(3.75/5) Como libro-manual de filosofía del Renacimiento cumple con su finalidad principal. De hecho, es de agradecer la existencia de un opúsculo de esta guisa en castellano, dado que, como el autor bien señala en la introducción, el pensamiento renacentista suele tratarse como una nota a pie de página, pese a su extremada importancia. El contenido es adecuado y aclara muchas nociones.
Debe aceptarse, eso sí, su estilismo académico y también cierto sesgo (evidente): juzga el origen de la Modernidad desde la torre de vigía de la contemporaneidad. En cualquier caso tampoco es para rasgarse las vestiduras, pues al rebuscar en el Renacimiento los orígenes del individualismo, del materialismo, del naturalismo científico (etcétera) no incurre en ningún anacronismo. También es adecuada (pues es cierta, y ya lo supo ver Jacob Burckhardt) su invectiva en contra de la acción política del Imperio Español en Italia y como éste fue un freno para las corrientes más renovadoras. Y también es adecuada su crítica (genérica) a la escolástica, al ser esta una trinchera anquilosada que contuvo la "revolución" humanista.
Lo que sí que es criticable es, como han señalado algunos lectores, que no haya incluido un capítulo sobre la neoescolástica (¿Cómo puede haber pasado por alto la segunda escuela de Salamanca, con Francisco de Vitoria, Martín de Azpilicueta, Tomás Mercado, Francisco Suárez?). Esto supone la carencia más grave. Pero no es la única. ¿Cómo es que olvida a ese gran precursor del materialismo que es Bernadino de Telesio? ¿Y por qué no cita, aunque sea someramente, el erasmismo de Juan Valdés?.