Obra fronteriza, híbrida, a caballo entre el teatro y el cine, entre el drama y el guion cinematográfico, Campo francés es una novela para ser vista, que salta de las tablas a la pantalla, de la escritura a la representación, encadenando fotogramas de la memoria del horror. La forma misma del libro, próxima a la cinematográfica, exigía «una fácil y gran ilustración fotográfica»; por ello, incorporó la reproducción de fotografías de la prensa francesa de la época —L’Illustration, Match— y los sobrecogedores grabados de Josep Bartolí.
Max Aub Mohrenwitz was a Spanish experimentalist novelist, playwright and literary critic. In 1965 he founded the literary periodical Los Sesenta (the Sixties), with editors that included the poets Jorge Guillén and Rafael Alberti.
Cuarto tomo de "El laberinto mágico", la genial saga de Max Aub sobre la guerra civil. En este caso nos encontramos en Francia, en los campos de concentración de Vernet. Allí se encuentra Julio Hoffman, detenido por ser confundido con su hermano Juan Hoffman, brigadista internacional. A través de Julio y otros personajes conoceremos las malas condiciones de estas prisiones, algo que Max Aub conoció de primera mano. Abarrotadas las cárceles urbanas, los miles de ciudadanos que caen detenidos en las redadas son trasladados a las instalaciones deportivas de Roland Garros ( algo que desconocía y me dejó patidifuso). Alemania invadirá Francia y dará inicio al régimen de Vichy, de cruel recuerdo para muchos republicanos en el exilio. El libro es el más corto de la saga y está escrito en la forma de guión cinematográfico, cosa que a mi parecer le resta un poco y no es tan redondo como el resto de la saga. Aún así, los hechos narrados y el estilo de Aub subyacen en otra novela de una saga imprescindible.
"Campo francés" es de esas novelas duras, pero maravillosas, que escribía Max Aub, donde la esperanza no es ni siquiera un nombre de mujer.
Inspirada por su paso por campos de refugiados de Francia, tras la guerra civil española, Aub nos cuenta una historia en la que existe una línea muy fina, finísima, entre lo que es un campo de refugiados y un campo de concentración. De hecho a lo largo del libro vemos que esos campos que se crearon, en principio, para acoger a los exiliados de la guerra en España se convierten en cárceles donde acaban todo tipo de presidiarios e incluso aquellos a los que el sistema decide que hay que meter sin ninguna razón.
El protagonista de la historia, un inocentón Julio Hoffman, se considera apolítico y al margen de la realidad hasta que una burocracia kafkiana cae sobre él y ya no podrá librarse por mucho que su presencia en uno de esos campos no sea más que un error. Allí descubrirá a una variedad increíble de seres humanos, unidos por la sorpresa de estar allí encerrados de manera arbitraria.
Aub elige para este libro un estilo a medias entre la novela y el teatro, reforzada en esta bella edición (que sigue la original de Ruedo Ibérico) por un sinfín de recortes de prensa, fotografías y dibujos en los que vemos a todos los protagonistas de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, y también a los ciudadanos que sufren los conflictos. De ese modo, los diálogos que se establecen entre los diferentes personajes tienen un aspecto increíblemente cinematográfico, y en muchas ocasiones parecen escritos siguiendo el trávelin de una cámara de cine, que nos mete y nos saca de esos diálogos constantemente, con lo que sólo escuchamos pequeños fragmentos. Pedazos de una siniestra realidad que nos permiten entender a la perfección ese mundo cruel que son los campos de refugiados, tanto en los años treinta y cuarenta del siglo XX como en la actualidad, prácticamente cien años después.
Amarga y derrotista, sólo se puede definir así esta obra, no deja ningún residuo de esperanza, hay derrota tanto en los presos como en los carceleros, pero estos últimos encima son unos cabro... o como se diga. Está obra es bastante mejor que la anterior y la descripción de los campos de internamiento en Francia al comienzo de la IIGM, es deprimente, pero seguro que así fue, allí fueron a parar los exiliados nuestros y todos los demás extranjeros en Francia que podían ser enemigos, sin preguntas, sin derechos y sin vida. Por cierto, la forma en la que está escrita la obra la hace muy rápida, una mezcla entre teatro y guión cinematográfico, pero fácil de leer y sin problemas de comprensión. Ah, siempre las mujeres demuestran su valentía a la hora de defender lo suyo, un ejemplo para todos.
Honestamente, no sé que pensar del libro. Fue mucho más corto de lo que pensaba y resulta que «Campo francés» no es nada más que la continuación de una serie de libros. Tendré que meditar un poco más sobre ello. La historia e interacciones entre los personajes me mantuvieron interesado, pero fue un final bastante lúgubre. Bueno, era de esperarlo.
“JULIO. He vivido ciego. No, ciego no. Pero con una gran pared enfrente. Quizá porque he vivido siempre en la ciudad y uno está acostumbrado a ver pisos y pisos: piedras ahumadas y sucias. Y porteros y tranvías y cobradores de bancos. Y uno acaba creyendo que sólo hay pisos y tranvías y recibos y letras y cuentas. Y acaba uno por despreciar todo lo que no sea de piedra o que se toque o que se pueda tocar. A lo primero, aquí, os tenía poco más o menos por bandidos. Todo lo que no era mi vida me parecía falso; todos hipócritas, todos yendo a lo suyo, que nada que ver con lo mío. Poco a poco he visto que no. He aprendido que anda por el mundo algo que quiere impedir que me quiten lo que tenía.
UNA VOZ. ¿Qué tenías?
JULIO. No sé, el recibo de la luz, el limpiabarros de la escalera, el periódico de la noche; mi tienda..., mi mujer. Y he visto que los que me defendían no era la policía sino otros hombres perseguidos. Antes, la libertad me parecía una palabra más. Y ahora resulta que sé lo que es la libertad y que lo he aprendido donde no la hay. (…)”