Todos los mexicanos deben leer el libro de Egon Caesar Conte Corti, Maximiliano y Carlota, donde por primera vez se incorpora a la ya importante bibliografía del asunto la documentación secreta de ciertos archivos europeos, y singularmente del que dejó el propio Maximiliano. Es notable ver hasta qué punto de vista, en este trágico episodio, se comprueba aquella sentencia de los griegos: "Los dioses comienzan por enloquecer a los que quieren perder". Se diría que una epidemia de estupidez cundió por los tronos de Europa. Napoleón III parece un monigote patético, indigno hasta del dolor que causa o que padece. Francisco José es un inhumano egoistón que juega en albur el destino de su hermano, a la vez que esconde su juego para no quedar comprometido. El viejo zorro de Bélgica, Leopoldo I, padre y suegro de todos los tronos de Europa, sufre un eclipse inexplicable en su proverbial "gramática parda", ya que no inteligencia.
Egon Caesar Conte Corti alle Catene (from 1919 Egon Caesar Corti) was an officer in the Austro-Hungarian Army who, after the dissolution of the empire, became an author of biographies and histories,, most notably about the Habsburg dynasty in the 19th and early 20th centuries.
La primera vez que escuché sobre la intervención francesa en México (que creo es algo muy ignorado o conocido en todo el mundo) fue a los 14 años cuando en Historia del Perú me enteré que el presidente Ramón Castilla trató de enviar un contingente armado para apoyar a México en su lucha, que lamentablemente la misión naufragó y se perdió el propósito. Naturalmente me pareció loable y de acuerdo con el espíritu solidario americano, además en ese tiempo Perú alcanzaba su máximo esplendor financiero y militar. Luego ya cuando conocí a Napoleón III también me enteré algo de la expedición, sin embargo, nunca llegué a leer más de una o dos páginas de artículos referentes a ella porque no tenía acceso a más bibliografía. Este libro que me encontré en una de las últimas FIL de LIma, ni bien lo vi lo compré porque entendía que era una biografía de un austríaco sobre los emperadores Maximiliano y Carlota. También suponía y tenía esperanzas que me dé más conocimiento sobre el segundo imperio francés (que tanto me interesa) y que ya conozco algo, sobre todo estos últimos años he leído bastante de sus batallas y la guerra franco prusiana. No me decepcionó en ello e incluso superó mis expectativas con respecto al segundo imperio francés, pues para explicar los inicios de la empresa mexicana hace una descripción muy interesante de la corte francesa con muchos detalles que no conocía o que no tenía muy en claro. Desde luego el libro sobre todo es de Maximiliano (conocido antes siempre bajo el nombre de Fernando Max), más parece que el título de "Maximiliano y Carlota" es puesto por el gusto de los mexicanos por el destino de la desdichada emperatriz. Es un libro enorme, pues aunque tiene 700 páginas en el papel, las letras son pequeñas y al final hay doble columna de las valiosas cartas entre los emperadores franceses y mexicanos, así que su longitud debe ser de 1000 páginas, me demoré por eso en leerlo pero para nada se puede decir que resulta aburrido. Debo decir que el libro por supuesto tiene su parcialidad, el escritor es austriaco y es imposible no percibir una mala disposición contra Francia e incluso contra Francisco José I, hermano de Maximiliano. Me sorprendió un poco que casi no "se mete" con los mexicanos, aunque lo más probable es que carezca de gran información proveniente de México, pues las fuentes consultadas, mayormente son europeas, casi todo el libro está redactado y usa cartas particulares y oficiales de Maximiliano, Carlota, los emperadores franceses y las autoridades austríacas, belgas, Etc. Yo ya pensaba obviamente que sería así por lo que definitivamente debo leer un libro mexicano sobre esta parte de la historia para hacerme una idea real, aunque confieso, como lo dije al inicio, que mi mayor interés era conocer más al segundo imperio francés y también a los emperadores mexicanos. Claro, debo decir que las fuentes del escritor son valiosísimas, sólo apunto que el enfoque es parcializado. Pero qué suerte y qué alegría poder leer en español (traducido por la editorial del Fondo de Cultura Económica) cartas íntimas y documentos que de otra manera no se hubiera podido leer, pues mucho está en alemán, y qué pena que no se hayan traducido otras obras del autor como me hubiese gustado leer de la emperatriz Sisí o del mismo Francisco José. Puedo ver desde luego el ensamblaje histórico de la Expedición desde un punto de vista imparcial y sacar excelentes conclusiones. Fue interesante conocer los planes de la emperatriz Eugenia, de Napoleón III, de Maximiliano, Etc. Visto de lejos se ve que tuvo intenciones claras (no correctas diría) que brindarían beneficios a muchos países europeos. No sólo ello, desde un punto de vista más amplio el colocar un imperio católico venía a ser un freno ante el protestantismo yanqui que cada vez era más creciente. Napoleón III ambicionaba frenar el expansionismo norteamericano, que hace no muchos años antes de estos acontecimientos, había anexionado descaradamente territorios extensos de los mexicanos con violentas guerras. Pero, por supuesto, es fácil decirlo de afuera, pero poniéndonos en el lugar de México, todo es muy diferente, si fuera el propio país el que iba a ser sacrificado a intereses extranjeros por más "bellas ilusiones" pues es un problema terrible. Pues reconozcamos que muchas de las ideas de aquella época se usaban para el colonialismo en todo el mundo; pero también hay que decirlo no se trató de una invasión impuesta sino que hubo un porcentaje de los mismos mexicanos que la pidieron, aceptaron y apoyaron, por lo menos al inicio. El libro es tan extenso que a veces sí puede aburrir, sobre todo por la precisión de las fuentes, se mencionan un número enorme de cartas y papeles públicos que podrían haberse reducido un poco, por momentos la profundidad de algunos eventos no tan importantes te desvía un poco de todo el objetivo de la obra. Me encantaría poder dar un resumen más largo pero me sería muy penoso, desde ya les digo que pueden aprender mucha historia de aquí e incluso de política. Empieza describiendo brevemente el estado de México antes de la intervención. Luego la importancia que tuvieron los "emigrados mexicanos" en la generación de la intervención. Hubo una combinación demoníaca podríamos decir de circunstancias que llevaron a la imposición e incluso fin del Segundo Imperio Mexicano. José Manuel Hidalgo conocía muy bien a la emperatriz francesa Eugenia de mucho antes de su ascensión y por tanto junto con Gutiérrez de Estrada inocularon en ella el germen de qué beneficioso sería para Francia colocar un gobernante europeo que aliado a ellos dé beneficios a ambas naciones. El asedio no fue corto ni fácil, Hidalgo dedicó gran parte de su porte y galantería para poder repitiendo incansablemente ese proyecto tener influencia sobre la emperatriz. De otra parte venía Fernando Max, hermano del emperador de Austria, Francisco José, quien tenía mucho interés en poder cumplir algún papel importante, no sólo por él sino por la leyenda de los Habsburgo, y está bien claro de qué manera sentía una fascinación por el rey español Carlos V, antepasado ilustre de su dinastía, pues siempre quería que su nombre fuera grabada al lado de algún evento glorioso. Mientras tanto su hermano veía en él una gran amenaza y primero lo puso de gobernador de Milán para luego poder apoyar de alguna manera su alejamiento a América. Debo decir que tanto Maximiliano como Carlota fueron educados muy refinadamente y se nota pues aunque manifiestan ambición y terquedad en momentos trascendentales, por demás está decir que tienen inteligencia aguda, buenas maneras, sensibilidad y sobre todo una comprensión rápida y adecuada de la política y estado de su tiempo. En ese punto ambos me han sorprendido. Luego está el paseo de Fernando Max por Europa, es muy interesante leer las cartas "envidiosas" que manda a sus hermanos en Viena sobre las distintas cortes europeas, en parte las alaba, en parte siempre nace su deseo de no considerar inferior a Austria a todas ellas. Los momentos en que conoce a los emperadores franceses es imperdible. Y se nota claramente el afecto que llegaron a tenerse con Napoleón. Pues luego de un rechazo e impresiones negativas, Maximiliano se rindió ante la franqueza y buen trato de Napoleón, se nota esto casi desde el inicio hasta el fin de su relación en malos términos. al final Maximiliano sucumbió al encanto francés. Pronto es asediado por las cortes para buscar esposa y el rey Leopoldo de Bélgica inicia su acercamiento de su hija Carlota al joven príncipe austriaco. Ambos son enviados posteriormente a Milán donde inician un gobierno en una Italia que ya está en efervescencia por la independencia y en medio de la terquedad de su hermano que lo llega a desamparar debe dejar el trono con su esposa, viviendo luego en su hermoso palacio de Miramar, sede de ambos esposos. En esta situación México habiéndose negado a pagar las deudas que el gobierno de Miramón tenía con las potencias europeas y con un mal manejo de las relaciones exteriores de Benito Juárez hace que media Europa se le venga encima. España, Francia e Inglaterra se ponen de acuerdo para invadir el país y exigir los pagos. Prim, el general español, que luego tendría una gran importancia en su país sin esperar a los demás invade México y Napoleón III logra asumir el mando general. A pesar de un convenio firmado por las tres potencias, se ve rápidamente, que todas dejan sola a Francia. Llega a ser esto un problema para Napoleón pues derrotado inicialmente por los mexicanos se trata de una cuestión de honor y piensa en poder instalar a un príncipe europeo en acuerdo con los mexicanos exiliados en Europa quienes aseguran una y otra vez que México muere de entusiasmos por ser gobernado por un príncipe y que aseguran el apoyo de una gran importante cantidad del país. de otra parte, el duque de Morny, hermanastro del emperador tiene importantes relaciones con empresarios quienes tienen intereses en México, todo parece listo para el inicio de la instalación de un imperio europeo en México. Y lo es, una serie de "buenas circunstancias" muchas de ellas endebles hace pensar a los emperadores franceses que la apuesta, aunque peligrosa, es segura. Y para ello llaman a Maximiliano, éste muy prudente, solicita garantías y apoyo extranjero. ¡Vaya, qué difícil decisión! pues hace poco Francia acaba de ganar una guerra a su propio país, Austria, en alianza con Italia y le ha quitado importantes territorios. Francisco José incluso apoya la empresa, me parecía increíble, al inicio pensar cómo muchos pudieron aceptarla pero un conjunto de circunstancias favorables y vistas de un solo punto de vista (el europeo) cegaron a muchos de ellos para aceptarlo. Sin embargo, la pacificación de México fue difícil y pasó muchísimo tiempo para que Maximiliano asuma el imperio desde la propuesta, lo cual debió hacer pensar al príncipe austríaco de lo difícil de la empresa. Hubo idas y venidas, dudas y resoluciones, Maximiliano se aferró a los consejos sobre todo de su suegro, el rey Leopoldo de Bélgica, especia de gurú de la política, y opino personalmente, que tenía ideas muy buenas (nuevamente bajo el punto de vista europeo) en toda su política, sabía cómo tratar a Napoleón, cómo presionarlo, qué estrategia seguir e incluso aconsejó a Maximiliano en lo que debía exigir para aceptar tan arriesgada empresa. Lamentablemente Maximiliano no siguió su propia palabra y cuanto el tiempo transcurría y las amenazas de dar a otro el título de emperador apareció él aceptó la expedición sin las garantías completas, sobre todo del apoyo inglés, que en la práctica jamás existió. Hubo mucha gente que trató de hacerle desistir, sobre todo Inglaterra que de inicio a fin se opuso al proyecto. De parte de Napoleón III los errores fueron tremendos, si bien tal vez la intención durante mucho tiempo fue verdadera y sincera, le interesaba desde luego que la empresa saliera muy bien. Pero limitó demasiado a Maximiliano. Mediante sus comandantes del ejército que se sucedieron: Lorencez, Forey y Bazaine, nunca permitió la formación de un ejército mexicano propio como debió haberlo hecho por principio elemental, así mismo cargó a Maximiliano con mucho dinero de deudas y trató de controlarlo en muchos aspectos. La conducta de Bazaine, sobre todo, que seguía con Napoleón III un plan muy distinto, constituyó la base para la imposibilidad del asentamiento real del imperio mexicano. Bazaine, gracias a sus constantes victorias logró un gran prestigio en el ejército y Napoleón, quien no veía adecuadamente la situación por estar tan lejos. Bazaine se encargó de dar reportes contrarios o bastante falsos sobre la real situación del país. Así, con Napoleón y Bazaine decidiendo; los correos entre Napoleón y Maximiliano no podían ser efectivos al cien por ciento. Me resultó bastante interesante el grado de confianza y de trabajo que habían entre ambos imperios: el francés y el mexicano. Las correspondencias entre Carlota y Eugenia también son de lo más interesantes. Ambos imperios trataron de trabajar por lo menos al inicio muy duro y dedicadamente por el bien de ambos países y el esfuerzo se nota. Caso contrario fue el de la Iglesia mexicana, es increíble ver cómo se opuso, no por sentido patriótico, sino por interés económico desmedido. Maximiliano venía en parte justo a ayudar a la Iglesia a recuperar parte de su posición en el país, pero ellos, cegados en querer que se les restituya todos los bienes expropiados por Juárez, nunca apoyaron a Maximiliano, lo cual resulta no sólo testarudo sino increíble de creer. No hablaré mucho de lo que Maximiliano trató de hacer en México porque el libro tampoco da tantos detalles de su plan de gobierno, habla sí de sus ideales de buscar el apoyo de los indígenas, de su gran sentido liberal que fue en parte apoyado por Napoleón, aunque luego éste se quejó de falta de autoridad y firmeza, y éste para mí es un punto conflictivo. He visto muchos comentarios que a Maximiliano le faltó carácter, es bastante fácil decirlo, pero él creyó que siendo indulgente con los enemigos e incluso invitándolos podría ganarse a ellos, eso no llegó a suceder. Más bien luego por ser autoritario fue criticado de despiadado, es muy difícil poder tener la aprobación de todos. Si le faltó fortaleza para soportar todo eso puede ser cierto, pero sus decisiones fueron calculadas para lograr un balance de la mejor manera. Ambos emperadores trataron de adaptarse a México lo más que pudieron, y aunque eso a algunos les decepcionó, llegaron a cumplir su objetivo, llegaron a aprender el español en buen nivel, disfrutaron de los paisajes mexicanos, vestían incluso a la usanza mexicana. Se puede decir casi que se olvidaron de Europa para trabajar por el país. Las guerras internas fueron bastante exitosas pero eran muy costosas, en parte por Bazaine quien exigía unas sumas enormes para sus victorias discretas y muy lentas. Para entender la caída del imperio desde luego hay que referirnos a las terribles circunstancias que pasaron: falleció el duque de Morny, gran interesado económicamente en el imperio, falleció el padre de Carlota, el rey belga Leopoldo, y su hijo Leopoldo II tuvo un total desinterés y no dio ningún apoyo a México, falleció el único ministro inglés que había tenido cierta indulgencia con el proyecto. Y luego vinieron las terribles nuevas de la victoria de la Unión estadounidense, que al fin logró imponerse y terminar la Guerra de Secesión, y amenazó duramente a Francia y a México. Luego de esto vino la derrota de Austria por Prusia y la amenaza constante de Bismarck a Francia. Que ya desde ese tiempo empezaba a tratar a Francia con marcado descaro y hablando de guerra. (Termino en comentario)
Este libro rompe los mitos de la vasija imperial y del velo mustio del conservadurismo que en el imaginario popular dio origen a la Intervención Francesa y el mal logrado Segundo Imperio Mexicano. Aunque lo pareciera, no es una biografía de los personajes que le dan título (Carlota aún vivía, recluida por el genocida de su hermano, cuando éste libro fue publicado), la pareja por largos tramos de la narración toma un papel secundario o hasta simbólico (cual par de títeres de la alta política europea). En lugar de eso tenemos un fino exposé de las intrigas e intereses en la corte francesa y en menor medida en la inglesa y austriaca. Con el uso de montañas de documentación, hasta la correspondencia más privada, no hay lugar para la intención del autor, la manipulación narrativa de la Historia Oficial o las maromas reinvindicativas de los pseudo-historiadores modernos. Estrada e Hidalgo (el segundo sin relación alguna con el cura), dos personajes increíblemente despreciables cada cual a su manera, tan desagradables que sí un autor de ficción los presentara, se le criticaría el inventarlos tan transparentes en su hipocresía, tan carentes de rasgos redimibles, pero ahí están sus cartas, ahí los testimonios: con la intención de recuperar sus propiedades mexicanas y obtener la influencia que nunca obtuvieron en su país, ofrecen patéticamente a las cortes europeas desde la comodidad de sus caserones en el Viejo Continente a una patria que no veían desde hacía décadas. Estos pretextos de hombre enamoran a Napoleón III, obsesionado con superar a su tío, casado con una mujer tan advenediza como él y el doble de estúpida que lo impulsa al desgaste de su hegemonía aventando dinero, cuerpos y capital político a patrocinar un Imperio en América. Francisco José ocupado con sostener su propio Imperio Austriaco, enviando desesperadamente a sus ministros más hábiles ante su hermano el Archiduque Max, quien fue incapaz de gobernar una pequeña provincia en Italia, a tratar de convencerle de rechazar una aventura de humo. Los ministros ingleses, dotados de la visión clara que da tener un verdadero imperio mundial, describiendo la realidad mexicana que nadie tomó en cuenta por así convenir a la farsa. Leopoldo de Bélgica, en su juventud un genio político, ahora senil, con la mejor de las intenciones empuja a su hija y su yerno al abismo. Múltiples intereses se cruzan a lo largo de dos años de negociaciones (esto no fue la cosa espontánea que nos han hecho pensar) y la suma de estas fuerzas producen el resultado: que un Maximiliano frustrado por sus fracasos sea convencido de embarcarse a México a valer un carajo desde el balcón del Castillo de Chapultepec, firmando sin parar decretos inoperantes, emasculado por su naturaleza y por las condiciones que firmó con las tropas y bancas francesas, reducido a un símbolo, el de la monarquía importada, rechazada al final hasta por el clero vendepatrias que agitó campanas a su llegada.
Es una lectura densa por la detallada narración de la correspondencia, las conferencias, las memorias, los discursos, las maniobras burocráticas, pero que la gracia del estilo del autor salva de ahogarse en su propio peso como pasa con muchas obras históricas. Hay episodios brillantes como el de Napoleón a media borrachera en su casa de campo ordenando a los exiliados mexicanos inventarse asambleas o cualquier cosa que simule una proclama mexicana de la ayuda francesa; Carlota y su padre en el delirio, embriagados de la mayor de las arrogancias, redactando la Constitución Mexicana en la merienda de su palacio en Bélgica, hablando de "los indios" y de sí conviene dar enseguida representación al pueblo o sí mejor se esperan tantito; Estrada asfixiando el poquito sentido común que le quedaba a Maximiliano en cartas de sesenta páginas de la más nauseabunda adulación (pero que a Max le caían como Riopan a una gastritis), describiéndole la belleza de un país que no visitaba desde hacía veinte años y al que por gusto nunca regresó (pero sí hizo gestiones desde su mansión en Italia para que el nuevo Emperador le indemnizara sus tierras perdidas); el berrinche de Maximiliano en mandar a tapar las puertas de sus aposentos que daban hacia las salas de ministros, porque se enojó con ellos (se le olvidó que había que tratar de gobernar); sus cartas arrogantes y mentirosas a sus parientes en Austria, temeroso más de la vergüenza de conceder el fracaso de su capricho que de los rifles rebeldes a las afueras de la Ciudad de México; un Juárez victorioso recibe un telegrama a nombre de los más grandes monarcas de Europa pidiéndole clemencia para el caído Emperador, y valiéndole madre.
Un defecto considerable es la interrupción constante que hace la perspectiva del mando militar francés, que por su ubicación aislada del resto de los actores y la naturaleza cuadrada de sus intenciones es la parte más predecible, sosa y en general aburrida. No hay mucho que decir respecto a las maniobras inefectivas del ejército francés y la intransigencia política del mariscal Bazaine quien solo seguía las órdenes de Napoleón de resultar tan dolor de escroto como fuera posible, pero el autor desarrolló esa línea de la historia con el mismo detalle que el resto, tomándose fácilmente doscientas páginas que cortan el ritmo a lo largo del relato, hasta estorbar el relato de la caída vertiginosa del Imperio en los últimos dos capítulos. Mucho, mucho más, más interesante la guerrilla republicana, pero es un tema del que casi no se ha escrito nada y es materia para otro libro. No obstante, es ésta una obra imprescindible para el entendimiento de la práctica política, la diplomacia, la decadencia del imperialismo que culminó en la Primera Guerra Mundial y la formación del estado moderno en México.
Comencé: "...Encontrar un libro que comienza en su contraportada con “…donde por primera vez se incorpora a la ya importante bibliografía del asunto la documentación secreta de ciertos archivos europeos, y singularmente la que dejó el propio Maximiliano”: presentó un deseo irresistible al poder tener acceso a sus cartas y demás documentos para así entender mejor al personaje. Ya visto desde diferentes perspectivas, tocaba dejarlo a él defenderse."
Ahora pienso: "Maximiliano… fue un iluso… un soñador… tenía las mejores intenciones, algunas buenas ideas, pero carecía de la fuerza para aplicarlas. Confió en la palabra y el dialogo para un pueblo que solo entendía con fuego y furia."
Sin embargo racionalizo, entre otras cosas, que: "A Maximiliano le quedó grande el país."
Capítulos dramáticos en la historia de México hay muchos, pero creo que ninguno tan absurdo y disparatado como este. Triste historia la de Maximiliano y Carlota. Maximiliano, liberal de buenos sentimientos y altos ideales, con un sincero deseo de ayudar, pero débil de espíritu y fuerza física, fue engatusado, lo engañaron descaradamente, para que aceptara meterse en el lío de instaurar una monarquía en México, contra la opinión de muchísimos de sus allegados. Dos mujeres inteligentes y políticamente muy hábiles, pero ambiciosas, Eugenia de Francia y Carlota, en particular la primera, indujeron a sus maridos a tomar decisiones equivocadas y con ello acarrearon muchas desventuras y muertes, y dieron pie a uno de los momentos más interesantes y trágicos de la historia de México. Excelente complemento a la magnífica "Noticias del Imperio", de Fernando DEL PASO.
Autores blancos no sean racistas al describir a los mexicanos indígenas challenge (imposible).
El fuerte de este libro es la cantidad de fuentes primarias citadas, porque con sus más de 100 años este libro está bastante outdated. El título en español es una mala traducción, esta no es para nada una biografía doble, Charlotte tiene muchísima menos relevancia en este libro que Max. Y la verdad ni siquiera es una biografía del emperador; en realidad este libro es, por sobre todo, un libro sobre la intervención francesa en México.
La conclusión al leer este libro es simple: nuestras quimeras definen nuestro destino... si les damos el poder. El Emperador con todo y su educación y buenas intenciones, buscó en México el escape a la decepcionante vida que llevaba en Europa, sin embargo, no se percato de que, lo que le vendieron, era demasiado bueno para ser cierto. Fernando Maximiliano José, emperador de México, tiene más en común con nuestra patria de que estamos dispuestos a aceptar.