Este libro se propone explicar la historia de las conflictivas relaciones que se establecieron entre los distintos grupos étnicos asentados en el territorio mexicano, así como el Estado y los proyectos de nación que formularon las élites políticas en la época colonial y en el siglo XIX, cuando nace el proyecto de Estado-nación. Enrique Florescano revisa los variados procesos que intervinieron en la formación de las identidades colectivas y muestra que, en lugar de una identidad mexicana, en el proceso histórico nacieron y se confrontaron diversas identidades, en conflicto constante unas con otras. En contraste con las tesis esencialistas, que conciben a las identidades como condensaciones inmutables, este libro muestra que los mexicanos han asumido diversas identidades en el transcurso de su desenvolvimiento histórico. Uno de los objetivos de Etnia, Estado y Nación es ubicar esos fenómenos en su dimensión histórica, dar cuenta de sus orígenes y descifrar los mitos que enturbian su comprensión. La última parte del libro analiza el nacionalismo intolerante que surgió a fines del siglo xix: un nacionalismo que en lugar de aceptar la nación plural realmente existente, demandó que los grupos indígenas, los pueblos y las regiones se ajustaran al arquetipo centralista sustentado por el gobierno federal. Esta política intolerante, en lugar de trabajar en favor de la descalza unidad nacional, escindió más a la nación.
Un increíble estudio histórico de las culturas mesoamericanas, el mestizaje, la colonia, los símbolos patrios y el México del siglo XIX desde una perspectiva marxista, indigenista y campesina.
Si bien, no comparto la visión de Florescano sobre ponerle énfasis a la identidad y la etnia como causas explicativas sociológicas y políticas, es indudable que su investigación es una de las obras más ambiciosas y coherentes dentro de la historiografía mexicana.
Hay pequeños errores y contradicciones, como cuando enaltece las rebeliones religiosas campesinas y su retorno por una identidad indígena primitiva en el siglo XIX, cuando en los primeros apartados esclarece que el imperio mexica era déspota y tributario (razón por la cual varias culturas se aliaron con los españoles en su llegada). No existe tal cosa como un pasado prístino. En todo caso, tenemos clases sociales en pugna donde el fenotipo, lengua y cualquier otra variante cultural pasan a segundo plano.
Aun así, este libro es un clásico y la lucha de clases es constantemente el argumento principal / hilo conductor de ella (hasta dedica un apartado en su discusión). Desde la época prehispánica, pasando por la colonia, y llegando hasta el México independiente y los preámbulos de la revolución, podemos ver como el sostén de todas esas sociedades (llámese mesoamericana, colonial, novohispana, independiente y moderna) ha sido la clase campesina.