Seré honesta: decepcionada con este libro, y además, me ha costado - un poco - acabarlo. Es el tercer libro que leo de Posteguillo y la verdad es que el primero, que fue la primera parte de la historia de Julia Domna, me gustó bastante. Pero después de haber leído la primera parte de la trilogía de Trajano y esta segunda parte de Julia Domna, sintiéndolo mucho, empiezo a cansarme del "estilo" del autor - si se le puede llamar así - y de tener la sensación que estoy todo el tiempo leyendo la misma historia, como en el día de la marmota.
Sí, son historias diferentes, separadas entre sí por lapsos de tiempo - siglos - muy amplios, diferentes personas, diferentes contextos... entonces, ¿por qué esta impresión de estar leyendo todo el rato lo mismo? Como ya he dicho en anteriores reviews de este mismo autor, la labor de documentación y de informarse sobre las fuentes necesarias para manejar el período que trata no se le puede negar en absoluto.
Sin embargo, toda la habilidad y dedicación que tiene como investigador la pierde como autor. Es, como he dicho, repetitivo. No importa si habla de Julia Domna, o de Quinto Mecio, o de Caracalla, o de Cómodo, o de Domiciano, o de Antonino, o de Trajano... sus personajes son planos, sin personalidad, estereotipos monolíticos que no tienen riqueza interior ni variedad alguna. Da igual lo que leas de Posteguillo; los mismos arquetipos se repiten hasta el aburrimiento y todo el tiempo son lo mismo: la patricia virtuosa, el emperador monstruo, el pretoriano traidor, el esclavo fiel... los buenos son muy buenos y los malos son muy malos, los buenos no se equivocan nunca y los malos no pueden hacer ni una a derechas. En el universo Posteguillo, todos son blanco o negro, no hay matices, ni escala de grises, cada personaje es un cliché salido de la mente del autor, que se repite sin que importe si es Trajano o Severo, o si estamos en el siglo I o el II.
Es cierto que tenemos una limitación de fuentes - menos limitada de lo que comúnmente se cree - respecto de la época romana, y que los historiadores romanos eran cualquier cosa menos neutrales o imparciales; pero esto no tiene nada que ver con la nula habilidad de Posteguillo para la caracterización de sus personajes. Son aburridos.
Estoy aburrida de que Julia sea tan hermosa y tan perfecta, y de que no se equivoque nunca, y de que lo tenga todo tan bien planeado que hasta después de la muerte le sale todo bien - ¡venga ya! -; hasta el punto de que, cuando hace cosas auténticamente aberrantes - como acostarse con su propio hijo - el autor la defiende y justifica (?!), y sí, digo bien, es el autor quien está todo el rato justificando a sus personajes y hablando por ellos, en lugar de respetar su posición omnisciente y dejar transcurrir los eventos dotando a los personajes de personalidad propia.
Ha tenido, sin embargo, una gran idea en este libro, que es mezclar el mundo de los vivos con el Olimpo y el Inframundo, hablando de asambleas de dioses paganos al estilo de Homero, o de escenas a orillas de la laguna Estigia al estilo de Ovidio o incluso Dante. Esta idea, que es buena, interesante, y le da un toque mítico y fantástico a una novela en principio histórica - ja - lo acaba pervirtiendo con lo repetitivo y la fascinación que le producen sus propios personajes mal escritos. ¡Pero si hasta Julia se atreve a darle órdenes a Caronte! Venga ya, hombre. Si ibas a hacerle un tributo a Homero o a Ovidio, al menos rígete por sus normas. En el otro mundo, las almas no tienen autonomía ni capacidad de imponerse a nadie.
En fin, que al final, me ha costado muchísimo terminar el libro, porque estaba cansada de leer siempre lo mismo. No veo distinción entre un libro de Posteguillo u otro, no aprovecha para enriquecer a sus personajes ni escribir mejores historias de romanos, da la impresión que vomita un libro tras otro y está siempre escribiendo lo mismo. Al final, lo que parecía una buena obra de investigación y documentación se pierde por la falta de realismo y la terrible caracterización de sus personajes, además de ese estilo insidioso que mantiene de estar recordándote todo el tiempo eventos y diálogos pasados, aunque hayan pasado hace dos páginas, como si tuvieras mala memoria.
En resumen, que empezó bien cuando sólo había leído un libro suyo, pero ahora que llevo tres, me he dado cuenta de que con Posteguillo, se cumple la norma: leído uno, leídos todos. No innova ni mejora nada de un libro a otro. Ni siquiera contextualiza bien el mundo romano, preocupado sólo por sus personajes principales y las luchas de poder. Demasiado fascinado por sus propios protagonistas, que no son, ni de lejos, personajes bien escritos ni definidos.
No recomiendo más a este autor. Y sí, a pesar de todo, puede que termine de leer la trilogía de Trajano, puesto que ya la he empezado y odio dejar cosas a mitad. Pero probablemente después de esto ya no me moleste más en leer otros libros de este autor. Hay mucho más y probablemente mejor escrito que este producto nacional desafortunadamente comercial.