Este libro es una preciosa ventana a la vida y espiritualidad de Madeleine Delbrêl, una mujer profundamente enraizada en el Evangelio, que supo descubrir a Dios en las calles, en el silencio, en la cercanía concreta con los más pobres.
La autora escribe con ternura, claridad y profundidad, sin idealizar ni empobrecer el misterio de esta “mística de la proximidad”. Cada página inspira a vivir una fe encarnada, alegre y abierta, que no huye del mundo sino que lo habita con compasión. Una lectura que deja huella y provoca ganas de vivir el Evangelio con los ojos abiertos. LEctura muy recomendable— AE