«Toda nuestra existencia de personajillos de ciudad se podría condensar en cualquiera de los cuadros de Hopper. El miedo, la esperanza, el vacío y esa continua necesidad de que pase algo que lo cambie todo. Son como ventanas en la noche en las que asomarme a otras vidas que al final también son las nuestras.»
Pablo llega a Madrid para empezar de cero y cumplir su sueño de ser actor. Siguiendo esa continua necesidad de que pase cualquier cosa que lo cambie todo, se convierte en un «gastaaceras» de tanto patear la ciudad y relacionarse con la extraña fauna que la puebla. Dos personajes serán decisivos para su futuro: Elia, una segurata del museo Thyssen, fascinada por el pintor americano Edward Hopper, y... el fantasma de Pío Baroja.
Con su primera novela, Carlos Langa se presenta como un autor cargado de talento e inteligencia. Melancólica, cómica y emotiva a partes iguales, ha escrito una original obra para todo aquel que disfruta con la buena literatura y las historias de amor diferentes. Como después de mirar un cuadro de Hopper, el lector no volverá a ver la ciudad y a sus habitantes de la misma forma tras leer esta obra.
Soporífero. Alguna frase a resaltar y poco más. “Esto debe mejorar en algún momento” y ese momento únicamente llegó cuando se terminó y pude pasar a otro.
"A veces pensaba que solo había ido a esa ciudad para tener un bonito marco en el que fracasar". Madrid, la pintura de Hopper y el sueño americano made in Spain son los tres ingredientes que hacen de esta novela, la primera de Carlos Langa, un relato sencillo en el que no sucede gran cosa pero que deja un comecome taciturno en las entrañas, amargo y esperanzado a la vez. De la mano de un aspirante a actor de treinta y pico años que apenas sabe ni ha trabajado en su vida de interpretación, y que va a Madrid en busca de lo que todos vamos en busca a Madrid, "La vida es un cuadro de Hopper" nos va regalando escenas cortas que rememoran esos cuadros nostálgicos y urbanos del pintor modernista llenos de personajes anhelantes, reflexivos, quizá tristes. Trabajos insulsos, experiencias vacías, noches de fiesta y vínculos frágiles es lo que Pablo encuentra en la gran ciudad, y la pregunta no es tanto si es posible hallar algo distinto si no, ¿qué quiere él realmente?, ¿actúa o se deja llevar?, ¿es no tomar ninguna decisión una decisión en sí?, ¿puede eso hacerle feliz? Aunque al principio me sentí algo insatisfecho al no encontrar grandes giros de guion ni dramatismo, reconozco que el sentido del humor tragicómico, la verosímil recreación de los personajes en la recta final del libro y la tímida fusión de fantasía y realidad me han acabado haciendo pasar un muy buen rato con "La vida es un cuadro de Hopper".
3,5/5 Acompañamos a Pablo en un verano en Madrid en el que no pasa mucho, aunque desgastamos aceras con Baroja... Leemos sobre pura cotidianeidad y realidad pero en un escenario de Madrid con rasgos «mágicos». La de este libro es una historia sencilla, amarga a ratos, irónica y divertida en otros. Es la historia de personas algo a la deriva, aunque con sus momentos y sus esperanzas. Ha sido una lectura agradable.
Lo mas impresionante de haber leído este libro, es haberlo acabado, no se de donde saque la fuerza para acabarlo.
Honestamente, me llamo la atención por el título y la portada, puedo decir sin dudas que estás dos cosas son lo mejor del libro, y quizás lo único bueno.
El libro no tiene una historia real, todo el libro es el protagonista conociendo a otros personajes, uno más hostil y odioso que el pasado, con mentadas de madre innecesarias y conflictos inexistentes.
La mitad de los capítulos son el protagonista metiéndose alguna droga y alcohol en un antro o fiesta. la historia contada podría ser contada por cualquier amigo que tengas y le guste tomar y meterse todo tipo de drogas, y quiero pensar que estoy fue lo qué pasó. Quiero pensar que el libro fue escrito porque los amigos del autor lo escuchaban contar sus experiencias con ese tipo de situaciones y lo convencieron de escribir un libro, no encuentro otra razón. Hopper y sus cuadros son una excusa para el libro, si esperas encontrar algo de el, te vas a decepcionar, solo son mencionados un algunos de los capítulos. Si bien cada capituló tiene el título de un cuadro de hopper, estos en su mayoría tienen poco o nada que ver con el capituló.
Horrible, no digo mas, mi error fue dejarme llevar por el título y la portada.
Me ha gustado mucho porque es la crónica de una vida, como la de todos, plagada de fracasos, decepciones y frustraciones, sin idealizar la juventud, sin edulcorar la realidad o fingir que todo es fácil y alcanzable. Las partes más de “fantasía” quizás me sobraban un poco pero en general merece la pena.
“Todo es un aprendizaje mate hacia la nada. Nunca se produce una secuencia de acontecimientos que te hagan pensar que todo lo malo valió la pena. Lo habitual es dar vueltas en un laberinto vital, volviendo cada poco tiempo a la casilla de salida, cada vez más cansado y abatido, preguntándote, en el mejor de los casos, qué ha fallado. Seguramente ni eso. Tal vez la capacidad para contar con talento el relato de nuestras desgracias pueda redimirnos”.
Bien escrito y creíble tanto en personajes como en situaciones. Ese Madrid nocturno en verano lo reconozco perfectamente y me hace sonreír, así como las referencias a Hopper. Pero no cuenta casi nada, no deja poso y, aunque al final pega un pequeño empujón hacia arriba, deja tanto hilo suelto que no termina de convencer
No todos los libros tienen una trama magnífica, tampoco tienen un personaje principal que evolucione, que le pasen cosas interesantes. Con este libro aprendes que la vida es como un cuadro de Hopper. Te paras a contemplar, observas escenas cotidianas pero no ocurre nada, es una realidad estática. Lo que nos viene a decir que "Las historias también pertenecen a los que no tienen nada que contar".
Mientras leía la primera mitad del libro, me di cuenta de que lo que estaba leyendo no me interesaba en absoluto: una lista de pequeñas acciones cotidianas banales registradas por el protagonista que no despertaban ningún interés. Me pregunté por qué debía interesarme leerlo: no parecía ir a ninguna parte en particular. La única idea simpática era la cita de obras de Hopper como títulos de los capítulos, a partir de los cuales me puse a buscarlas y verlas todas. En la segunda mitad del libro encontré más ritmo y me resultó más fácil continuar y terminarlo. Rara vez dejo las novelas porque siempre espero un cambio de rumbo. Y a menudo ocurre. Aquí no hubo un verdadero cambio radical, pero al menos se me hizo más aceptable. Cabe destacar algunas reflexiones esporádicas, especialmente concentradas al final, donde el libro encontró su débil sentido. "Estamos atrapados en un puñado de canciones, atrapados en una docena de calles, en un país en el que nacemos por casualidad; estamos atrapados en nuestras capacidades y las ganas de luchar con las que te levantes cada mañana, atrapados en un mundo al que no le importas más que por tu capacidad de consumir, de ser útil, de estar dispuesto a divertirte después de horas de trabajo; atrapados en aquella época que fue la mejor de nuestra vida; atrapados en recuerdos que se enredan y distorsionan como una telenovela mala, atrapados en eslóganes publicitarios de un director creativo que ya solo se habla con la hija pequeña; atrapados en unos padres que hicieron lo que pudieron, porque ellos a su vez también tuvieron sus propios fantasmas; atrapados en nuestros miedos, en nuestras causas justas, en lo que opinarán los demás y en nuestros propios prejuicios; atrapados cada día que pasa en mitad de ningún sitio. Y con esos mimbres, lo terrible es que solo tienes esos escasos mimbres, debes enmarcar tu vida: encuentra alguien a quien amar, date un lujo de vez en cuando, sé lo mejor persona que puedas y saca tres veces al perro. No somos especiales, no más que ese vecino que detestas. Y el próximo verano tampoco lo cambiará todo. Solo será otra bella promesa que no se cumple."
Durante la lettura della prima metà del libro mi sono trovata a pensare che ciò che leggevo non mi interessava minimamente: un elenco di piccole azioni quotidiane banali registrate dal protagonista che non suscitavano alcun interesse. Mi sono chiesta perché dovessi essere interessata a leggerlo: non sembrava volesse arrivare da nessuna parte in particolare. L'unica idea simpatica era la citazione di opere di Hopper come titoli dei capitoli, da cui sono partita per cercarli e guardarli tutti. Nella seconda metà del libro ho trovato maggiore ritmo e mi ha reso più facile continuare e terminarlo. Difficilmente mollo perché spero sempre in un cambio di rotta. E spesso capita. Qui non c'è stato un vero e proprio stravolgimento ma almeno mi si è reso più accettabile. Degna di nota qualche sporadica riflessione, particolarmente concentrazione alla fine, dove il libro ha trovato un suo debole senso. "Estamos atrapados en un puñado de canciones, atrapados en una docena de calles, en un país en el que nacemos por casualidad; estamos atrapados en nuestras capacidades y las ganas de luchar con las que te levantes cada mañana, atrapados en un mundo al que no le importas más que por tu capacidad de consumir, de ser útil, de estar dispuesto a divertirte después de horas de trabajo; atrapados en aquella época que fue la mejor de nuestra vida; atrapados en recuerdos que se enredan y distorsionan como una telenovela mala, atrapados en eslóganes publicitarios de un director creativo que ya solo se habla con la hija pequeña; atrapados en unos padres que hicieron lo que pudieron, porque ellos a su vez también tuvieron sus propios fantasmas; atrapados en nuestros miedos, en nuestras causas justas, en lo que opinarán los demás y en nuestros propios prejuicios; atrapados cada día que pasa en mitad de ningún sitio. Y con esos mimbres, lo terrible es que solo tienes esos escasos mimbres, debes enmarcar tu vida: encuentra alguien a quien amar, date un lujo de vez en cuando, sé lo mejor persona que puedas y saca tres veces al perro. No somos especiales, no más que ese vecino que detestas. Y el próximo verano tampoco lo cambiará todo. Solo será otra bella promesa que no se cumple."
Inicié la lectura pensando que sería una cosa, vi y sentí que no, y el tiempo apremiaba. Lo dejé estanco. Conecté con otros libros, pero sentía que pese a todo debía acabarlo. Seguí más por inercia que por fe. Pero las frases y el final han conseguido reconciliarme con un protagonista con el que me costaba empatizar. Y ahora puedo decir que sí, hay historias incluso en aquello que aparentemente no lo hay. Incluso en aquellos que no quieren protagonismo.
Tiene partes de texto buenas, en formato comentario de Instagram sobre la vida y lo fácil que es ser un don nadie. Pero la historia no se sostiene por ningún lado, no he sentido ningún tipo de conexión con ningún personaje (excepto Lucas a ratos) y me interesaba poco saber cómo avanzaba y/o acababa.
Algunos libros aparentemente no cuentan nada y, aún así, lo dicen todo. Este es el caso. Y de la misma manera, parece que cuanto más se pierden los personajes más se encuentran los lectores, porque entre las calles de Madrid, las reflexiones de Baroja y las pinturas de Hopper en nuestras mentes queda un pozo hecho de un cemento muy fino, de ese que no desgastan los años, los paseos o las aspiraciones frustradas.
Quiero empezar diciendo algo positivo y es que el autor tiene un estilo narrativo de muy buena calidad. El muchacho sabe enebrar muy bien las palabras, pero quizá a la historia le faltaba algo, chispa digamos.
Pensaba que me gustaba el género "feelgood", en el que se cataloga esta novela, pero creo que después del segundo chasco, me doy por vencida y diré que solo me ha gustado "La librería del señor Livingstone".
Como su propio nombre indica, el "feelgood" es un género en el que te sientes bien leyendo sus páginas y eso me ocurrió con "La librería...", que sentía mariposillas. Pero con este libro no ha ocurrido así, con este sentía más bien ganas de terminarlo a pesar de que me estuviera gustando tanto la forma en la que está escrito. Eran como sentimientos contrapuestos.
En el libro en sí no pasa absolutamente nada. Es todo muy random. Algo que digamos pertenece también al género "feelgood", pero supongo que los libros deberían aportarte algo para querer seguir leyéndolos y recomendarlos. No ha sido el caso.
En esta historia seguimos a Pablo en su nueva vida en Madrid. El chico se muda a la ciudad desde no se sabe donde y sin decir por qué. El se muda y ya. Aparece. Como el muñeco del Google Maps. Pues resulta que viene a parar a un piso con tres compañeros de los que no sabe nada. Al primero que conoce es a un tío cascarrabias y un fantasma de primera, él sabe y ha hecho de todo. Al menos este personaje le da algo de comedia al cuento, pero a veces cansa. Luego conoce a su compañera, que está en sus últimos días por Madrid, pues es profesora y le toca disfrutar del verano en su ciudas natal. Que dices pos vale, sin más. El tercer compañero aparece como a mitad del libro, es un muchacho super misterioso al que no dejan de llegarle paquetes y paquetes. Te crea la duda sobre qué serán, quién los manda, quién es el muchacho. Pero cuando se resuelve todo esto es otro gran "pos vale".
También vemos cómo Pablo busca trabajo en una oficina de trabajo temporal porque ha cometido la insensatez de llegar a la ciudad sin empleo. Y lo busca en una ETT pa encontrar trabajos en los que solo va a estar unos días, manda huevos. Esto es otro grandísimo pos vale porque tampoco interesa mucho los trabajos que consigue, pero bueno, algún golpe gracioso tienen las escenas.
Por otro lado, Pablo sale a todos lados a conocer gente. Vaya a donde vaya, se mete primero en un bar random a beberse una cerveza. Y luego conoce gente y compra más cervezas y se pasa el rato bebiendo cervezas por todos lados. Y a veces algún combinado. Y drogas. Muchas drogas. De todo tipo. Y acaba volviendo solo a las tantas de la mañana, colocado, perdido en una ciudad que no conoce, porque el tío es un solitario y si se quiere hacer una bomba de humo se la hace y ya está. Esto ya es un "pos vale" enorme.
Pero en una de esas se encuentra por la calle con el fantasma de Pio Baroja, con quien se reencontrará algunas veces más. El señor lo insulta y eso, que es lo que le da calidad a la obra y le dice que está malgastando su vida, que creo que es de lo que iba el libro, de malgastar la vida. No sé. Creo que ni lo he entendido, si es que quería transmitir algo más que un muchacho interactuando con sus compañeros de piso, compañeros de trabajo y gente random que conoce de fiesta. Y drogas. Muchas drogas.
Lo que me ha molestado enormemente es que cada vez que se veía que iba a ocurrir algo importante, se cortaba y seguía en otro día diferente sin decirnos qué había pasado.
Otra cosa que no he entendido es la enorme obsesión del protagonista con Tom Sawyer, a quien saca a colación a cada momento.
Supongo que lo del cuadro de Hopper se refiere a la soledad que se vive tanto en los cuadros del pintor como en la vida de Pablo, un tío random por excelencia, pero no veo la historia como para dedicarle un libro. Te cuenta tres meses de su vida con pelos y señales (te dice hasta cuando se ducha) sin grandes emociones, como si un colega tuyo te contara su experiencia en Madrid sentados en un banco en el parque. Es muy anecdótico todo y muy poco emocionante.
Para terminar decir que, como ya dije, no me ha parecido un feelgood porque no me ha hecho sentir lo bien que se supone. Ha sido todo muy random. No puedo decir que sea original porque describe la vida misma, aunque el muchacho ve cosas, como a Pio Baroja, que debe ser a causa de las drogas, y hasta puede tener por esa parte tintes de fantasía urbana.
Eso sí, el muchacho escribe divinamente bien. Eso me ha gustado.
No tenía ninguna pretensión con esta novela. No había leído nada sobre ella y ni siquiera leí de qué iba cuando la solicité. Me llamó la atención el titulo, sin más. El autor nos traslada al Madrid de las primeras veces, donde aún no te reconoces en sus calles, del que quieres formar parte, pero aún eres un simple turista de su historia y de su gente. El protagonista se encuentra perdido y pretende encontrarse en algún rincón de Madrid que le dé la respuesta que ni siquiera sabe que está buscando. Cuando me sumergía en sus páginas, con ese camino nómada, cargado de drogas, desconocidos, relaciones, alcohol, llegando a fin de mes a duras penas me ha recordado a los ochenta (yo apenas era una niña), aquella época épica donde perder el camino y perderse uno mismo era demasiado fácil. Pero cuando se vive entre las drogas y el alcohol, la lucidez puede sorprenderte cuando menos lo esperas y de quién menos crees. No quiero adelantar nada porque entonces perdería encanto, pero ese personaje formado y maduro que nos presenta el autor para acompañar al protagonista en sus desvaríos me ha parecido un gran acierto y una lección de aprendizajes. Sentirás la necesidad de subrayar sus frases. Reconozco que al principio me costó pillarle el punto a la historia, sin embargo la corta dimensión de los capítulos que te anima a seguir leyendo y la evolución de la trama (a veces contar nada es desvelar mucho) me han hecho cerrar el libro con una gran satisfacción por su lectura. Lo he disfrutado, me ha entretenido y te lo recomiendo si quieres leer algo diferente. Como sugerencia, haber añadido una imagen de los cuadros que dan nombre a los capítulos.
Es una novela que se podría catalogar de #feelgood, al menos a mi, me lo ha parecido, me he quedado con esa sensación. Una novela reflexiva, en la que he paseado por las calles de mi ciudad y he visto desde otra perspectiva la vida. . En ella nos encontramos a Pablo, un joven treintañero sin rumbo fijo en la vida que coge sus maletas y viaja a Madrid con los pocos ahorros que tiene. ¿A qué viene a Madrid? Ni él lo sabe. Desde el inicio puedes ver la vida de una persona que huye, que intenta encontrar su lugar o el camino a seguir y que no tiene muy claro absolutamente nada. Me ha resultado un personaje bastante apático, melancólico, desfasado según qué momento del día pero que aún así no se da por vencido. Con esto no quiero decir que no me haya gustado, es clave para entender el desarrollo de la historia. Por el camino se encontrará con personas que le ayudarán, sin saberlo, a darse cuenta de esas señales que la vida nos manda para indicarnos por dónde ir o qué camino escoger. . Creo que es una novela muy abierta en cuanto a que se pueden sacar muchísimas conclusiones de ella, depende de cada punto de vista será una u otra. . Personalmente, me ha gustado mucho. La forma en que está narrada se me ha hecho muy amena, nada cargante, una lectura ágil, capítulos cortos. En fin, sin darme cuenta me lo he leído en 4 días. Era como subirse a una balsa y dejarse llevar por el Mississippi 😉 . . Las historias no sólo son del que las cuenta 😉 . . Por cierto, Pío Baroja me ha encantado. Sabrás a qué me refiero si lo has leído 😉
He de decir que venía con muchas expectativas después de leer reseñas muy positivas de la novela. Además, la portada, el título y la sinopsis llamaron mi atención. Sin embargo, el contenido me ha decepcionado bastante.
Tengo sentimientos encontrados porque la sensación es de que se trata de una historia que no cuenta nada o no termina de expresar qué quiere hacernos sentir exactamente. La parte central, sobre todo, se nota que tiene mucha paja y relleno. El final de la novela remonta ligeramente, aunque eso de que el autor tenga que explicar por qué las historias de gente de a pie merecen ser contadas, quiere decir que en el desarrollo de la novela falta algo. Hay cosas que no debería ser necesario explicar.
Sobra decir que el personaje principal me cae no mal, sino fatal. Es lo mejor de la novela, en realidad: el autor transmite a la perfección la pasividad y el tormento que acompañan a Pablo, llegando a dar una pereza absoluta y dando ganas de gritarle que se espabile de una vez. No he entendido muy bien eso de mudarse a Madrid por tener el sueño de ser actor, pero tener nula formación y experiencia, y no moverse para buscar una sola audición en todo el tiempo que pasa en la capital. Lo dicho, el personaje está muy bien desarrollado, pero es un pelín odioso.
En definitiva, a pesar de tener sus luces y sus sombras, diría que no es una novela imprescindible, pero sí entretenida. Para quienes conozcan la obra de Hopper, supongo que más aún.
"La vida es un cuadro de Hopper" es la historia de Pablo, un hombre de treinta y cinco años, actor, que llega a Madrid en la búsqueda de una mejor vida. No obstante, en esta obra de ficción Pablo no es el típico personaje con "mente de tiburón"; es decir, una persona con objetivos bien clarificados y que haría cualquier cosa por lograrlas, ya que, solo el esfuerzo es lo que importa. Pablo es un antihéroe, nos presenta una realidad dura de un hombre que ha pasado los 30 en el S.XXI: no se ha realizado laboralmente, no está casado o en pareja y no ha cumplido ninguno de sus sueños. Leyendo este libro me encontré en una diatriba y era pensar, "¿por qué este personaje es tan plano?" y al finalizar el libro encontré la respuesta y es que hemos aprendido a vivir bajo la sombra de la productividad y de sentirnos pertenecientes a un grupo, a una comunidad y dejar nuestra marca, nuestro legado y así sentirnos tranquilos que dejamos una semilla.
En cuanto al formato del libro creo que ha sido demasiado larga para la historia, pero se lee rápido y hay muchas interacciones y escenas entre los personajes que hacen que la lectura sea ágil y sencilla. Pablo es plano, pero personajes como Elia y Lucas compensan esta somnolencia del personaje principal. Ha sido una lectura agradable y reflexiva.
Me enfrasqué en la lectura de este libro tras conocer más profundamente la obra de Hopper hace unos meses. Se convirtió en mi pintor favorito (quizá motivado por mi estado vital muy parecido al del protagonista de la novela) y necesitaba saber como se construiría una obra a través de él. Todo está muy bien hilado y, aunque a veces parece que es muy estática, las notas de surrealismo y de lo absurdo que pueblan los renglones se agradecen y hacen la historia más dinámica y divertida. No hay grandes moralejas o puntos en los que reflexionar, pero sí pequeñas migajitas que te dejan pensativo y dudoso de toda la realidad que percibes a tu alrededor. Destacar también la construcción de los personajes. Me parece que cada uno tiene una semilla muy peculiar, a destacar lo irrisorio que me parece Lito y los "puntazos" fugaces de Baroja. Una obra recomendable para leer en una cafetería con cristaleras tomando un café a la espera de convertirse en uno de los autómatas que pintaba el propio Hopper.
Me ha gustado bastante este libro, solo que, como me ocurre a menudo, las sensaciones que me ofreció su lectura quedaron satisfechas prácticamente una vez leído hasta la mitad. A veces con eso me resulta suficiente. Este libro, dicho en otras palabras, se me hizo un poquito largo. Si bien es cierto que nos ofrece una idea interesante de la vida nocturna y alocada en la ciudad de Madrid (España), el talante "dramático", pesimista y muchas veces depresivo del protagonista me llegó a saturar muy pronto. En final, en cambio, me gustó y supuso un poco de "aire fresco" en medio de esta tonalidad oscura. Está muy bien escrito, aunque, desgraciadamente, esta edición contiene bastantes erratas de imprenta (lo reconozco: soy muy tiquismiquis con estas cosas).
Aunque soy mayor que el protagonista, la historia de los que salimos de algún sitio para acabar en Madrid o sus alrededores es parecida, con sus ilusiones y frustraciones, con la facilidad y dificultad para encontrar nuevos círculos de confianza. La novela tiene un gran ritmo, es toda cuesta abajo. Tiene un giro sorprendente que me ha gustado mucho. Creo que es bastante generacional, aunque ya he dicho que soy mayor, y que representa bastante bien las dificultades a las que se enfrentan, la incertidumbre del futuro y el bombardeo publicitario alejado de la realidad. No le doy 5 estrellas porque son para algo "fuera de serie" (Saramago, por ejemplo), pero ha sido un gran descubrimiento.
"La vida suele esconder decepción y fiasco hasta en los momentos más gloriosos. Siempre hay algo que no encaja, un cabo suelto que no te deja disfrutar del todo plenamente.”
Siento admitirlo, pero este tipo de lectura ligera ya no encaja conmigo. O puede que solo sea este libro. Ni idea.
Lo único que sé es que en él no pasa nada. Se enfoca tanto en el lado cotidiano de la vida que se vuelve repetitivo (como por ejemplo la ducha que no debería usarse o la mierda que no era de perro).
Cabe destacar que aquí he descubierto a Hopper y aclaro que estoy enamorada de su arte.
También tiene algunas citas salidas de Twitter que me han gustado, pero nada más profundo.
Me pareció un libro que no es tan malo como para soltarlo a mitad, ni tan bueno como para seguir leyendo. Así que me lo he leído saltando párrafos con la esperanza de que todo iba a mejorar. No mejora. Tanto leer para nada. Entre las últimas oraciones el autor dice: “Las historias también pertenecen a los que no tienen en apariencia nada que contar, a aquellos que la vida se les escapa entre los dedos, a los que su relato es que no tienen relato”. Y, en efecto, el autor no hace leer sobre la vida de un personaje que al final no tiene nada interesante que contar.
Este libro me ha parecido uno de los más realistas que he leído nunca. No sólo por la trama y la realidad tragicómica de los distintos personajes que lo pueblan, sino también por cómo refleja las miserias de la sociedad actual a través de los cuadros de Hopper y de un Madrid a la vez conocido y ajeno. Es muy fácil identificarse y verse reflejado en sus personajes, y al mismo tiempo consigue entremezclar la soledad y la abulia con mucho humor.
No fui capaz de empatizar con el protagonista, a pesar de que me pareció un personaje realista. Supongo que el libro conecta con personas que hayan vivido en Madrid o que hayan vivido una situación similar con el mismo estado de ánimo que el protagonista. No es mi caso.
Me gustó la manera en que el relato va aumentando la tensión en el último tramo, y cómo desemboca.
Libro fácil de leer que cuenta la historia de soledad de Pablo al llegar a Madrid y describe de forma natural lugares y localizaciones de la capital. Tipo triste que pasa su estancia en Madrid sin pena ni gloria poniéndose hasta las cejas, ya sea solo o acompañado. Durante sus delirios de soledad, y de lo que surja, se encuentra con diferentes artistas por las calles de Madrid, como Pío Baroja, que intentan darle pistas sobre cómo encauzar su vida.
Un bonito libro con personajes melancólicos que viven duras realidades en las que sin embargo no se regodean sino que parece que aceptan y disfrutan.
Más de un pasaje ha descrito experiencias similares a otras vividas por mi mismo con tanto detalle que he tratado de recordar si el autor se encontraba entre aquellos recuerdos.
Lo que mas me a gustado a sido conocer a un pintor como Hopper.
Pero se me a echo muy larga la lectura, me a creado hasta un pequeño parón porque te da baja autoestima. Va sobre un chaval que esta perdido en su vida, solo sabe divertirse si depende de su amiga y depende de alcohol y drogas.. no me a gustado mucho la verdad, me e llevado una decepción porque pense que cambiaría algo la historia.
El libro me ha enganchado desde que empecé a leerlo. La búsqueda del ser, del hacer, del querer que ocultan nuestra verdadera vida. Q hay de e real en lo que lo que somos o hacemos. Por qué buscamos ? Y la soledad de uno mismo plasmada a través de los cuadros de Hopper.
Una preciosa novela para leer sin prisa. Unos personajes que te reconfortan y que por momentos te representan y te enternecen. Una novela de la vida que pasa sin sobresaltos y que es interesante mirarla desde lejos. Carlos Langa escribe muy bien, ya estoy deseando leer su segunda novela.