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Morir de miedo

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Una terrorífica y sorprendente antología de relatos fantásticos firmados por los más destacados autores del siglo XIX francés.
Fantasmas, vampiros, espíritus, diablos, amantes que resucitan, objetos con vida propia... El mundo de lo fantástico responde a las angustias y miedos del ser humano; por medio del sueño o la pesadilla, el lector accede a las emociones que provoca la intervención de lo extraño en una realidad por lo general plana y rutinaria.
Exquisitamente traducida y prologada por Mauro Armiño, esta selección abarca relatos que, durante el siglo XIX francés, empiezan asumiendo la herencia de la novela gótica y siguen luego la evolución histórica, para rechazar, por medio de la imaginación, el conformismo hipócrita de la sociedad propuesta por la Revolución Industrial.
De Jacques Cazotte, que a finales del XVIII ya intuía presencias sobrenaturales, a Jean Lorrain y los autores de la Belle Époque, la nómina de escritores que abordaron lo fantástico incluye a los más grandes nombres del periodo —Nodier, Balzac, Gautier, Borel, Mérimée, Flaubert, Nerval, Verne o Schwob—, que testimonian cómo la fantasía creó un espacio de primera magnitud, dando así lugar a un nuevo género literario que aún en nuestros días sigue desarrollándose vigorosamente.

408 pages, Hardcover

First published January 1, 2019

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About the author

Mauro Armiño

193 books1 follower
Mauro Fernández Alonso de Armiño nació en Cereceda, Burgos en 1944 y además de traductor es escritor, periodista y crítico teatral.

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Profile Image for Julio Bernad.
496 reviews202 followers
September 20, 2025
Los galos siempre han sentido debilidad por el relato fantástico. Un siglo entero de Ilustración, de pedagogía, aleccionamiento y de sometimiento a la razón obligó a una respuesta reaccionaria tan contundente como la que movió a los primeros enciclopedistas a desterrar la superstición y la tradición de los salones aristocráticos en que se movían, que no del pueblo llano, del grueso de la sociedad. No olvidemos que el ilustrado era un pijo y hablaba a aquellos que tenían dinero o poder, que en ese entonces lo primero no daba forzosamente lo segundo. Con la llegada de la literatura gótica y de los primeros románticos, la pasión, el impulso creativo y las emociones sometieron al orden racional y provocaron la llegada de historias pobladas por castillos tenebrosos, damiselas acosadas por parientes depravados e incestuosos, presuntas apariciones fantasmales y pactos diabólicos; una buena galería de horrores blasfemos que poblaría la literatura popular francesa durante todo el siglo XIX. El excelente prólogo de Mauro Armiño, traductor y antólogo, experto en literatura francesa, explica todo esto mucho mejor que yo.

El terrorífico francés tiene una serie de particularidades que lo alejan del fantástico tenebroso anglosajón y lo acercan mucho más al poco terror que se hacía en España -no en balde, los intelectuales españoles siempre han sentido debilidad por lo galo, vaya usted a saber por qué. Ya incluso en la novela gótica se aprecia una diferencia importante. El gótico inglés se parece más a un episodio de Scooby Doo que a una novela de terror sobrenatural, pues la joven en apuros encerrada en un castillo y acosada por un familiar lujurioso será testigo de fenómenos aparentemente sobrenaturales que, al final, tendrán una explicación racional, explicación que, en muchas ocasiones, resulta más increíble que si hubiera sido obra de un fantasma; este es el caso del Udolfo de Ann Radcliffe, la gran dama gótica inglesa. El francés, o el gótico afrancesado, que en el país recibió el nombre de novela frenética, abraza abiertamente lo sobrenatural y se recrea en lo sórdido; el pacto diabólico suele ser el motor que mueve la trama, y las torturas, la mutilación y el asesinato la sal y pimienta que dan gusto al conjunto; bebían más de lo grotesco de Hoffman que del fantasmal inglés; Matthew Lewis, que aunque inglés escribía en francés, y Petrus Borel, llamado el licántropo -mote que ya dice mucho sobre su obra y su persona-, o Cazzotte, oficialmente el primer gótico francés, muerto en la guillotina durante El terror, reflejan a la perfección esta escuela. Es a partir de aquí que los escritores franceses desarrollaron su visión del fantástico.

En el terror francés no abundan los fantasmas porque, por lo general, lo sobrenatural se limita a lo demoníaco, al pacto mefistotélico, a una trasgresión de la moral cristiana que conduce al protagonista al horror y a su previsible final. La ambigüedad es lo que prima. En ese aspecto, los franceses decimonónicos nunca llegaron a desprenderse del todo del espíritu ilustrado. Es por ello que suele primar el sueño, las escenas oníricas o las alucinaciones propias de los terrores nocturnos, como en la parálisis del sueño. No son pocos los relatos que terminan como Los Serrano: con el protagonista despertando de un sueño horrible. Esta ambigüedad, esta posibilidad de explicación racional de lo sobrenatural, se nota en los dos excelentes relatos de Merimée, donde el terrorífico final podría, si somos muy retorcidos, tener una causa completamente pedestre. El género también fue evolucionando con el tiempo y adaptándose a las distintas modas literarias que se fueron sucediendo durante el siglo. En los últimos relatos se hace evidente: es el fin de siecle, los años del decadentismo, cuando regresó el gusto por lo macabro y lo grotesco, siempre y cuando lo macabro y lo grotesco se mostrara con las metáforas más exóticas y el lenguaje más sinestésico.

Morir de miedo es una antología imprescindible para el aficionado a la literatura de terror, más para aquellos que disfruten de la historia del género y gusten de estudiar su evolución que para los que solo busquen buenos relatos de terror. Porque terror como tal, aquí, hay muy poco, y no me extrañaría que más de uno se aburriera, y lo digo porque a mi me ha pasado. Al haber tantos relatos hay, también, mucha purria, muchos cuentos o fragmentos que no dicen absolutamente nada, bien porque no sean de buena calidad o porque descontextualizados pierdan fuerza. Pero hay algunas obras maestras del género que, por si solas, merecen la compra de esta antología. Aunque hay ausencias curiosas: ¿por qué no se ha incluido nada de la dupla Erckmann-Chatrian? Quizá su sensibilidad alsaciana estaba más cerca de lo germano que de lo galo y por eso Armiño prescindió de ellos. Sea como fuere, La araña cangrejo es de los mejores relatos fantásticos que he leído nunca, así que atentos a la reedición que Valdemar sacará este octubre de 2025.

Los relatos contenidos en esta colección son los siguientes:

La iglesia de Honore de Balzac (*): un hombre tiene visión alegórica de la decadencia de la iglesia representada por una anciana. En vez de esta chorrada yo hubiera metido El elixir de la larga vida, de lo mejor del Balzac fantástico.

La cafetera de Teophile Gautier (***): en una velada con amigos, por la noche, un joven artista tiene un sueño en que se enamora de una joven. A la mañana siguiente, al ver que no despierta, sus amigos acuden a su habitación y lo encuentran vestido de novio y abrazado... ¡a una cafetera!

El ojo sin párpado de Philarète Chasles (****): en la noche de Halloween, un grupo de labriegos escoceses se reúnen para cenar, beber y compartir las distintas supersticiones propias de la fecha. El protagonista, un hombre dejó morir a su mujer por los celos que sentía, se une a los juegos y decide preguntar al espejo por el rostro de su siguiente mujer. El espejo se la mostrará, y recibirá de su propia medicina.

Onuphrius de Théophile Gautier (**): el joven artista Onophrius vive fascinado por las leyendas románticas, la brujería y la demonología. Tal es su pasión que se verá arrastrado al delirio por los poderes que tanto admira.

Don Andreas Vesalius, anatomista de Petrus Borel (****): en la España de Felipe II, el médico Vesalio, ya anciano, se ha labrado una siniestra fama: las gentes de Madrid le achacan todas las extrañas desapariciones que han ido ocurriendo en la capital. El galeno se desposará por una joven de la capital, a la que pronto dejará por sus estudios. La esposa se entretendrá con varios amantes a espaldas de su marido.

Ónfale de Teophile Gautier (***): un adolescente a punto de convertirse en adulto pasa una temporada en la mansión de un tío suyo que tiene una gran colección de arte hortera. Uno de esos cuadros pertenece a una antigua condesa. Una noche, la condesa, vestida a modo de Ónfale, se le presentará en su alcoba y le confesará su amor.

La Venus d'Ille de Prosper Merimee (*****): en el pueblo de Ille un hacendado, aficionado a la arqueología, descubre una estatua de bronce de Venus al excavar en sus tierras. El ídolo no da buena espina, y la población se muestra recelosa de su rostro, aparentemente malvado. Un erudito parisino es invitado para estudiar la estatua y, de paso, acudirá a la boda del hijo del hacendado.

Sueño infernal de Gustave Flaubert (**): un sabio inmortal, incapaz de sentir placer, busca la muerte, por lo que recurre a invocar al diablo. El diablo, que no se cree los motivos del sabio, buscará tentarlo obligándolo a enamorarse de una campesina adolescente que pasaba por ahí.

El diablo trapero de Victor Hugo (***): el diablo antes iba por el mundo con una espuerta para recoger las almas. Sin embargo, como la espuerta no tenía tapa, las almas se marchaban. Es por ello que recurrió a un odre y un cabo. Sin embargo, un día un ángel le lanzó una maldición: no podría levantar su odre cargado de almas salvo que un santo le ayudara.

El monstruo verde de Gerard de Nerval (**): un extraño suceso en una casa obliga a llamar al oficial de policía de policía que, al llegar al lugar, se sorprende al descubrir cómo todas las botellas de una bodega están bailando. Al detenerse el fenómeno, el alguacil toma una botella de vino verde para brindar junto a su esposa. De aquella noche de vino y rosas nació un niño con cola y completamente verde.

El hombre de los sesos de oro de Alphonse Daudet (***): al poco de nacer, el protagonista se le escurre de las manos a su tio y cae al suelo. Lejos de herirse, esta caída pone de manifiesto la singular condición del bebe: tiene el cerebro hecho de oro macizo. Conforme crezca irá descubriendo como, más que un don, su sesera de oro será una maldición.

Lokis de Prosper Merimee (****): un erudito viaja a Lituana para empaparse de la lengua jmuda. Allí se alojará en la mansión de un conde local, cuya madre enloqueció cuando al poco de nacer él debido al ataque de un oso. El conde en cuestión, un joven bien parecido y a todas luces normal, no es tolerado por los animales y, en ocasiones, muestra un comportamiento errático.

Vera de Villiers de L'Isle-Adam (*****): la mujer del conde De Athol ha fallecido luego de seis meses de matrimonio, seis meses de amor incondicional. El conde, incapaz de asimilar lo ocurrido, asume que, en realidad, su mujer no ha muerto, sigue habitando la casa junto a él.

Aparición de Guy de Maupassant (****): el amigo del protagonista, recién enviudado y muy afectado por la pérdida, le pide el favor de que vaya a su castillo a recoger una serie de documentos guardados en la cámara nupcial. Cuando acude a cumplir el recado, se encuentra al servicio muy alterado.

Fritt-Flacc de Jules Verne (***): un doctor avaricioso, el mejor de la localidad, recibe el llamado de acudir junto a un paciente. Demasiado pobre para poder pagar sus servicios, el galeno se niega a acudir. Una colecta logra reunir la cantidad necesaria para sacar al doctor de su casa. Cuando acuda a la casa del enfermo se encontrará a un paciente muy especial.

La virgen de hierro de Edouard Dujardin (***): una pareja de enamorados acude a una exposición de la inquisición. Allí se plantarán frente a una dama de hierro, y la visión del instrumento despertará en el novio un impulso perverso.

La puerta de Jules Lermina (**): cuando se va a acostar, el protagonista se obsesiona con algo que intenta forzar su puerta para entrar a su dormitorio.

El manzano de Jules Lermina (***): luego de estrangular a un hombre para quedarse con su dinero, el protagonista se dispone a disfrutar de su botín. Entonces, el único testigo del crimen, un manzano, comenzará a seguirle.

Beatrice de Marcl Schwob (****): el protagonista se dispone a abrirse las venas para poder volver a ver a su enamorada, Beatrice.

El relato de la dama de los siete espejos de Henri de Regnier (***): con su padre a punto de morir, una joven será testigo de los nuevos y singulares habitantes que se han mudado al jardín de su mansión.

Los agujeros de la máscara de Jean Lorrain (**): un hombre acude a un baile de máscaras. Allí, hará un descubrimiento terrible referente a la identidad de los invitados.

Reclamación póstuma de Jean Lorrain (****): un artista ha hecho una réplica decapitada de una madonna de Donatello, un crimen horrible por amor al arte. Una noche, alguien vendrá a reclamar la cabeza.

Los otros ojos de Jean Richepin (*): un joven solitario y taciturno exige a un abad que le permita abrir sus "otros ojos", aquellos con los cuales poder ver el alma de las personas.

El enemigo de Jean Richepin (*): un joven aparentemente alienado acude al médico para explicarle que alguien le persigue y sabotea todas sus empresas.
Profile Image for Ignacio Senao f.
986 reviews53 followers
September 13, 2020
Interesante tan solo para conocer la base de terror francesa. Morir de miedo no te va a pasar, de aburrimiento quizás.
133 reviews
February 26, 2025
Lectura para Halloween-
Mauro Armiño ha recopilado hábilmente 28 de los mejores relatos del género terrorífico provenientes de la literatura francesa del siglo XIX. Una fantástica colección de miedo que no envejece, con historias sobrenaturales, macabras e insólitas capaces de provocar pesadillas a cualquier lector.

Esta antología terrorífica comienza por el romanticismo francés, influenciado por Hoffmann y Edgar Allan Poe, en donde se entremezclan la realidad y el sueño creando un ambiente extraño, con relatos de Cazotte, Borel y Nodier que comienzan a explorar los temas macabros en la literatura francesa con fantasmas, demonios y delirios. Luego prosigue con grandes exponentes del género ‘realista fantástico’: entre ellos Hugo, Balzac, Gautier, Mérimée y Flaubert, quienes anclados en la realidad, siembran inquietudes en el lector dejando una posibilidad de explicarse los angustiosos hechos en lo sobrenatural.
Armiño nos lleva luego a la literatura fantástica estandarizada que mezcla elementos folclóricos con lo demoníaco y sobrenatural, con autores como Balzac y Maupassant; para finalmente cerrar con relatos de la Belle Epoque a través de la pluma de Jean Lorrain y Jean Richepin entre otros, que nos demuestran que el vicio y la enfermedad moral representan el infierno en vida a través de perversidades, obsesiones y falsas apariencias.
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