Este libro me deja una sensación muy contradictoria. Muestra cómo unx puede estar muy de acuerdo con la premisa de un libro pero a la vez estar muy en desacuerdo con su exposición, tono y comentarios.
Cuando compré este libro no conocía aún a Jon Illescas, simplemente andaba por una librería hojeando libros y cotilleando aquellos que me despertaban interés cuando me topé con este libro, que justo trataba un tema que siempre he discutido y me interesaba bastante. Me lo he leído finalmente casi año y medio después de haberlo comprado, y para entonces he oído a bastante gente hablar de Jon Illescas y yo mismo he leído muchas de las chorradas que suelta en las RRSS y en entrevistas. Sigo sorprendido de nuevo ante ese siempre inesperado pero necesario momento de comprensión de que personas con las que difieres en mucho y te pueden producir hasta repulsión, comparten una tesis contigo. Y quizás está sonando todo esto muy exagerado, porque Jon Illescas no es un ogro, pero representa parte de ese colectivo de comunistas que están generando un movimiento verdaderamente reaccionario al creer que por el hecho de existir el pink washing, el feminismo liberal o el green washing, todas esas ideas son cosas "posmos" y menos importantes que otras, puestas ahí por el capital para dividir a la clase obrera. De hecho me gusta de Illescas que incluso en algún tweet le he leído criticar a los Leninistas y Stalinistas. Pero bueno, vayamos al libro.
La tesis principal que defiende y que creo que es difícil no defender, es que la educación que reciben las personas más jóvenes de nuestra sociedad a través de las redes sociales, la música mainstream y normativa, las películas, videojuegos, etc, es nociva (tóxica como lee el título del libro). Jon Illescas hace un trabajo excelente indagando detrás de las consecuencias que llevan a esto, y nos muestra en carne viva lo que se esconde detrás de la industria de la música y el videoclip. Nos desgrana las conexiones empresariales y políticas dentro de un mundo que se vende como apolítico pero que por supuesto no lo es. Además, como profesor, Jon también nos enseña muchas reflexiones de sus alumnxs, muchas pequeñas ideas que nos acercan al microcosmos que se está creando en la cabeza de estxs gracias a esta educación tóxica. Me ha gustado mucho, aunque a mucha gente le pueda parecer "cringy", el suplemento a color que hay al final del libro que sirve de panfleto de estudio de la cultura actual visto desde una imaginada sociedad futura. En resumen, Jon consigue en este libro un muy bien logrado, completo, exhaustivo (ha trabajado muchísimas horas analizando videoclips, letras y toda la industria) del panorama musical y cultural que rodea a lxs jóvenes de la Generación Z e incluso millenial. Todo esto bajo un prisma y filtro de análisis con perspectiva de clase, lo cual me parece especialmente útil y necesario.
Ahora bien, hay muchas otras cosas que no me han gustado del libro y que me parecen importantes, especialmente cuando vienen de una persona que se mueve en un ambiente pedagógico y que es educador. Lo más "nimio" aunque visual, es que Jon llene del libro de oraciones y palabras en negrita y de muchas otras en mayúsculas. Pero es que esto viene acompañado de un tono condescendiente y que denota un alto grado de elitismo y, algunxs podrían juzgar incluso como, narcisimo cultural. Yo opino como él que la música que escucha la gran parte de la juventud es una basura. Es una bazofia que promueve valores contrarios a la ética que para mí es valiosa como persona progresista y anticapitalista. Pero si quiero escribir un libro que sea 1) un ensayo serio y 2) que se acerque a un público general, la elección de ese tono te desacredita en los dos ámbitos. Además de este tono que critico, puedo criticar también bastantes elementos del discurso de Jon que me apena que tenga, y más después de compartir como comparto con él tantos otros de su discurso de clase y marxista. Entre éstos encuentro una versión reduccionista y falaz de la mujer, llegando incluso a justificar un comentario sexista poniendo en las referencias bibliográficas un libro desacreditado y rebatido mil veces como "Sex at Dawn". Y por supuesto su visión que ya he señalado de que el "posmodernismo" (que utiliza como tantos otros comunistas de esta peligrosa nueva reacción sin tener el más mínimo sentido más que ser un portamanteau reduccionista) está aquí y allá, cosa que me apena que siga haciendo en Twitter. Por último, me parece que queda muy desaprovechado el potencial de indagar en la psicogénesis del gusto y uso de esta música entre la población que la escucha, porque ahí está la raíz más importante que nos puede ayudar a deconstruir este hábito tóxico y que sean lxs propixs consumidores lxs que salgan de él.
Recomiendo la lectura de Educación Tóxica, pero me remito a mis críticas de más arriba porque como digo, su tono y perspectiva de análisis peca mucho a la hora de conseguir los objetivos que creo que se deberían de tener en mente a la hora de presentar un tema como este.