Me gusta mucho cómo escribe Lina Meruane. Su posición política. La admiro como escritora y feminista. En cuanto me enteré de que este libro se lanzaría en Chile agendé la fecha. No me lo iba a perder. Además, quiero escribir ensayos y estoy ávida de ver cómo lo ha hecho otra gente. Éste es un libro cortito y me lo zampé muy rápido. Lo subrayé un montón y lo llené de corazones por el margen. Eso sí, no me gustó cómo arranca, siento que reprocha demasiado a las mujeres que decidieron ser madres. No es mi estilo. Sé que la tesis es visibilizar la trampa cultural de la maternidad, pero eso, a través de arquetipos y de regaños individuales, no me parece que sea la forma. No comparto el tono agresivo. Entonces el capítulo con el que abre, que es rudo contra las mujeres-madres, y el que cierra, que es derechamente contra los hijos, me golpearon un poco. El último apartado, el de los niños tiranos, me molestó especialmente cuando valida los coscachos, las cachetadas, el autoritarismo contra niños y niñas. "Decir palmada o decir coscorrón o decir una tarde sin televisión o un rato mirando a la pared o ducha fría (por supuesto no estoy hablando de porrazos o quemaduras o tortura o de daño corporal)", escribe. Y yo pensé, chucha, si palmada o ducha fría no es daño corporal entonces qué. Vivimos en un mundo tan asquerosamente adultocentrista, que validar la autoridad de los adultos y trivializar la subjetividad de los cabros chicos me violenta mucho. Entonces esa parte me hizo doler el pecho un poco. Y dice: "todo eso que antes era práctica común del domicilio pertenece ahora al prontuario de la violencia doméstica". Pensé, hace un tiempo, así funcionaba también la violencia contra las mujeres. Se hablaba de "problemas de pareja", que no había que meterse, porque era asunto privado. Un logro del feminismo es que se entienda que los golpes de un marido a su esposa es problema público. Lo mismo pienso contra la violencia hacia los niños y niñas. Cómo los tratamos a ellos también es político. Hay mucho en el libro de sostener que el Estado se ha desentendido de los temas de las mujeres. Que las políticas públicas están hechas por y para hombres sin perspectiva de género. Estoy de acuerdo. Pero también pasa que ese Estado y esas políticas públicas son adultas. La niñez es otra forma de no ser humano. Comparto la libertad, dentro de margenes restringidos culturalmente, de elegir si ser o no madre, y no tener que pasar por el pajero escrutinio del resto. Está bien el libro para mostrar lo imbécil que es obligar a las mujeres a cargar con los hijos reales y los hijos posibles. Lo que más me gustó fue el segundo apartado, "revoluciones guillotinadas", que cuenta la historia de los primeros machos progres, esos de la revolución francesa, que después de inventar eso de la igualdad, la libertad y la fraternidad tuvieron que hacerse cargo de sus postulados, gracias al ahínco de las pioneras feministas, que reclamaron esa triada política también para ellas. Amé que contara esa historia, porque nos recuerda que gente como Salazar sufre ceguera histórica y tozudez al sostener que los temas de género son nuevos. También amé que nombrara tantas autoras y escritoras, porque siempre es placentero entrar a un libro y salir con ganas de leer cien. Está muy bien escrito, se lee rápido y está lleno de frases tuiteables: "las pensadoras eran revolucionarias", "de la igualdad mental a la legal a la cívica hay apenas un paso", "nosotras crecimos escuchando que la palabra hombre era inclusiva de toda la humanidad", "instándola a la simpatía constante, aun cuando para complacer sea necesario mentir", "vivir para servir a los hijos y complacer al marido contraveniéndose a sí misma", "entender el problema de las mujeres como parte de un sistema de explotación", "solidaridad de género contra el sistema de explotación, de alguna manera (...) trascender las diferencias de clase" y en fin, tantas otras, tan lúcidas, de tanta belleza y horror.