Con humor y sarcasmo a partes iguales, Marta nos da con la verdad en la cara con sus desternillantes viñetas
Si es verdad que la vida iba en serio, Marta Piedra se baja del mundo para reírse a golpe de viñeta de la realidad de nuestro día a día.
Con mucho humor y grandes dosis de realidad, la ilustradora muestra a través de sus dibujos situaciones cotidianas que nos suceden a todos, y consigue darle la vuelta para reírnos de todo, empezando por nosotros mismos.
Marta Piedra es ilustradora, amante de los perretes, las plantas y las causas perdidas. Se crió en Madrid y ha dado tumbos por Costa Rica y México hasta volver a caer en España, de donde ya no la mueve ni el tato. Es payasa, la oveja negra de la familia y algunas cosas más. Vamos, que lo tiene todo. Pero, sobre todo, se le va la fuerza por la risa.
Este libro ha sido una sorpresa muy agradable. Los textos tienen algo muy honesto, muy de pensamiento que se te cuela sin pedir permiso. Algunos me han hecho sonreír, otros asentir en silencio y otros simplemente parar un momento, que ya es mucho en los tiempos que corren.
Hay frases que se quedan contigo, como esa idea tan cruda y tan real de que a veces solo nos queda llorar, revolcarnos en nuestra propia desgracia y, cuando se pasa la tormenta, mirar la vida desde otro ángulo. O esa reflexión tan acertada de que ignorar se ha convertido en un arte, casi en una habilidad de supervivencia en una sociedad saturada de ruido, opiniones y exigencias constantes.
También me ha gustado especialmente cómo habla de los animales, de esa mirada limpia que nos devuelven sin entender muy bien en qué nos hemos convertido, pero que aun así se quedan a nuestro lado, nos acompañan y, de alguna forma, nos curan. Hay mucha ternura y mucha verdad ahí.
Y luego está esa frase tan sencilla como demoledora: en mi cabeza, lo más sencillo es preocuparme. Porque sí, a veces no hace falta un motivo, la preocupación aparece sola, como si tuviera vida propia.
Las ilustraciones no han sido lo que más me ha gustado del libro; no conecté tanto con ellas a nivel estético. Aun así, acompañan bien los textos y no les restan fuerza, que al final es lo que realmente importa aquí.
Un libro cercano, irónico por momentos, muy humano y fácil de leer, que invita a reconocerte en él sin dramatismos excesivos. De esos que se leen rápido, pero se releen despacio.