El bagaje cultural de Michel Onfray es extensísimo. La envidia me corroe. No sabría nombrar dos autores de sus extensísimas referencias… Claudico a apuntar en mi cuaderno notas que me van abriendo la mente, pero no soy capaz…
Habla de ópera, de chamanes, de antropólogos, de performances, de poetas, de biólogos, de físicos, de músicos, de santos, de religiones, de filósofos…
El amplio espectro que recorre para su primer libro de una trilogía es tan basto como su título: Cosmos. Me bastaría haber leído su conclusión, es maravillosa. Pero hay que leerle para abarcarle en un abrazo y ver sus motivaciones. Su mujer, su padre, su educación, su cultura, sus amistades…
El acercamiento, el modo de acerarse, de curiosear todo. Envidio su capacidad de retención de todo lo vivido, lo leído, lo estudiado, lo atrapado en sus experiencias… Todo eso, a mí, se me escapa entre las neuronas hechas con estropajo usado y deteriorado por el agua de un río demasiado intoxicado por la urbanidad hedonista, mal entendida.
No quiero hablar de mi trayecto. Leer el primer episodio de su trilogía, a pesar de todas nuestras diferencias, abarca el mismo fin. El camino ha sido distinto, está siendo distinto. Él no me lee a mí, pero pensamos parecido.
Antes de leerle ya tenía sus ideas, su arrogante odio al judeocristianismo lo llevo de cuna, antes de mi bautizo. Pero se alagar ciertas virtudes, porque tengo una madre que, aunque no se lo diga demasiado; me ha enseñado a ver las virtudes esenciales de esa religión obviando la creencia en su dios.
No todo es malo. No todo es blanco o negro. La escala de grises en el cielo nublado también es bonita. En mi ciudad se estila la niebla en febrero y tiene su encanto. No deja ver la piedra, también gris, de los templos que enarbolan la ciudad, por encima de sus gentes.
Hoy la juventud tiene sus templos, pero son tan humanos que se juzgan y el sentimiento de culpa, puede ser también pagano. Pero no voy a concretar. Sólo quiero empezar a leer el segundo capítulo de esta obra. Deseando aprender tanto como en la primera y dejando mis apuntes en el cuaderno para el final, pues hay una extensa biografía explicada y una conclusión, digna de cada letra escrita con anterioridad.
Ha sido magnífico atreverme con Cosmos, espero deleitarme con Decadencia. Vida y muerte de Occidente; espero no salir a la calle queriendo escupir a los viandantes…
Hoy no se levanta la niebla…