sepa cómo expresarse para enganchar al lector.
Aunque uno de mis deseos en la vida es leer a más mujeres escritoras, no pude evitar leer a Gonzalo Celorio quien fue uno de mis profesores en la carrera de Filología Hispánica en México. Más allá de mis recuerdos del aula, leer sobre la vida de alguien a quien puedes poner rostro a la historia, puede difuminar las ideas que se tienen de él.
En una especie de apología sobre su trato a mujeres y las relaciones con su sexualidad y paternidades que abandonan, Celorio retrata la vida de dos de sus doce hermanos, solo para darse cuenta de lo poco que los conoce y de lo poco que sabe de sus vidas.
Atravesar las historias de otros para encontrarse a uno, ese parece ser el trabajo literario de la autobiografía.
Me gusta mucho como escribe Gonzalo Celorio, creo que su prosa es muy fluida y nada pretenciosa. He tenido la fortuna de leer "Tres lindas cubanas" y al terminar esa novela dije: "Excelente".
Desafortunadamente no es el caso de "Los apóstatas": mi madre decía "Una vez hace gracia, dos ya no tanto, la tercera es payasada"
Esta parece ser una novela de "denunciahomenajecatarsis" que se rescata únicamente por la prosa de Celorio; pero el que prácticamente durante toda la novela se pase justificando/lamentando haberla escrito ha resultado cansino a mi parecer.
Además, no contento con haber escrito 3 novelas sobre su familia deja abierta la posibilidad de escribir una más que definitivamente no pienso leer.
Insisto: las 3 estrellas son debido a que a pesar del fondo, la forma vale la pena.
Una novela magníficamente escrita, que nos revela página a página las complejidades que atraviesa la vida familiar del autor. Por momentos, da la sensación de que es la propia novela la que se escribe a si misma e interroga al escritor, sin embargo, la mano de Gonzalo Celorio consigue dirigir la narración hacia donde él quiere sin que el resultado sea pesado, rutinario ni aburrido. En algunas cuestiones, me quedé con ganas de más, aunque de conjunto me parece un libro cinco estrellas. Sin duda se trata de una de las novelas del año 2020 y la recomiendo fervorosamente a todo el mundo.
Llegué al libro de forma algo circunstancial y comencé a leerlo casi unicamente como probable referencia bibliográfica. Sin embargo muy rapidamente me atrapó la historia y forma de contar de Gonzalo Celorio, en donde nos permite conocer las particularidades de su familia y sobre todo de dos de sus hermanos, sus tragedias y triunfos, sus muy especiales formas de ser y aventuras, y segun va a avanzando, también su decadencia y sus fracasos. Esto último, fue el momento que quizá me impactó y me llegó sentimentalmente, porque todos estamos en ese riesgo, que nuestros planes, nuestras decisiones, nuestros proyectos, no tengan el final que quisimos o merecimos. Muy buen libro.
Una joya literaria, que merece ser releída tanto por sus referentes literarios como por su elegancia narrativa. El autor nos deleita con esta novela desde una perspectiva de hijo o hermano menor, por la nostalgia de lo que fue y que solo a través de la tinta queda de alguna manera rescatada. Los matices sentimentales que se desbordan en la novela son evidentes, por un lado se comparte la rabia por los abusos; nostalgia por las interrogantes del niño frente a la madre en cuestiones religiosas; admiración por una madre de 12; amor por aquellas palabras que elevan hasta al cielo a Miguel. Hay también un grado de comicidad por su vocho, los tacos de chilorio y el latín que salva vidas, que solo leyendo la novela se aventura en lo mencionado. El maestro Celorio es un escritor completo, un relojero de precisión, que trabaja las novelas como quien erige pirámides.