No existe mejor invitación a tomar conocimiento de las ciudad de Buenos Aires que La cabeza de Goliat, justamente porque fue escrito para desenmascarar sus fachadas, para perturbar sus cimientos y para pronosticar su final. El libro fue compuesto como un mosaico y cada una de sus fracciones fue sometida a una "microscopía", metáfora técnica del detallismo casi puntillista con que Ezequiel Martínez Estrada descompuso la ciudad hasta arribar a sus células elementales. Derivación temática de su obra cumbre, Radiografía de la pampa (1933), La cabeza de Goliat fue gestada durante un tiempo de ensanchamiento, intensificación y modernización del núcleo urbano primigenio, y resulta ser una postal de la década de 1930. Detrás quedaba "la gran aldea" de fines de siglo XIX; por delante, la refulgencia metropolitana. En este texto Martínez Estrada concede que Buenos Aires es la mayor gloria de la Argentina, su mascarón de proa, su logro máximo, sin dejar de ser, a la vez, "la enfermedad mortal de la República". Tanto dinamismo y magnificencia desembocan en un triunfo pírrico: la grandeza es patología y la grandilocuencia un fracaso.
Ezequiel Martínez Estrada, (n. San José de la Esquina, Santa Fe, Argentina, 14 de septiembre de 1895 - Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina, 4 de noviembre de 1964) fue un escritor, poeta, ensayista, crítico literario y biógrafo argentino. Recibió dos veces el Premio Nacional de Literatura, en 1933 por su obra poética y en 1937 por el ensayo "Radiografía de la Pampa". Fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de 1933 a 1934 y de 1942 a 1946.
Otro ensayo deslumbrante de Martínez Estrada. Profundizando el diagnóstico de nuestra tragedia nacional comenzado en Radiografía de la pampa, aquí EME utiliza su técnica de microscopía para construir un detallada cartografía histórica, social y cultural de Buenos Aires, ciudad monstruosa por donde se la mire, que conjuga todas todas las contradicciones de la condición argentina. Maravillosa y feroz al mismo tiempo, Buenos Aires demuestra su efigie parasitaria ante un país deprimido por el mecanismo de succión que la metrópolis supone al interior del cuerpo de la nación. la Gran Ciudad sería, en la visión desilusionada y rabiosamente crítica de Martínez Estrada, el efecto terrorífico de la grandeza y la condena de una sociedad que parece insistir en los errores del pasado, intensificándolos sin remedio. La cabeza de Goliat puede leerse como un álbum fragmentado de retratos razonados. Es un texto sin unidad de argumentación, es decir, que multiplica las referencias profusamente en favor de la perspectiva quebrada, brindándonos escenas mínimas que van compendiando significaciones sucesivas. El resultado es un muestrario poderoso de la realidad ontológica de Buenos Aires.
Me sorprendió agradablemente. Se lee fácil, tiene mucho de reflexión, plantea su cosmovisión, analiza los cambios de la ciudad, de la sociedad y de las personas que la componen. Tiene cuatro partes con capítulos breves que no exigen una lectura lineal sino que permiten un acercamiento lúdico y hasta arbitrario según nuestro interés (yo igual lo leí de corrido).
Como todo clásico, las revelaciones que ofrece hablan mucho más allá del objeto en discusión: están más cercanas a una indagación de nuestra identidad, acerca de qué nos constituye. Pesimista, amargo e intuitivo son algunas etiquetas que le fueron poniendo más como crítica que como elogio. Yo leo una mente lúcida, desafiante, que aprovecha su dominio del lenguaje (no en vano había sido poeta modernista) para crear imágenes y afirmaciones potentes. Dialoga con el pasado (“Antes de un fundarse Buenos Aires la cárcel estaba, como la encina en la bellota, en la nave capitana de don Pedro de Mendoza”) y con lo que era el futuro en esa época (“el automóvil es el aparato ortopédico del conductor”).
qué pesado que es. me cae bien igual, es divertido leer a alguien quejarse con tanta inteligencia y gracia. las ciudades son una porquería pero no nos queda otra que habitarlas. aguante bs as y todos sus problemas