Alicia Migdal ya forma parte del canon de la literatura uruguaya, pero aun así sigue siendo una forastera que habla en su propio idioma, en el lenguaje de las cosas permanentes. Experta en el arte de «contar sin contar», los personajes de El mar desde la orilla son los recuerdos, las relaciones familiares, la infancia, la soledad, el tiempo que se escapa o se precipita a la muerte. Con una intensidad poética que evoca a la mejor Marguerite Duras, la voz de Migdal se oye intacta después de más de diez años de silencio. Es una voz originaria, como modulada en un estado anterior a las leyes patriarcales del discurso; una voz que se paladea lentamente con todos los sentidos, una exquisitez literaria.
Alicia Migdal was born in Montevideo in 1947. She is a literature professor and an established literary critic. She has worked as a cultural journalist and arts` critic for some of the most important newspapers and periodicals in Montevideo. A recipient of the Bartolomé Hidalgo literary prize, she also obtained the First Prize in the Uruguayan Ministry of Culture´s annual literary contest (2010), awarded for her latest book ”In a Foreign Tongue;” a collection of works of fiction. Her novel Historia quieta (A Still Story) has been translated into French.
"Yo, obligada a los espacios pequeños, desarrollé la habilidad, a veces la trampa, de mirar fijo hacia adentro, mirar fijo hacia donde no están las cosas. Hablar, quiero hacerlo con muy poca gente, pero no sé quiénes son. Yo miro todo lo que puedo; a veces no puedo sostener la mirada sobre los otros y me pierdo de mí al retirarla de ellos. Y tengo la voz enronquecida de tanto no hablar." (p. 7).
El año pasado Alicia Migdal publica esta obra, luego de una década de silencio, su última publicación había sido en 2008,la compilación de textos En un idioma extranjero. Ella misma afirma que siempre ha sido una escritora de lentitudes.
Aquí compila una serie de reflexiones sobre temas inquietantes, como el confrontarse con el pasado, las expectativas, la muerte, las mujeres, los hombres, el amor. Asociaciones, imágenes, pensamientos que se conectan, que buscan y encuentran un hilo conductor.
Todo con una prosa muy original, poética, que tiene su propio sonido y que la propia autora asocia al jazz y a sus variaciones. Toda la obra parece estar en un límite entre una inacción aparente, estática y el bullicio interior de la narradora.
Referencias a Baudelaire, Keats, Faulkner, Darnauchans, Leonard Cohen, hacen de su escritura aún más musical.
"A lo mejor por eso me ponía escollos por delante, por ejemplo un sillón molestando el paso, para sentir el alivio de sacarlo del camino. Ensuciaba para poder limpiar. Trataba de acordarme de no llegar a mi casa. Le pedía a mi gata que me obligara a entrar al escritorio, a la mesa, a la máquina, para acompañarme a mirar con ella por esa ventana desde la que acecha a los pichones. La mayoría de la gente no se cae cuando va caminando confiada por la calle, confiada de nada, solo de su verticalidad. La mayoría no es asesinada, no sale en los informativos, no es noticia pública alcanzada por una historia; la mayoría vive."(p.13).
Hay una soledad en las impresiones de este libro que embargan. Me he demorado en sus páginas buscando algo de lo qué sostenerme, de la misma manera que lo hace la escritora. A su vez, se siente una intelectualidad que no cae en la obscenidad de la academia, una persona que ha decidido ser ella misma.