El arranque de juego terminado nos remite al juego de la Ballena Azul, causa aparente de la muerte casual del hijo de Harry McKenzie, a manos de un participante en este macabro juego. Pero pronto nos daremos oleremos que no fue todo tan aleatorio como parece. Digamos que está todo demasiado limpio, y el agente de la CIA se olerá que hay mucho más detrás de todo esto. No puedo desvelar mucho más de la trama así que vamos con la opinión.
La novela es una de investigación y espionaje, como puede adivinarse. Donde se suceden escenas de investigación con otras de acción y algún pequeño reposo bien medido. De vez en cuando se intercala un apunte sobre el pasado de los personajes que nos aclaran lo sucedido o nos preparan para lo que vendrá. Además la voz del narrador no se hace notar, es funcional y eficiente, a favor de la historia. Nos cuenta lo que sucede sin detenerse allá donde no debe, fijándose solamente en lo importante, soltando alguna pistilla para lectores atentos, y teniendo momentos muy cinematográficos. Así tenemos un ritmo intenso pero sin agobios: bien medido.
Como buen thriller hay cierto juego con el lector. Conchi utiliza las herramientas del suspense y la intriga para que unas veces vayamos por delante del personaje, creando tensión, y otras vamos por detrás del personaje, creando misterio. Como sea, las pistas se van dejando ver y es posible desvelar ciertos giros antes de que sucedan, si bien su resolución guarda alguna sorpresa extra.
En cuanto a la estructura, la novela se divide en dos partes, que bien podrían llegar a ser dos películas de espías a la altura de Bond, Bourne y similares, con sus viajes por medio mundo incluidos. La primera parte tiene quizás más acción y la segunda es algo más psicológica. La verdad es que disfruté más de la primera ya que en la segunda se me hizo más fácil adelantarme, pero incluso así me llevé gratas sorpresas (qué rabia no poder decir nada para no destripar).
Según vamos llegando a los finales de cada parte, vemos que todo va encajando y la novela no deja flecos en un final bastante bonito para el matrimonio McKenzie, y que deja bastante satisfecho. Si bien, y aunque esta historia quede cerrada, el personaje de Harry podría dar pie a nuevas aventuras que se crucen por medio si la autora lo tiene a bien. Seguro que más de uno se lo agradece.