"En tiempo de revolución tened cuidado con la primera cabeza que cae, pues despierta el apetito del pueblo."
Qué más puedo agregar a mi reseña después de haber leído una novela tan contundente como esta de Víctor Hugo. Nunca había leído nada de él, y probablemente no lea nada más, pero este libro es realmente poderoso.
Publicado por el autor en 1829 en forma anónima y tres años después agregándole el prólogo, la "Comedia a propósito de una tragedia" y rubricándolo con su firma, generó una verdadera conmoción en Francia.
Su postura totalmente en contra de la pena de muerte es explicada desde el principio hasta el final sin dejar ningún resquicio a la duda o la sospecha.
El tema de la pena de muerte, tan controversial aún en nuestros días, ya que existen hoy países que la aplican, da la posibilidad al debate y la discusión, lo mismo que ha generado en los últimos años el tema del aborto.
Son cuestiones candentes, polémicas, difíciles y tarde o temprano deben ser puestas en el tapete para el análisis y el debate de todo el mundo.
En el caso de "El último día de un condenado", logro establecer conexión con otro, "El peregrino de las estrellas" de Jack London, aunque éste otro enfoca su crítica hacia el brutal y despiadado sistema de castigos carcelarios, mientras que el de Hugo también expone lo inhumano de la implementación de la guillotina; de hecho enumera tres casos de ejemplos verdaderamente escalofriantes en los que la decapitación salió mal, y la impresión que esto genera en el lector es, por un lado estar un contra de la pena máxima, pero por el otro se le plantean a uno posiciones enfrentadas y que se relacionan al hecho de que hoy en día las cárceles se encuentran abarrotadas de presos sin posibilidad de reinserción.
En esta novela, el narrador es anónimo. No sabemos quién es ni de qué se le acusa. Está a punto de dejar una madre, una esposa y una hija detrás. Solo estamos al tanto de que en los papeles que deja escrito va contándonos cómo a partir de los seis meses que le quedan de proceso, va avanzando hacia su últimas horas y son estos capítulos finales los que más shockean al lector.
En la primera parte todo es planteamiento político y psicológico. El tramo final es sólo desesperación. Y lo que más sorprende es el sarcasmo y sentido del humor que el condenado utiliza para describir su situación en distintos momentos.
Su narración me hizo recordar una vieja canción de Johnny Cash llamada "25 minutos to go", cantada por otro condenado en sus minutos finales de vida. Puede buscarse en google, porque sin querer, sintetiza todo lo que se cuenta en este libro.
Para finalizar, dejo algunas frases del libro, tomadas del prólogo, de la breve obra de teatro incluida en esta edición de Losada y de la novela en su tramo final.
Este es un libro para reflexionar seriamente.
"No debe 'castigar para vengarse', sino 'corregir para mejorar'. Transformad de este modo la fórmula de los criminalistas y la comprenderemos y apoyaremos."
"A los que lamentaban la ida de los dioses se les pudo decir: Queda Dios. A los que lamentan la de los reyes se les puede decir: Queda la patria. A los que lamenten la del verdugo no hay por qué decirles nada."
"Todos los sufrimientos físicos, todas las torturas morales que debe experimentar un hombre condenado a muerte el día de la ejecución: ¿No es eso atroz? ¿Comprenden, señores, que se haya encontrado un escritor para desarrollar esa idea y un público para ese escritor?"
"Comprenderán ustedes que un poeta que quiere suprimir la pena de muerte es odioso. ¡Si en el antiguo régimen se hubiera permitido publicar una novela contra la tortura! Pero desde la toma de la Bastilla se puede escribir todo. Los libros hacen un daño terrible."
"Ahora estoy preso. Mi cuerpo está encadenado dentro de un calabozo, mi mente está en prisión dentro de una idea. ¡Una idea horrible, sangrienta, implacable! No tengo más que un pensamiento, una convicción, una certidumbre: ¡condenado a muerte!"
"¿Será posible que estos infelices no hayan reflexionado nunca acerca de la lenta sucesión de torturas que encierra la expeditiva fórmula de una sentencia de muerte? ¿Acaso se han detenido jamás en esta poderosa idea: que hay en el hombre que suprimen una inteligencia, una inteligencia que había contado con la vida, un alma que no se había dispuesto para la muerte?"
"El sol, la primavera, los campos llenos de flores, los pájaros que se despiertan al amanecer, las nubes, los árboles, la naturaleza, la libertad, la vida, ¡nada de esto me pertenece ya!"
"Así, tras mi muerte, tres mujeres, sin hijo, sin marido, sin padre; tres huérfanas de distinta especie; tres viudas a causa de la ley."
"A mi alrededor, todo es prisión; veo la prisión bajo todas las formas, bajo la forma humana igual que bajo la forma de la puerta o del cerrojo. Esta pared es la prisión en piedra; esta puerta es la prisión en madera; estos carceleros son la prisión en carne y hueso. La prisión es una especie de ser horrible y entero, indivisible, mitad
hombre, mitad edificio."
"Dicen que no es nada, que uno no sufre, que es un fin dulce, que la muerte, de esta forma, se simplifica mucho. ¡Eh! Y ¿qué significa entonces esta agonía de seis meses y el estertor de un día entero? ¿Qué significan las angustias de este día irreparable, que corre tan lento y tan veloz? ¿Qué significa esta escalera de torturas que desemboca en un cadalso? Aparentemente, a eso no lo llaman sufrir."