”... the feeling that you’re not so much living your life as just trying to push through it won’t last forever. Someday you’ll be able to breathe”.
Si me conocen, saben que batallé muchísimo con el segundo libro de los hermanos Montague porque Felicity me cayó fatal y eso hizo que retrasara muchísimo la lectura de The Nobleman’s Guide to Scandal and Shipwrecks. ¡Y me arrepiento de haberlo pospuesto tanto! Vaya, esta historia de Adrian, el pequeño de los Montague, me encantó a niveles que no lo esperaba.
En este libro nos centramos en Adrian, quien ha crecido, tiene una prometida, ha superado poco a poco la muerte de su padre y, en sus momentos libres, escribe panfletos que luchan contra el canon bajo un pseudónimo. A punto de heredar la propiedad de su padre, Adrian camina en la cuerda floja por su “doble vida” y, sobre todo, porque sufre de un tipo de ansiedad social bastante incapacitante. Sin embargo, cuando su padre le entrega un artefacto que su madre le envió justo antes de morir en un naufragio, la vida de Adrian cambia y él decide que tiene que investigar sobre ese accidente, pues algo no le cuadra mucho. La cosa es que no se esperaba que, en medio de su búsqueda, se toparía con Monty y Felicity, personas que él ni siquiera sabía que eran sus hermanos, pues después de todo lo que sucedió en sus libros, su padre los borró de la herencia y pretendió que no existían.
La verdad es que, además de que amé con todo mi ser volver a encontrarme con Percy y Monty, verlos hacer el tondo juntos y quererse muchísimo, este libro de Adrian me sorprendió infinitamente porque nunca me había encontrado con un personaje que retratara de una forma tan fiel lo que es vivir con ansiedad, las espirales de pensamientos en las que se cae, los escenarios catastróficos que te imaginas ante la menor dificultad, etc. Leer todo el libro desde la cabeza de Adrian fue, a pesar de la diferencia de épocas, como estar leyendo cómo funciona mi cerebro el 80% del tiempo y… joder. A veces me daban muchas ganas de llorar porque, por idiota que suene, sentí que no estaba sola. En fin, que el trabajo que hizo Mackenzi Lee retratando lo que es un desorden de ansiedad generalizado fue impresionante. Creo que, por eso, podría decir que Adrian es uno de los personajes que más me ha gustado leer en toda mi vida lectora.
Pero, bueno, dejando eso de lado, en esta tercera entrega de la saga volvimos a las aventuras emocionantes, a los viajes a diferentes países, al descifrar pistas y misterios del pasado, a hacer tratos con personas de dudosa reputación y a poner a los pobres personajes en mucho peligro. ¡Y me encantó! Una vez que Adrian conoce a Monty y este último baja las defensas, los dos hacen un equipo divertidísimo de leer.
No puedo decirles mucho más sin spoilers, pero el final de este libro vale todo lo aburrida que es la historia de Felicity (sorry not sorry). Este final me dejó tan feliz y son una sonrisa tan idiota en la cara que podría releerlo mil veces. ¿Fue fan service? Definitivamente. Pero ¿es hermoso? Es hermoso y nos da todo lo que los que amamos a Percy y a Monty queríamos leer desde el primer libro.