Esta no es la historia de un rico que regala lo que tiene y se dedica a la oración; es la historia de una persona que aumenta su riqueza, siendo cada vez más espiritual. Luego de sus bestsellers, Hábitos de ricos (2016), Menos miedos, más riquezas (2017) e Ideas millonarias (2018), Juan Diego Gómez nos sorprende con una revolucionaria combinación de espiritualidad y dinero, en la que los dos términos no son excluyentes, sino que se complementan y nutren mutuamente. Con su particular estilo, directo, irreverente y profundo, Juan Diego nos muestra que para crecer económicamente es indispensable cultivar una rica vida espiritual y que ambas cosas no riñen. La filosofía detrás de esta polémica y atrevida forma de vida, y su aplicación práctica, para que tú también la vivas, es el propósito de El día que Dios entró al banco.
El día que Dios entró al banco es un libro en el cual Juan Diego Gómez pretende explicar porqué prosperidad económica y Dios no son dos aspectos mutuamente excluyentes. Para ello, citando grandes pensadores como Goethe y Nietzche, da cuenta de por qué, contrario a la creencia religiosa, dinero y espiritualidad se complementan para dar cumplimiento a lo esperado por Dios del ser humano.
Reitera continuamente en lo que respecta a la obligación del prospero de 'dar'. Sin embargo, dar no tiene nada que ver con alimentar al hambriento o dar de beber al sediento, sino en brindar las posibilidades al necesitado de que aprenda a pescar, para que no viva esperando que le sea dado el pez.
Haciendo siempre alusión a su respeto por la diferencia de creencia, irónicamente, Juan Diego minimiza la moralidad del no creyente, dado que considera que al no rendirle cuentas a un ser superior, no es posible que un ateo pueda ser autocrítico y de buen actuar.
Cuestiona también el rol de la iglesia en la creación de la mentalidad de pobreza, además de considerar que ha tergiversado las escrituras para empobrecer al pueblo y mantenerlo sumido en la miseria.
En conclusión, y a consideración personal, es: 1. Un libro superficial que continuamente pierde el hilo del tema. 2. Una propuesta interesante que no se supo aprovechar. 3. Una repetición de la repetición que fueron los anteriores libros.
El día que Dios entró al banco es un libro sobre motivación, inspiración y espiritualidad.
Es interesante como Juan Diego, por medio de otros personajes históricos, explica varias lecciones de vida; sin embargo, al colocar extractos enteros de otros autores, siento que perdía el hilo del libro y se volvía muy repetitivo y aburrido. Por otro lado, al leer lo que el autor escribía directamente, la lectura se volvía mas amena y entretenida.
En cuanto a contenido, esperaba que hubiera una conexión entre Dios y la riqueza, pero en este caso, existe una repetición reiterada sobre Dios que puede llegar a cansar al lector.
Pienso que es un tipo de lectura tranquilo y sin gran complejidad. Existen varias pepitas de oro (especialmente en frases) que pueden llegar a tocar la vida del lector. No es de los mejores libros que he leído en este 2020, pero sin duda me llevo conmigo el mensaje principal sobre Dios-Riqueza-Espiritualidad.
Si te encuentras en un momento de bloqueo lector, poca motivación o inspiración, te recomiendo leerlo para volver a activar esas ganas cumplir tus sueños!
Muy entretenido. Un ritmo muy agradable. Excelente para confirmar dónde coincidimos y celebrar aquello que nos une y nos demuestra que podemos alcanzar nuestro máximo potencial.
Otro hubiera sido el insight si este "Kiyosaki colombiano", se hubiera parado en la orilla de las finanzas, su fuerte, para hablar de espiritualidad. Saliendo del que debió ser el hilo conductor, son interesantes los parangones de transformación que aporta para ser mejor ser humano.
Es un libro que enlaza la prosperidad financiera con la espiritualidad. Tiene varios aspectos que menciona constantemente en sus publicaciones anteriores, como el propósito de vida, los miedos y la superación en “Modo Hervir”, exponenciando este último con la variable de un ser superior. No solo pone a la mesa los puntos de vista del cristianismo, sino también de otras como el Budismo y el Islam sobre la prosperidad. Aunque uno no simpatice con muchas afirmaciones que se mencionan, podemos llegar a la conclusión de tomar lo que nos aporta y motiva (como el autor lo hace), según el propósito particular de cada quien que toma la decisión de tomar este libro.
Cada quien tiene su propia relación con Dios independientemente si hablas todos los días o no, varias veces o no, o si vas a misa o no. Me parece muy extraño que yendo a misa critique a los Padres que traen algún lujo. Al final los bienes materiales pueden ser parte de una situación que desconocemos, lo ideal es mantener esa humildad y servicio para apoyar al prójimo. La lectura iba bien pero eso me dejo con mal sabor de boca porque simplemente es criticar al otro en lugar de potencializar lo que hay en nosotros y generar una riqueza de corazón que podamos compartir, más allá del dinero.
Buen libro, con un gran mensaje de que la riqueza económica y la espiritual están desde sus fundamentos estrechamente relacionadas. Dios es rico por definición y eso quiere para nosotros también.
Es posible ser económicamente rico sin por tener que sopesar con algunas otras áreas de la vida.
La lectura no me atrapó del todo, pero es una buena referencia para la anímica económica.
Interesante y fascinante postura del escritor en la consecución de un mensaje preciso: Finanzas y espiritualidad van de la mano. Pero mejor aún, recordar o ser conscientes de la importancia del ser, deber ser y saber hacer. Saludos!
Creo que es un personaje muy exagerado y radical el muchas partes del libro. Iniciando porque recomienda comer saludable y dice que le encanta levantarse todas las mañana a tomar tinto con gaseosa.
Un libro que intenta conjugar la búsqueda de Dios con la búsqueda del dinero desde la propia visión del autor. No hay que buscar más allá de eso.
En su estilo entre fluido, inspirado y desordenado,da pinceladas de sus ideas personales, sus experiencias y su modo de ver su fe en concordancia con su vocación personal como trader, inversionista y formador. Tal vez no era lo que podía esperarse de su pluma, ya que, aunque da pistas, no indica un argumento lineal y contundente, sino más bien opiniones, visiones y convicciones personales. Bien por él.
Hace finalmente un llamado a dar, en lo material y en lo formativo, lo cual no deja de agradecerse, considerando el tema tratado.