Rebelde e intrépida, Celia es la protagonista del clásico infantil español por excelencia. El relato que, a través de sucesivos episodios, hiciera de sus aventuras y desventuras Elena Fortún ha venido haciendo desde el momento de su publicación las delicias de generaciones de lectores, habiendo sido llevado a la televisión por una serie dirigida por José Luis Borau. La razón de la persistencia de Celia se halla en que, más allá de modas y escenarios, su peculiar forma de ver la realidad -mezcla de ingenuidad, sinceridad y osadía-, así como su lógica aplastante ajena a sobreentendidos, desmontan a menudo la espesa y resabida tramoya en la que desde siempre cimentan su autoridad las "personas mayores". Celia en el colegio es el segundo volumen de la serie.
el mejor de celia SIN DUDA. cómo me he reído de verdad, doña Benita y la monja gritando casi me ahogo. me dado una pena horrible terminarlo. además, me da mucha pena Celia, que cada vez parece más una protagonista de cuento al uso ya que sus padres pasan olímpicamente de ella ¡pobre Celia! ¡qué sola está! la amo
Tal vez la parte más interesante de la obra sea el análisis de la vida religiosa y las ideas que las monjas intentaban meter con calzador en la mente de las niñas. Esto, a Celia, le crea constantes conflictos con la realidad, y muchas de sus malas acciones son provocadas por esta ideología católica tan llena de fantasía y normas por doquier. Por ejemplo, en su afán por llegar a ser santa, Celia se escapa con otra compañera de clase para que los moros las encuentren y les corten la cabeza: de esa forma llegarán a ser mártires.
p.193: «—¿Qué está usted diciendo? —Pues eso: que yo jugaba y veía lo que quería... —¡Muy bien! Y si usted jugaba, ¿por qué no nos lo ha dicho, en vez de tenernos asustadas todo este tiempo? —Porque así parecía más de verdad, y jugábamos todos...»
3.5 He vuelto a leer este libro 35 años después y ya no he descubierto las aventuras de una niña, sino una escritura inteligente llena de críticas a la sociedad de la época y a la Iglesia. Leer a Celia, ingenua y maravillosa, y la colección de personajes que la rodean, es una experiencia muy recomendable casi 100 años después de que la creara Elena Fortún.
Buena descripción y crítica de la educación infantil en un internado religioso en la primera mitad del siglo XX. Y todo ello muy sutilmente a través de los pensamientos de la protagonista de la historia, Celia, una niña de siete años, de clase social medio/alta del Madrid de los años 30. Realmente no se podría describir mejor la ideología y los valores de la sociedad católica española de la primera mitad del siglo XX. El personaje de Celia (sin duda trasunto de la autora), a través de su conducta y sus pensamientos, contrasta con esa ideología y esos valores religioso-patriarcales, que son mostrados a través de la narración como absurdos y claramente manipulativos.
Sigo con las relecturas de las novelas de Celia, ¡Me encantan! He disfrutado mucho de nuevo con esta novela, y he soltado más de una carcajada. Me ha recordado mucho a la serie de televisión, que casi me la sé de memoria. No soy nada objetiva con los libros de Celia, seguiré con las (re)lecturas.
El libro del que voy a partir hablando es "Celia en el colegio", un libro escrito por Elena Fortun, el año 1932. Me gustó este libro, ya que consideré que era un libro de alta calidad, porque además de ser entretenido, enseña y muestra un contexto histórico importante (plena dictadura) y una fuerte presencia de la religión "Por hacer todo esto y otras muchas inconveniencias más, Celia ha entrado interna en un colegio de monjas que hay en un pueblo cerca de Madrid" "Ave María Purísima" (expresión de una de las monjas) "Usted está obligada a decir el Avemaría a la voz del Ángel" Este libro logra captar la atención de los lectores, ya que toca temas que son entretenidos y llamativos para la edad, como el tema de todas las locuras y travesuras que hace Celia durante y antes de su estadía en el internado de monjas. " me estuve quieta cerca de la escalera, porque tenía un poco de miedo, y dije: , para asustar a los duendes (...)" "¡Que juego más bonito! Machacamos ladrillos para hacer una cosa que se llama pimentón, y con yeso hicimos azucar."
Padres muy liberales, pero en cuanto la niña sale más imaginativa de la cuenta, la meten a un convento y que la eduquen las monjas.
Tenía un vaguísimo recuerdo de este libro -fuera de que Celia hace el trasto y trae a las monjas de cabeza, don Restituto y doña Merlucines, nombre que nunca he olvidado-, aunque creo que, en la secuencia de libros de Celia no era mi favorito, en el mundo o y sus amigos me gustaban más.
Teniendo en cuenta que es un libro de 1932 y que habla de lo que las niñas "no deben hacer/ser" el personaje de Celia es muy divertido. Ya lo disfruté de pequeña y, ahora, con un enfoque más adulto y un pensamiento crítico, me he muerto de la risa con sus ocurrencias. Celia no dejaba de ser todas nosotras en una sociedad en la que no nos podíamos rebelar.
Tal vez la parte más interesante de la obra sea el análisis de la vida religiosa y las ideas que las monjas intentaban meter con calzador en la mente de las niñas. Esto, a Celia, le crea constantes conflictos con la realidad, y muchas de sus malas acciones son provocadas por esta ideología católica tan llena de fantasía y normas por doquier. Por ejemplo, en su afán por llegar a ser santa, Celia se escapa con otra compañera de clase para que los moros las encuentren y les corten la cabeza: de esa forma llegarán a ser mártires.