En el primer texto del presente volumen, Larisa Reisner narra los acontecimientos de la defensa de Sviyazhsk, suceso que definió la victoria de la Revolución Bolchevique. A partir del enfrentamiento con el Ejército Blanco, Reisner describe la vida diaria durante la guerra y ensalza a los hombres comandados por Trotski, personaje fundamental dentro de la historia rusa. Por otra parte, en Carbón, hierro y hombres vivientes hay una recuperación de la oralidad a partir del seguimiento que Reisner realiza sobre el trabajo dentro de las minas rusas y los trenes. A partir de la descripción de las malas condiciones con las que los obreros trabajan, la autora detalla el contexto social e histórico sobre Rusia a principios del siglo XX.
Escritos sobre lo que Larisa vió en los turbulentos tiempos de la revolución Rusa. El libro viene en dos partes, en la primera escribe sobre la lucha en un punto estratégico, el estilo es limpio, y aunque no habla de muchos detalles, transmite lo duro y glorioso del momento. En la segunda parte se habla sobre lo que es ser un minero, en particular en el cambio al país de los soviets. Es un gran libro, en especial si se está interesado en el tema.
Es muy valiosa la narración de Larisa dada su situación y postura política. En el primer texto, transmite con mucha fuerza e intimidad la adversidad y el sentimiento profundo de victoria que deja en los soldados la defensa de Sviyazhsk. Mientras que en la segunda parte narra la precariedad y dificultades en las que los obreros de minas y fundición operan; las condiciones que nos narra son deplorables. Sin embargo logra transmitir la complejidad de un tejido social que transita desde la producción de la tierra a la producción de las fábricas.
En Sviyazhsk, Reisner hace una crónica heroica y detallada de un conflicto armado en la guerra civil de Rusia que dio inicio al régimen comunista, se aprecia la esperanza de su discurso y la firme convicción que tenía en este intento radical de cambiar el sistema. Por otra parte, en las crónicas que se compilan en Hombres y máquinas, hace una defensa de los obreros de las minas, pero no una defensa ciega al incipiente sistema de producción que intenta mejorar las condiciones laborales, sino desde el testimonio de sus camaradas proletarios, sus penas y sus satisfacciones. Hay crítica a lo que le parecen aún condiciones deplorables aunque la frase final creo que resume la clara postura de la escritora: ¿Quien será tan ciego que no vea que el país de los Soviets se está llenando de victoria y de paz?
Como experiencia estética, no tiene mucho por ofrecer. Literariamente hablando tiene bastantes carencias. De su lectura rescato información y panoramas que relata la autora por eventos que vivió o lugares que visitó.
Son historias de las que jamás hubiera imaginado y me cautivaron de forma notable. Hay que leer a Larisa, hay que enterarse de lo que ella nos quiere contar y reflexionar ¿Por qué?