Pocas veces me he tentado a esta idea de intentar definir algo; suelo equivocarme cuando me adentro en esos terrenos baldíos. Ahora, si se me pidiera definir la poesía de Alfonsina Storni, creo que es menos probable que consiga una definición sustancial acerca de ella. ¿Qué diría la gente, recortada y vacía, di en un día fortuito, por ultrafantasía, me tiñera el cabello de plateado y violeta (…) En verdad que pensarlo me da un poco de risa.
En la introducción de este poemario (editado por Valparaíso, 2019), quien escribe dice que en los versos que Alfonsina hizo, estos fueron caracterizados por su intensidad emocional y feminismo anticipado; en parte sí, podría estar de acuerdo con esa afirmación, pero es odioso concentrar su obra solo en eso. Lo que aquí, en estas páginas, palpé, me refleja una profunda conexión con la naturaleza, el amor, la ternura y una mirada social adelantada para los años 20s. cuadrados, cuadrados, cuadrados, casas enfiladas. Las gentes ya tienen el alma cuadrada, ideas en fila y ángulo en la espalda; yo misma he vertido ayer una lágrima, Dios mío, cuadrada.
Storni aborda la complejidad de la experiencia humana con una voz única, sumamente diferente a algo que haya leído antes. Me conmovió, me cuestionó, me hizo suspirar románticamente y hasta reírme. ¡Qué viaje fue haber leído todo esto! Adherida a tu cuello, al fin, más que la piel al músculo, la uña a los dedos y la miseria a los hombres, a pesar de ti y de mí, y de mi alma y la tuya, mi cabeza se niveló a tu cabeza, y de tu boca a la mía se trasvasó la amargura y la dicha, el odio y el amor, la vergüenza y el orgullo, inmortales y ya muertos, vencidos y vencedores, dominados y dominantes, reducidos e irreductibles, pulverizados y rehechos