La razón por la cual he disentido con la mayor parte de los temas desarrollados por la autora en el ensayo es que mi existencia vital es completamente distinta a la suya: yo vivo en mi castillo, en el campo, con mis problemas cotidianos, mi ansiedad y mis demonios. Y soy feliz con esta vida porque es la que he elegido de forma consciente y con orgullo. Por eso a mi cuando me hablan de cosas "colectivas" me río en la cara de mi interlocutor, y cuando me hablan de "privatizar" me pongo violenta. Lo mío es mío y lo compartiré con quien yo crea conveniente. Pero nunca he tomado más de lo que me hace falta para vivir. Hay una línea que jamás cruzo, seguramente es por eso que soy católica practicante.
Por otro lado, yo nunca he sido muy radical. Mientras metían en prisión a Nadya, yo iba a tirar la basura con mi padre con una gallina bajo el brazo. Si mi padre me preguntaba porque me llevaba una gallinita, yo le decía: "Quiero que vea mundo". Mi mayor preocupación con 14 años era que en una cadena autonómica no quitara One Piece; lo que quiero decir con estos dos ejemplos es que yo nunca he tenido alma de activista y ahora no voy a empezar a ir a manifestaciones porque no soy así. Sin embargo, eso no quiere decir que vaya a permitir que otros dicten mi existencia, o yo que no pueda hallar otra manera de ser subversiva. No hay cosa que me moleste más que otras personas me digan como he de vivir mi vida, qué tengo que aceptar como real, cómo debo de comportarme como mujer o qué debo hacer a mi edad. "Vives en 2 dimensiones". A veces simplemente me gustaría romper la cara a todo el mundo, otras reírme de todo y concluir con alguna perorata nihilista y otras simplemente pensar que todo el mundo está muerto y que los muertos que amo son los que están vivos. Y en la mayoría de ocasiones, cuando me cabreo, pienso las tres cosas a la vez. En fin.
Respeto profundamente a Nadya Tolokonnikova. Respeto a esta mujer que se sacrificó en nombre de unas ideas encomiables, que se puso en el punto de mira de la prensa ultraconservadora pro-oligarca de Rusia y que eligió la pena en prisión y el ostracismo social por seguir siendo fiel a si misma y a sus ideales. Si yo no respetara su dolor, su alegría y su tristeza me convertiría en esa clase de ser humano que tan poco tengo en consideración: una chaquetera oportunista, un insecto pusilánime. Tolokonnikova es fiel a si misma, algo que vemos a lo largo de las 264 páginas de este ensayo. La mayor parte de su teoría feminista me es completamente ajena, pero me ha transmitido la sensación de que cree en lo que dice. Es más de lo que puedo esperar de otras "compañeras". Nadya defiende sus creencias con uñas y dientes, además de ser en diversas ocasiones crítica con ellas. Y, ¿a caso esto no es digno de ser respetado? Pues para mí sí. Una sociedad que se empeña en aplastar y aniquilar la autenticidad de las personas, que se esfuerza en que seamos números (usuarios consumistas y competitivos), tener la suficiente fuerza para decir: "paso de ti, de tu basura y voy a revindicar lo que me hace ser libre" me parece valiente. Tal vez ahora esperen por mi parte un "pero" en este párrafo. Siento decepcionaros: no lo hay.
El libro se compone de experiencias personales, de bastantes recuerdos, de breves análisis socioeconómicos y de arte (ilustraciones de Roman Durov). Hubiese preferido un libro repleto de experiencias personales en la cárcel, en los campos de trabajo y en lugares donde las Pussy Riot ejercieron activismo. Por eso le pongo 2 estrellas. A mi me cambió más la experiencia que contó sobre su detención tras la actuación en la catedral o los trabajos forzados de Mordovia que los panfletos sobre cómo actuar y qué hacer en nuestra vida diaria. La diferencia entre ambos es que en los primeros hablas de un ser humano y su vida. Las ideas vienen y van. Las ideas me importan una mierda, sinceramente.
Las partes más interesantes del ensayo son: la cultura popular que han creado las Pussy Riot, el espíritu "hazlo tú mismo", las analogías y comparaciones de Nadya, su respeto por la religión, los primeros tres capítulos y el tema de las cárceles. Desconocía por completo lo desprotegido que está el preso en Estados Unidos, en Rusia y en China. A penas tienen derechos. Son mulas de carga que reciben una cantidad irrisoria de dinero por trabajar. En el caso de Rusia, 16 horas diarias. Y toda la información que hay sobre autores rusos (artistas y escritores), sobre la vida cotidiana rusa y sobre Putin me parece de un valor incalculable. Simplemente no pensé que encontraría ese tipo de información aquí. Por eso no me duele (en absoluto) haber pagado 18 euros por este libro.Cuando un libro te hace pensar, replantearte las cosas, investigar y ser crítica es una lectura que ha valido la pena.
Tal vez la visión de mi vida y la existencia humana no haya cambiado radicalmente tras el ensayo de Tolokonnikova, pero siento que mis pasos son más seguros.
Mucha mierda.